«Aún tenemos llamadas anónimas que nos culpan de las muertes de los caballos», dicen desde el club hípico Okendo

Jesús García, del club Okendo, uno de los perjudicados del caso de la hípica Cobar. /Sandra Espinosa
Jesús García, del club Okendo, uno de los perjudicados del caso de la hípica Cobar. / Sandra Espinosa

Esta entidad deportiva sufre acoso desde hace años al ser confundida con la escuela donde aparecieron los cadáveres de 17 animales, a cuyos dueños se juzga hoy en Vitoria

David González
DAVID GONZÁLEZ

Llevan tres años aguardando este momento. Hoy, a partir de las 9.30 horas, arrancará el juicio contra los presuntos responsables de las muertes de dieciesiete caballos y del abandono de otro medio centenar de animales en las instalaciones de la ya extinta escuela hípica Cobar, en Okondo, y en dos fincas anexas al otro lado de la muga, en Güeñes y en Gordexola.

En noviembre de 2014 se produjo aquel macabro descubrimiento, una de las mayores atrocidades contra animales documentadas en el País Vasco. La noticia, de hecho, tuvo repercusión nacional. Y Jesús García es una de las víctimas colaterales de aquella salvajada. Dirige el club hípico Okendo, situado en el mismo municipio que Cobar, clausurado por razones obvias.

Cada vez que este gravísimo caso de maltrato animal recobra notoriedad, como esta semana por la celebración del juicio, el teléfono de su club echa humo. «Nos hemos visto salpicados de manera desagradable por este asunto. Recibimos llamadas anónimas, insultos de todo tipo, desprecios del mundo del caballo», comparte apenado.

«Tenemos una página web donde viene toda nuestra información y, claro, esta gente (en referencia a Cobar) no tiene nada en su web. Así que las personas que indagan por internet sólo encuentran nuestra página. En su día ya aclaré este tema, pero al salir esta noticia se vuelven a presentar fantasmas del pasado», describe. Un ejemplo. «El otro día me dijeron: 'Cómo os pasáis'». Es el problema de coincidir dos negocios tan particulares en un municipio de apenas mil habitantes. Se trata de un caso único en la provincia.

Hay más condicionantes curiosos. Se da la circunstancia de que García llevó en su día Cobar. Mucho antes de que los cuatro procesados -había un quinto pero falleció en agosto- llegaran a este bonito enclave del Valle de Ayala. «Estuve de alquiler un montón de años. Me fui hace siete al terreno en que estamos ahora, que es de nuestra propiedad. En nuestra web todavía puede verse alguna foto de cuando estábamos allí», apostilla. «Me estoy planteando quitarlas». Lógico.

Es consciente de que hasta que no finalice el juicio, que se alargará hasta el viernes, habrá más malos tragos. «Nos han dicho de todo. Se suele repetir aquello de '¿Cómo tienes el valor de dejarles morir de hambre?'. Otro habitual es el '¿Cómo les haces eso?'», cuenta. «Con algunos intentas dialogar y explicarles que nada tenemos que ver con esa gente». Eso con los más sosegados. «A otros les cuelgas directamente», reconoce con sinceridad. En estos tres años de espera también ha perdido algunos clientes.

Fiscalía les pide tres años

«Aquí contamos con 42 caballos y te invito a venir cuando quieras para comprobar cómo les cuidamos», se defiende. Y es que García y su equipo quieren volver a centrarse en sus animales. En los concursos de doma y de saltos. «Tenemos gente muy buena aquí. Por eso somos los primeros que queremos que esto se aclare cuanto antes y que se olvide».

¿Mantuvo alguna relación con los ahora encausados? «Vinieron al principio a presentarse. No hubo ningún trato más. Luego vi cómo iba el 'tema' y me desconecté bastante, no quería saber nada de ellos», subraya. Luego llegó la denuncia de una protectora de animales vizcaína, la entrada de la Ertzaintza en las tres explotaciones vecinas, los animales muertos y desnutridos, los flashes y el acoso telefónico de los malinformados al hombre equivocado.

A partir de hoy, los que fueran responsables de Cobar se enfrentan a una petición fiscal de tres años de cárcel. Están acusados de dejar morir a 17 caballos y de abandonar en condiciones deplorables a otro medio centenar de equinos, burros, perros, cerdos vietnamitas, patos y hasta una gallina.

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