Marian Olabarrieta: «Han llegado más menores, pero todo el que viene es atendido e integrado»

Marian Olabarrieta se estrenó como diputada en diciembre de 2016 tras casi treinta años como técnico de discapacidad. / BLANCA CASTILLO
Marian Olabarrieta se estrenó como diputada en diciembre de 2016 tras casi treinta años como técnico de discapacidad. / BLANCA CASTILLO

La diputada foral de Servicios Sociales defiende el «esfuerzo» de los centros forales, pero advierte de que su trabajo «no nos asegura al 100%» que algunos chavales no cometan fuera delitos

MARÍA REGO VITORIA.

Casi tres décadas trabajó Marian Olabarrieta (Llodio, 1966) como técnico de discapacidad en la institución foral. Hasta que en diciembre de 2016, apenas un mes después de que saliera a la luz la presunta trama de prostitución de menores bajo tutela de la Diputación, relevara a quien se encontraba al frente del área de Servicios Sociales cuando estalló el caso. «Los trabajadores del departamento y de Sansoheta hicieron lo que tenían que hacer», sostiene desde la férrea defensa que el Ejecutivo alavés ha hecho en todo momento de la gestión de lo ocurrido.

- ¿La Diputación actuó de forma correcta? ¿Podía haber hecho algo antes?

- Los protocolos funcionaron y los trabajadores del departamento y de Sansoheta (el centro de menores) hicieron lo que tenían que hacer. Su trabajo es reconocido y reconocible.

- Pero hubo chavales que cayeron en esta presunta trama.

- Estamos en un mundo en el que los menores son víctimas de gente sin escrúpulos y en quien hay que poner el foco es en las personas mayores que se aprovecharon de ellos.

- ¿Qué medidas tomaron?

- Principalmente lo que se hizo es revisar los protocolos y comprobar que lo que se hizo, se hizo bien.

- ¿Y se mejoraron?

- Sí, aun así, seguimos renovando los protocolos, porque siempre se pueden mejorar pero los que tenemos, los cumplimos. Ésa es una de las razones por las que se pudo sacar este caso a la luz, porque funcionaron y en cuanto tuvimos noticia de lo que ocurría lo comunicamos.

- ¿Qué papel se ejerce con los menores bajo su responsabilidad?

-Nuestro objetivo es protegerles e intentar que, como logramos en la mayoría de los casos, se reintegren en sus familias o en la sociedad. Por eso seguimos buscando recursos para que se encuentren de la mejor forma posible dentro de su entorno. Los centros de día nos están funcionando muy bien, hay unos cuantos menores que iban a ellos y han podido volver a sus familias sin tener que pasar por un centro de acogida.

- Sobre Bideberria, el centro foral que acoge a menores extranjeros no acompañados, habló de «sobreocupación». ¿En cifras?

- En el centro hay 40 para 30 plazas, pero la calidad de la atención es adecuada. Y menor que llega, menor que es atendido e integrado en la dinámica. Además, hemos aumentado en diez los trabajadores, hay que reconocer su esfuerzo.

- ¿Sobreocupación no es otra forma de decir saturación?

- No, para nada. El hecho de tener que hacer turnos a la hora de la comida o tener ocho o nueve menores más que plazas no es saturación. Están muy bien atendidos y así lo confirmó el Ararteko hace poco en una inspección.

«No hay mafias»

- ¿Existe un 'efecto llamada'?

- El PP nos critica por cómo atendemos porque puede generar un 'efecto llamada' y, en cambio, desde EH Bildu y los sindicatos nos dicen que hay una falta de atención y saturación que provoca que no vengan más. La atención aquí se mantiene en un nivel muy adecuado.

- ¿Pero es verdad que hay autobuses que trasladan a 'menas' a Álava desde otras provincias?

- No nos consta, ni que haya mafias o algo organizado para que nos lleguen más menores.

- Bizkaia abrió siete nuevos centros para este perfil en 2017 ante lo que consideran una «avalancha» de llegadas con cerca de 500 en un año. ¿Va Álava a seguir sus pasos?

- En principio, no lo contemplamos. Aquí han llegado más menores, pero no en la proporción que a Bizkaia.

- ¿La cadena de episodios violentos sucedidos en Bilbao advierte de un incremento de la delincuencia entre adolescentes?

- Lo ocurrido es grave, pero hay que considerarlo un hecho esporádico.

- Uno de los chicos implicados en el doble crimen de Otxarkoaga se había fugado varias veces de un centro de menores. ¿Han fallado las instituciones?

- Nuestra Ley de Servicios Sociales, junto a los protocolos y las maneras de actuar en los tres territorios, permite dar una atención adecuada a los menores, pero no nos asegura al 100% que algunos no vayan a cometer determinadas conductas.

- Su labor es impedirlo.

- Los menores que vienen a nuestros centros vienen por algo, como un bajo control de los impulsos, contacto con los consumos... Pero las instituciones no podemos ni juzgar, ni cerrar las puertas de nuestros centros, ni utilizar la fuerza para evitar que salgan y cometan actos que puedan considerarse delictivos.

- ¿El internamiento en centros como el de Zumarraga debe plantearse como la última solución?

- Es una decisión del juez, pero yo creo que los programas que se hacen allí no son de castigo sino de atención para poder reintegrarles en la sociedad.

- ¿En los recursos alaveses han percibido una mayor violencia por parte de los chavales?

- No hay un repunte, ni creo que podamos hablar de que ha aumentado la delincuencia entre los menores a los que atendemos.

- ¿Cómo se resuelve la situación generada en Asteguieta por la futura llegada de los Pichis?

- Apelo al diálogo entre todos. Las instituciones están implicadas y buscando soluciones.

- La impresión que dan Ayuntamiento de Vitoria y Gobierno vasco, sin embargo, es que se pasan la pelota en este asunto.

- Están haciendo esfuerzos por llegar a ese acuerdo pero hay muchas cosas que se deben tener en cuenta y situaciones que no permiten por ahora alcanzar ese acuerdo final.

- ¿Qué hay de la Vitoria solidaria en este caso? ¿Algunas declaraciones o actuaciones no rozan el racismo?

- Tanto Álava como Vitoria y Euskadi son solidarias. El sistema de RGI es un ejemplo y el Tercer Sector ha sido siempre un importante movimiento en el territorio. Es un problema que en este asunto no se haya podido llegar ya a un acuerdo, pero estamos todos condenados a entendernos.

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