MIRAMIENTO ESCASO

MIRAMIENTO ESCASO
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Bienvenido sea el cese de una protesta impopular. Quizá justa desde la óptica reivindicativa de los agentes, aunque en absoluto para la población que han de proteger por la naturaleza misma de sus cometidos. Releo el comienzo de la columna y casi me invade el arrepentimiento. Lo digo por la tentación ciudadana de caer de nuevo en los vicios antiguos ahora que el policía local rehúsa desenfundar a la ligera el talonario de multas. Durante cuatro meses, y por el miedo al palo sin zanahoria, hemos acatado las normas de obligado, pero laxo, cumplimiento. Escritas estas meditaciones vuelvo a celebrar el fin de unas hostilidades entre las dos partes contratantes, que diría Groucho Marx, con perjuicio transitorio -diecisiete semanas, nada menos- para los residentes en Vitoria. Desde luego, esta huelga de celo excesivo y miramientos escasos ha alimentado cierta hostilidad de los administrados hacia quienes deben de velar por su seguridad.

Si aceptamos que todos los actos acarrean consecuencias, los componentes del cuerpo habrán de asumir cierto resquemor de los empadronados en este municipio, algo así como rasguños virtuales -que no de verdad, ojo- en la carrocería de sus coches patrulla. Desde finales de octubre hasta lo mismo de febrero, la gente común se ha sentido la diana errónea del conflicto policial con el Ayuntamiento. Podría valer, y que me perdonen (o no) los abolicionistas taurinos, la metáfora de las banderillas de castigo sobre el lomo ciudadano para fastidiar al empresario que regenta la plaza. A lo largo de estos cuatro meses dilatados han aparecido agentes locales en sitios de la geografía urbana donde apenas se les había avistado antes para sancionar los comportamientos ilícitos a los que aplican la vista gorda de los culos de vaso el resto del año. Ahí radica el peligro de que el personal de a pie, ciclista o motorizado les recrimine que dónde estaban antes de su pulso con la autoridad política o piense si a partir de ahora volverán a guardar parte de sus obligaciones en el desván de los preceptos archivados.

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