El lobo y los cerdos

ÁNGEL RESA

Todo lo que incremente la seguridad de las mujeres que vuelven a casa durante la madrugada después de ejercer su derecho inalienable a salir de noche se merece una vuelta neuronal. O más, desde luego. Así que no sobra, por supuesto, un estudio que incluye la opción de establecer paradas intermedias sobre el actual trazado de las distintas líneas del gautxori que transportan a la gente joven, de vuelta al nido y una vez terminada la marcha, bajo el manto oscuro de la noche. Otro asunto es, en el caso de así decidirlo, dónde resultaría mejor fijar las nuevas metas volantes de acuerdo con el sentido común, la peligrosidad de ciertos tramos y las posibilidades logísticas de demorar las frecuencias de paso de los urbanos por el mayor número de interrupciones.

En casos tan relevantes como el de la protección creo que debe de primar la rentabilidad social sobre el criterio puramente económico de los recursos colectivos. Escrito ello desde una perspectiva humana y tratando de calzar los temerosos zapatos maternales y paternos de chicas adolescentes, jóvenes y ya no tanto. Claro que las solicitudes de paradas a lo largo del trayecto tampoco cabe imaginarlas a demanda porque vislumbro al gremio del taxi, compuesto por profesionales autónomos que desarrollan un servicio público en régimen de concesión administrativa, encendiendo y con motivo la luz roja del desacuerdo. En fin, que vale la dicha meditar sobre el tema si potencia la calma en el retorno al hogar de esta Vitoria ‘green’ que, cuando todos los gatos se vuelven pardos, vira a verde oscura.

Dentro de las cabezas del personal, al menos del predominante con buena voluntad, habita una idea mejor. Que no hubiese necesidad alguna de establecer tantos cálculos preventivos ante el miedo por la sencilla falta de individuos bestiales pese a su caminar erguido. Esa sería la solución definitiva y no el parche, tal vez conveniente, del que hablamos. Pero esa ficción vive en las páginas de los cuentos infantiles, y hasta en ellos, aparecen el lobo y hasta los cerdos.

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