Mago Sun: «Cada vez es más difícil sorprender al público y para mí es un reto»

El Mago Sun, ‘encadenado’ en la calle San Prudencio./Jesús Andrade
El Mago Sun, ‘encadenado’ en la calle San Prudencio. / Jesús Andrade

El espectáculo más arriesgado del ilusionista vitoriano Iñaki Ruiz de Galarreta llega este fin de semana al Teatro Principal

RAMÓN ALBERTUS

Fue en el Principal cuando vio por primera vez a un mago. Solo tenía 9 años. A partir de ahí érase un niño pegado a un juego de cartas y unas cuerdas: el Mago Iñaki. «La primera vez que vi a un mago fue aquí –dice con la vista puesta en los alrededores del teatro de San Prudencio–. Me encantó y me aficioné». Después hizo un cursillo de magia y vieron que tenía «habilidad para esto». A los 14 años hizo trucos y puso la gorrilla en el paseo de la Concha de San Sebastián. En 2011 ganó el Premio Nacional de Magia, apareció en el programa ‘Insuperables’ de TVE y llevó su espectáculo a la Gran Vía.

Dicen que nadie es profeta en su tierra. «Un amigo mío me dijo que tendría que tener un espectáculo en Madrid y primero triunfar fuera para volver», cuenta Iñaki Ruiz de Galarreta, uno de los ilusionistas más conocidos de España. «Tenía razón». Este fin de semana (16 y 17 de diciembre) vuelve al Teatro Principal, como Mago Sun, con el ‘Spectacular Magic’ donde se mezcla la magia poética, visual, extrema y la prestidigitación. También ha sido el primer mago que se ha metido en la piel de Houdini como actor en una serie (‘El club Houdini’, de Disney Channel).

– ¿En qué colegio estudió?

– En el colegio Nazaret.

– ¿Allí tuvo a los primeros espectadores?

– Sí, fueron mis primeros públicos. También reunía a todos mis amigos y les enseñaba mis sesiones de magia con unos 11 años con las cajas de Magia Borrax. Tenía siempre todo preparado y mi ilusión era mostrarles cada mes mis nuevos números. Lo más bonito era ilusionar a la gente y crear ese misterio.

– ¿Es molesto ese espectador que va a verle y quiere pillar sus trucos?

– Siempre hay dos tipos de público. Los que vienen a disfrutar de la magia y los que vienen como dices, a buscar el secreto. Yo a los primeros siempre antes de empezar les doy la bienvenida y a los segundos les deseo mucha suerte. Para mí lo más importante es que el público se olvide de que hay trampa, disfrute y sueñe conmigo.

– ¿Se estudia para ser mago?

– La magia requiere mucho ensayo. A mí me gusta llegar siempre a la perfección y aparte de lo que es la ejecución hay que cuidar también la presentación, la puesta en escena, la música que acompaña a los efectos. Para mí es un arte completo. Me gusta por tener que renovarme cada cierto tiempo. Cada vez es más difícil sorprender al público y para el mago es un reto. Y esa búsqueda de la originalidad hay que cuidarla.

– ¿Qué se encontrará el público en este ‘Spectacular magic’?

– Un espectáculo que es un resumen de mi vida. Lo que pretendo es que la gente se sorprenda porque es una selección de mis mejores números durante estos 20 años. También quiero que se diviertan y se incluye el descubrimiento de los grandes maestros. Hago homenajes a Houdini y magos no tan conocidos como Harry Blackstone. Incluso he viajado a Las Vegas para conocer la magia que hacen allí y conocí a Copperfield.

– ¿Copperfield le dio algún consejo?

– En el espectáculo cuento que después de ver su ‘show’ me enseñó un efecto y lo comparto con todo el público. Se llama ‘Las espadas de la muerte’. Pero a pesar de ese nombre hay que decir que el espectáculo es para todos los públicos (risas).

– «Estuve al límite... al límite...» ha dicho sobre el número final donde se encierra en un tanque con 500 litros de agua. ¿Cuántas veces un número se ha convertido en una trampa?

– Ese escapismo del final en tres ocasiones no ha salido como esperaba. En dos ocasiones no lo pude realizar y en otra casi me quedo encerrado dentro.

– ¿Ha acabado alguna vez en el hospital?

– Recuerdo un escapismo, colgado a diez metros de altura, en el Buesa Arena. Lo pasé muy mal y llegué a desmayarme. Era estar colgado boca abajo con una cuerda ardiendo e intentando escapar de una camisa de fuerza. Lo bonito de eso es que la gente sabe que alguna vez puede fallar. Y eso le da emoción.

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