El mercado medieval cierra «con éxito» la edición más espectacular y animada

La empresa organizadora Rivendel cree que Vitoria ha hecho «marca propia» de la parada y que es un reclamo turístico que hay que cuidar

FRANCISCO GÓNGORA

Como vinieron se fueron. Los cómicos, las brujas, los danzantes, los juglares, los pícaros, los bufones, los guerreros, saltimbanquis, acróbatas, malabaristas, personajes fantásticos que durante tres días han dado a la almendra medieval un hálito de su esplendoroso pasado se han ido con la música a otra parte. Se ganan la vida, al fin y al cabo, como un gran circo ambulante, que hoy está aquí y mañana en Murcia.

«Estamos satisfechos porque se han cumplido las expectativas», resume Pablo Llorente, de la empresa Rivendel Mercados. «El buen tiempo durante los tres días ha sido fundamental para el éxito, algo que no siempre tenemos garantizado. Incluso ha habido momentos en que ha hecho demasiado calor como el domingo al mediodía».

Llorente cree que una oferta con 35 compañías dando todo tipo de espectáculo en la calle y en las plazas «han hecho que esta edición sea muy animada. La gente nos lo ha dicho. Se ha sorprendido de la cantidad y la calidad del teatro de calle, de los personajes y las propuestas de circo y torneos, diferentes a la de otros años», señala.

El doble de elementos

Las cifras son elocuentes. 138 pases de espectáculos fijos, 217 de itinerantes, 39 elementos con actividades de talleres y juegos. Solo en el el rincón infantil se han dado 59 pases de espectáculos. 50 puestos de talleres y oficios , además de los 320 de venta. También han sido importantes las distintas exposiciones de ciencia antigua, monedas, espadas, instrumentos musicales, los rincones infantiles desde el retablo para títeres hasta la noria. Por vez primera se ha colocado una decoración estática, un arco clásico y un total de 8.180 elementos (pendones, banderas, escudos), el doble que el año pasado.

Una oferta que en un decorado cinematográfico real muy pocas ciudades pueden superar en España. Vitoria es el mercado de este tipo más atractivo de Euskadi. «Yo creo que tiene una marca propia y es un interesante reclamo turístico que la ciudad debe cuidar. Si queremos que esto continúe y el público respalde con su presencia masiva un evento de esta categoría no se puede bajar el listón de la calidad. Cada año la gente exige más se requiere un mayor esfuerzo», insiste Llorente.

Uno de los puntos fuertes ha sido la elección de la Burullería -también conocida como plaza del Tuerto- como escenario de los torneos de caballeros y las puestas en escena del grupo bárbaro cirquense Nomaduk, una gran propuesta. «Fue el Ayuntamiento el que puso en las bases del concurso que quería dinamizar ese lugar y ha acertado, aunque Vitoria tiene muchos rincones apropiados.

Precisamente, la puesta a punto del mercado, su organización, conlleva unos gastos de unos 100.000 euros que son pagados en su totalidad por la empresa Rivadel. También aportará un canon de 11.000 euros. «El municipio ha costeado los 5.000 euros de la luz, el diseño de los folletos y el plan de seguridad de los bomberos. Lo que yo no puedo asegurar es que cada vendedor ha salido bien parado. Por lo que hemos podido recoger en unos y otros ha habido mucho movimiento, pero eso es cosa de cada uno», agrega Rivadel.

Las tres culturas

Vitoria tuvo una de las grandes comunidades judías de la Península y prueba de ello es el cementerio hebreo de Judimendi, además de una de las calles del Casco Viejo. En este mercado se ha podido ver por vez primera la celebración de una ceremonia del Shabbat, una especie de eucaristía en el que se comparte el pan y el vino. También se ha visto a un danzante árabe con un baile espectacular. Aunque el nombre no ha calado en Vitoria es uno de los conceptos que utiliza Rivendel, el mercado de las tres culturas. «Con todo lo que ocurre en el mundo, a través de un evento como este unimos tres mundos que ahora están enfrentados pero que durante mucho tiempo convivieron en la penúnsula Ibérica. A nosotros nos gusta destacar este aspecto y ofrecer cosas singulares de cada una de las culturas. Es un mensaje positivo. Los mercados sirven para unir a la gente», resalta Pablo Llorente.

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