«Ha sido un milagro»

El barro, un árbol y la falta de pendiente frenaron el avance del autocar sin conductor en la rotonda de Jacinto Benavente con Florida. / Sergio Carracedo

El autocar descendió por una pendiente, cruzó al carril contrario, pasó bajo un puente y atravesó los dos carriles de la glorieta sin chocar con ningún vehículo ni dejar heridos

SARA LÓPEZ DE PARIZA y DAVID GONZÁLEZ

Nadie en Santa Lucía se explicaba ayer semejante episodio. El tema de conversación en el populoso barrio era, sin duda, el vuelo sin conductor de un autobús de línea, que recorrió «unos 300 metros» cuesta abajo por la calle Jacinto Benavente, muchos en sentido contrario, arrancó a su paso media docena de árboles, tres farolas y dos señales, y acabó varado en la rotonda que conecta con la calle Florida. Pese a ser las 11.30 horas del mediodía, nadie resultó herido. La fortuna quiso que en ese instante no pasara ningún otro automóvil ni peatón alguno.

Julián y Pedro, un par de jubilados del barrio, paseaban por la zona con el autobús siniestrado como tema central de su conversación. «Justo estábamos hablando de ello, no lo hemos visto cuando ha pasado pero los destrozos son evidentes. Ha habido suerte de que no ha pillado a nadie ni se ha chocado con ningún coche, al final todo se ha quedado en un susto. Ha sido un milagro», resumieron.

La secuencia

El aparcamiento
El chófer estaciona el autocar en la calle Jacinto Benavente, en sentido al barrio de Santa Lucía.
El siniestro
Sobre las 11.30 horas, el autobús comienza a moverse. Invade el sentido contrario y, tras derribar árboles, farolas y señales, golpea un vallado y llega a la rotonda. Un árbol, el barro y la falta de pendiente le frenan.
La causa
Fuentes de la Policía Local apuntan a un «fallo humano». Al parecer, el chófer no accionó, o no correctamente, el freno de mano.

El autocar, de la compañía La Unión y con poco más de un año de antigüedad, estaba estacionado en la parte alta de esta calle. Es costumbre entre los conductores de esta empresa aparcar en ese punto. Sin embargo, esta vez algo falló. El rastro de árboles, farolas y señales seccionados, los cristales de las luminarias o la valla abollada junto al puente que une Oreitiasolo con Santa Lucía representaban la prueba irrefutable.

En la confluencia de Jacinto Benavente con Florida, dos vecinas aseveraron a EL CORREO que «veníamos comentando que nos parece una cosa rarísima, ¿cómo se ha podido cambiar de carril y meterse hasta aquí? Es increíble, los autobuses siempre aparcan ahí arriba pero nunca había pasado algo así, es lo nunca visto». Pasaban unos minutos de las cinco de la tarde y las evidencias del siniestro seguían ahí. «Acabamos de ver todo el destrozo, la valla azul está abollada y todos los cristales de las farolas desperdigados por el suelo, ya los podían haber recogido», censuraron.

La pendiente y el barro

A los pocos minutos de su detención, las patrullas de la Policía Local tomaron este punto. Un árbol, el final de la pendiente y el barro de la glorieta habían frenado su avance descontrolado. Las puertas del vehículo pesado estaban cerradas. No había chófer dentro. «Cuando te encuentras un escenario así, suele deberse a que el conductor ha abandonado el lugar para evitar, por ejemplo, someterse a alguna prueba, pero no ha sido así esta vez», comparten fuentes policiales de la comisaría de Aguirrelanda. En esta ocasión, indicaron, se trató de un motivo totalmente distinto.

Al parecer, el chófer había aparcado el autocar en la zona alta de Jacinto Benavente, muy cerca de la calle Venta de la Estrella y de las naves industriales de Oreitiasolo. Abandonó el vehículo. Sin embargo, o no dejó puesto el freno de mano o no lo accionó de manera correcta. La empresa lo investigará. La Policía Local sólo maneja esa hipótesis, la del «fallo humano».

La pendiente y el enorme peso del vehículo, de más de 10 toneladas, hicieron el resto. Descendió primero por su lado de la calzada. Pero al avanzar en línea recta y hallarse en una vía con una curva hacia la izquierda, atravesó la mediana. Ahí cayeron los primeros árboles y farolas. Continuó su bajada sin nadie al volante hasta darse con el vallado azul junto al puente. Esto tampoco lo paró y continuó hasta pasar por debajo del puente, en sentido contrario, hasta poner fin a su trayectoria en la rotonda contigua. Más de 300 metros de recorrido descontrolado.

Colaboración del chófer

Un tránsito que pasó desapercibido para todos. Lo cuenta David Fernández, de la farmacia ubicada justo enfrente de la glorieta. «Estábamos atendiendo a los clientes y no nos hemos enterado de nada, no ha hecho ningún ruido», resaltó. «De repente nos hemos dado cuenta de que había un autobús metido dentro de la rotonda y hemos alucinado», se sinceró. Lógico.

A partir de ahí, las sirenas, los vehículos policiales, las hipótesis de todo tipo... «Menos mal que no se ha chocado con ningún coche que estuviera tomando la rotonda. Desde aquí no veíamos mucho, pero una vecina ha dicho que desde su ventana se veía todo el destrozo».

La compañía abre una investigación interna

La compañía La Unión ha abierto una investigación interna para intentar arrojar un poco de luz al incidente de ayer en la calle Jacinto Benavente. Una portavoz autorizada de la empresa de transporte explicó a este periódico que las primeras pesquisas apuntan «a un fallo humano», en referencia al chófer del autocar. Quedaría por aclarar si se olvidó de accionar el freno de mano o si lo manipuló aunque sin terminar de hacer todo el recorrido. Es decir, que no lo hizo de manera correcta. Desde la compañía manifestaron que el conductor se encontraba ayer «muy impresionado» por el incidente, saldado afortunadamente sin heridos.

Si se demuestra la responsabilidad del chófer, el Ayuntamiento probablemente cargue la factura de las reparaciones a la compañía de transporte para la que trabaja, que a su vez ha abierto una investigación interna para intentar esclarecer estos hechos, apuntaron fuentes municipales. En la comisaría de Aguirrelanda, donde nadie recuerda un incidente de similar calado en la capital alavesa, ya cuentan con el testimonio del conductor profesional, quien se presentó por propia voluntad a los uniformados desplegados en la rotonda de Jacinto Benavente con Florida en cuanto tuvo conocimiento del suceso. Una patrulla de atestados le tomó declaración. El hombre se manifestó «muy asustado» y preocupado por los desperfectos ocasionados por su autocar.

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