El 3 de marzo tiene rostro de mujer

La portavoz de EH Bildu en el Ayuntamiento de Vitoria llama a recordar, cuando se cumplen 42 años de la masacre, a las «mujeres que participaron e hicieron posible» la lucha obrera

Rodaje de la película 'Vitoria, 3 de Marzo' en el Casco Medieval de Vitoria./Igor Aizpuru
Rodaje de la película 'Vitoria, 3 de Marzo' en el Casco Medieval de Vitoria. / Igor Aizpuru
MIREN LARRION

Nos ha costado 42 años de dolor y despedida, 42 años de orgullo por la lucha obrera, 42 conmemoraciones del 3 de marzo, para darnos cuenta de que a la foto que tenemos de aquella masacre le faltaba profundidad. Es el camino que hemos recorrido para mirar la instantánea en su conjunto y ver los claroscuros, las texturas y las ausencias. Me recuerda a la frase que decía Einstein. ¿Qué sabe el pez del agua, donde nada toda su vida?

Como ese pez, esta sociedad da por hechas la mayor parte de las tareas que la sostienen, que la cuidan, las que son estructurales para que pueda haber un mañana. Las da por hechas, las invisibiliza y también, como dice otra frase, lo olvidado, ni agradecido ni pagado. El agua del mundo marino es, en esta sociedad, el papel que hemos asumido las mujeres a lo largo de la historia.

Este aniversario del 3 de marzo vamos a recordar a Pedro María Martínez Ocio, trabajador de 27 años; Francisco Aznar Clemente, estudiante y trabajador de 17 años; Romualdo Barroso Chaparro, trabajador de 19 años, José Castillo, trabajador de 32 años, y Bienvenido Pereda, trabajador de 32 años. No nos vamos a olvidar de los 60 heridos de gravedad. Y vamos a homenajear a todas las mujeres que participaron e hicieron posible el 3 de marzo de 1976.

Mujeres trabajadoras y líderes de la lucha obrera, las que participaban en las asambleas y huelgas, las que exigían la equiparación salarial porque cobraban mucho menos que los hombres a pesar de realizar las mismas tareas.

Mujeres e hijas de los obreros, ejemplos de dignidad y solidaridad, que se organizaron para realizar iniciativas para visibilizar la situación que estaban sufriendo las familias. Entre ellas imposible de olvidar la ‘marcha de las bolsas vacías’ que realizaban por los mercados y por las calles de la ciudad, recolectando dinero para las cajas de resistencia y denunciando la falta de ingresos, las necesidades que padecían esta familias obreras como consecuencia de la huelga.

Los estómagos algo vacíos, hacían que tuvieran la cabeza aún más alta. Orgullosas de la unión, de la reivindicación, de la pelea por un futuro mejor para todos. Pelea para subir aquellos jornales que no conseguían estirar hasta fin de mes, para que se incrementaran acorde al nivel de vida y a los pingües beneficios que obtenían los patronos del trabajo realizado.

Casi cada familia de la ciudad tiene una historia para contar sobre alguna de esas mujeres, la que abrió la puerta de la casa a desconocidos para que no fueran golpeados y detenidos por la policía, la que llevaba a la vecina de al lado parte de las alubias que le habían mandado del pueblo o la que inspiraba con su discurso al resto para seguir en aquella pelea.

Tampoco es casualidad que esto ocurra ahora. Si en 1976 venían de la crisis económica de 1973, a día de hoy, en 2018, la situación de la clase obrera tiene paralelismos. El neoliberalismo ha creado una nueva clase, «el precariado», personas que pese a tener empleo, éste no les permite llegar a fin de mes. Realizan el mismo trabajo que compañeros que cobran más. Su inestabilidad laboral es evidente y están sometidos a un chantaje permanente porque cualquier protesta puede conllevar su inmediato despido.

Tenemos a los pensionistas protestando en las calles. Las mismas que pelearon por el 3 de marzo pelean ahora contra el desmantelamiento de las pensiones, con esos gobiernos que vacían la caja de las pensiones, que se lo quitan a los que trabajaron durante tantos años para dárselo a los que más tienen, a amiguetes. Y esas pensionistas pelean por todas nosotras, pelean para que tengamos un futuro, pelean para impedir el desmantelamiento de lo público que abrazan todos los gobiernos de derechas.

La pelea desde abajo y por la izquierda ha sido el motivo de que Vitoria-Gasteiz sea tan rica en expresiones populares. No es en esta ciudad donde se hacen las manifestaciones más numerosas, pero es donde tenemos el movimiento popular más nutrido y plural. El Gaztetxe, Errekaleor Bizirik, los movimientos en defensa de Ama Lurra que pararon Garoña y la amenaza del fracking... un movimiento, Gora Gasteiz, que consiguió influir directamente en decisiones políticas. Una ciudad que recibe la Korrika como pocas.

Y por último no podemos olvidar que la lucha de las mujeres fue la semilla de la posterior Asamblea de Mujeres de Gasteiz, que peleó por el derecho al aborto y tantos derechos más. Y aquella semilla germinó aún más en otros tantos movimientos feministas, que nos interpelan y nos hacen plantearnos que somos peces que viven en el agua, ponen nombre a la invisibilidad, al patriarcado, a la explotación capitalista y empoderan a las mujeres para avanzar. Para construir una sociedad más justa.

Fueron, somos y serán. El 3 de marzo tiene rostro de mujer.

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