La Navidad vitoriana, a toda mecha

Niños ayudan a volver a encender las candelas que se habían apagado durante la tarde. / Rafa Gutiérrez

La noche de las velas reúne a centenares de personas en la ‘almendra’, iluminada con 15.000 candelas para celebrar el preludio de las fiestas

JORGE BARBÓ

Es suficiente con prender una simple velita para que el apartamento más anodino consiga dar el pego hasta convertirse en un hogar. De esto saben mucho los daneses, que han exportado su ‘hygge’ por el mundo. Sí, ellos son los culpables que la tía Paqui, que hasta hace bien poco estaba abonada a los tapetes de ganchillo, ahora le haya dado por el cálido ‘cuquismo’ nórdico. Pues bien, pongamos que en lugar de encender una velita, lucen 15.000. Y, lo que es más importante, que en vez de una estancia anodina, el marco sea la ‘almendra’ vitoriana. ¿El resultado? Pues un escenario como de cuento de Navidad. Vitoria volvió a lucir este viernes una imagen de postal en la noche de las velas, que celebró su 18 edición arropada por los cientos de personas que, pese al mal tiempo, se volvieron a echar a la calle para disfrutar del íntimo y mágico espectáculo luminoso, en el que no faltaron la música, el teatro y el vino caliente.

La velada -nunca mejor dicho- se prendió ya a media tarde con una ‘discoteca infantil’ (sic) en la plaza de Santo Domingo. Poco después, el público pudo asistir a una de las habituales visitas guiadas por los rincones de la novela ‘El silencio de la ciudad blanca’, esta vez, envuelta con un halo extra de misterio, con las andanzas de Kraken alumbradas a la luz mortecina de las velas. Ya al final de la tarde, muy al tono con estos días, en la Catedral de Santa María resonó un concierto de villancicos, en el que los coros Badaya, Mairu y Dultzinea entonaron piezas del cancionero popular.

Contenido relacionado

Y los que se perdieron los villancicos, el concierto que ofreció la Banda Municipal en los Arquillos y ese pasacalles de hechuras pelín tétricas, al menos pudieron disfrutar de un paseo a la luz de las velas por el casco, de la Correría a la ‘Pinto’, de las escaleras de San Bartolomé a la Herrería, todas alumbradas con cientos de candelas, perfectamente alineadas por el suelo. «No sé si servirá para que los comercios vendan más hoy, pero la verdad es que esto está precioso», acertó a decir Mirari mientras trataba, con poco éxito, de que su perro Beltza mirara a la cámara del móvil. Como ella, y como las velas, muchas cuentas echaron humo ayer con el hastag ‘nochedelasvelas’. «¿Que cuántas fotos he hecho? Pufff ¿50?», admitía, con rubor, Laura Madariaga, al tiempo que hacía posar, por enésima vez, a su pequeño -y paciente- Ibai con una velita en las manos.

Entre tanto, en la plaza del Matxete hervían cazuelas llenas de vino caliente con canela para templar el espíritu navideño. Hasta del Mr. Scrooge más escéptico. «No soy nada fan de estas fiestas, pero hay que reconocer que este espectáculo, con toda la gente tan contenta, es muy especial», reconocía Teo. Será la magia de la Navidad, que a Vitoria llega siempre a toda mecha.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos