De Mártioda a la libertad

Dos trabajadores del centro de recuperación de Mártioda realizan pruebas de control a un águila./Jesús Andrade
Dos trabajadores del centro de recuperación de Mártioda realizan pruebas de control a un águila. / Jesús Andrade

El 'hospital animal' trató a 800 ejemplares el año pasado, cien más que el anterior

María José Pérez
MARÍA JOSÉ PÉREZ

El primer vuelo resulta para un polluelo todo un reto. No importa que su madre aún esté cerca, debe hacerlo solo. Aunque por naturaleza está preparado para 'independizarse' pronto, en muchas ocasiones encuentra obstáculos que no puede superar, como quedar atrapado en zonas de las que no sabe salir para volver al nido. Entonces surgen los problemas, unas veces en forma de desnutrición, otras de lesión al chocar con cualquier elemento o engancharse en alguna planta, que también conlleva la falta de alimentación. El polluelo tiene suerte si alguien lo encuentra a tiempo y da la voz de alarma. Su destino será el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de la Diputación alavesa, en Mártioda, y entonces, sus posibilidades de recuperación serán notables.

El caso de ese polluelo imaginario es uno de los que habitualmente atienden en Mártioda. «Las caídas de los nidos y los problemas en esos primeros paseíllos están entre las principales causas de los ingresos que registramos», explica Laura Elorza, bióloga en el centro que desde su puesta en marcha en 1975 ha atendido a más de 13.200 animales. Si en 2016 cuidó a más de 700, el año pasado superó los 800. La tendencia al alza se mantiene. «Lo achacamos a que cada vez hay una mayor concienciación de la gente y a la labor divulgativa que realizamos desde el centro».

Las heridas causadas por otros animales no son, sin embargo, uno de los motivos habituales en los casos de ingreso, pero sí las ocasionadas por factores humanos como «disparos sobre fauna no cinegética o atropellos en carreteras». En ellas, muchos pequeños mamíferos no sobreviven «o nos llegan en un estado en el que ya no se puede hacer nada con ellos», comenta Elorza.

En su contexto

800.
La cifra de ingresos en el centro de recuperación de Mártioda superó por primera vez en 2017 los ocho centenares. La tendencia al alza se mantiene en los últimos años debido a la mayor concienciación ciudadana y a la labor divulgativa del centro.
Causa de los ingresos.
La mayor parte de los animales que llegan a Mártioda son polluelos que sufren caída de los nidos. En el caso de los mamíferos, más de la mitad de los animales presenta heridas causadas por factores humanos.
Especies poco habituales.
Un camaleón ibérico llegó a Mártioda en 2016. No es continuo, pero sí cada vez más habitual que en el centro tengan que ocuparse de reptiles, como éste o como la salamanquesa común. Suelen llegar en palés de mercancías y ya recuperados son enviados a sus zonas de origen.
Trabajo con el Seprona.
32 aves incautadas en Ribabellosa por el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil en una operación nacional ingresaron este año después de que un técnico de Mártioda acudiera al registro para su identificación. Algunas murieron debido al mal estado de salud con el que llegaron, aunque la mayoría pudieron ser liberadas.

Aunque entre los pacientes de Mártioda puede hablarse de un predominio de las aves, hay otros muchos animales. Los más habituales tejones, corzos, ciervos o erizos. Entre estos últimos se producen bastantes atropellos «y nos llegan muchos cachorros que han quedado huérfanos». En Mártioda son cuidados hasta que alcanzan la madurez necesaria para volver a su hábitat en la naturaleza.

Evitar que se domestiquen

Cuando crían a pequeños mamíferos, incluso a biberón, en el centro de rehabilitación se encuentran con una dificultad añadida, evitar que se domestiquen. En ese empeño, un tejón que llegó procedente de Gorliz (Bizkaia) fue criado «junto a otro que ingresó aquí» para que, al compartir espacio, fuera más fácil que tuvieran «un comportamiento propio de su especie».

Las labores del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre no se quedan sólo en los aspectos de atención. Por ejemplo, el año pasado detectaron trece aves muertas bajo un tendido eléctrico, en la zona de Gardelegi. «Tras hacer un seguimiento hablamos con el Ayuntamiento de Vitoria y corrigieron el tendido», relata Elorza, que considera que anular el impacto para la avifauna en ese área fue «un logro de todos».

Comunitario es también el proyecto Life Bonelli, financiado por la UE y en el que participa la Diputación foral. A través de este programa ingresó aquí 'Iber', el águila bonelli que aún permanece en la instalación y que en breve será devuelta a la libertad, a la naturaleza.

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