Un laberinto para el espectador del Artium

Una parte de la instalación, donde se combinan las proyecciones, los espejos y ventanales con el espacio sonoro que crean unos pasos en movimiento./Rafa Gutiérrez
Una parte de la instalación, donde se combinan las proyecciones, los espejos y ventanales con el espacio sonoro que crean unos pasos en movimiento. / Rafa Gutiérrez

Olga Mesa y Francisco Ruiz de Infante crean una gran instalación donde el visitante forma parte de la propuesta

NATXO ARTUNDO

«Esperamos que el espectador se atreva y entre para ser protagonista de esta historia». La coreógrafa y artista visual Olga Mesa y el creador multimedia Francisco Ruiz de Infante han tomado la Sala Norte del Artium y la han transformado en un laberinto. Allí, múltiples elementos y estímulos responden a la presencia del visitante, que dispara sensores, y cuya sombra o imagen reflejada varían la escenografía planteada en esta gran instalación. «Hay que detenerse a escuchar, estar atento y no perderse en el camino», comentaba la diputada de Cultura, Igone Martínez de Luna. Y agregaba que «el visitante interfiere con lo que está viendo y provoca nuevas situaciones».

Pero ¿en qué consiste? Pues puede ser muchas cosas, casi como los numerosos objetos y dispositivos que conforman el recorrido, que puede abordarse de diversas maneras. Y resulta casi obligado, ya que la zona ‘Crash Test’, que es la más alejada del acceso, no tiene continuación, lo que obliga a retroceder y aporta la opción de descubrir más en la ruta ya realizada.

Daniel Castillejo explicaba que ‘Carmen // Shakespeare: Presagios del deseo’ «es un diálogo entre el mito (Carmen) y el creador de mitos (William Shakespeare)». Según el director del Artium, se trata de «una experiencia distinta, especial», que resulta de «una especie de ópera o sinfonía, con sus actos». Pero, además, está en transformación constante, lo que se traducirá en «una experiencia diferente cada vez que se vea».

Casi como cada historia de amor resulta igual y distinta. Y cada persona tiene su manera de ver. «En la visión global hay un espacio de memorias para que el espectador pueda ir creando su propia historia», señalaba Olga Mesa. La artista asturiana subrayaba que «creemos en el individuo, en la percepción individual y personal» y junto a Ruiz de Infante ha impulsado «un ‘frotamiento’, no para fundirnos, sino para echar chispas».

El conjunto, «un espacio donde las cosas quizás no están ajustadas», se organiza en cuatro zonas cuyos límites no siempre están claramente definidos. Cada una de ellas -tampoco siguen un orden marcado- hace referencia a una situación o fase que se plantea dentro del tema general del amor: la seducción, el conflicto, la deriva y la muerte.

En todo este catálogo de relaciones humanas aparecen la tecnología o unos objetos que representan y otros que funcionan por sí mismos. Asimismo, lo audiovisual, lo literario, lo escénico y sus múltiples derivaciones conforman «una especie de puzzle, de elementos que se han ido ajustando», describía el autor alavés.

Espejismos

Ruiz de Infante definía la propuesta como «un laboratorio hecho de espejismos», ya que «realidad y ficción se van activando dentro del recorrido». Aclaraba también que «no son obras autónomas. Hemos trabajado mucho la dramaturgia y la noción de punto de vista», de manera que la imagen, la sombra o el reflejo «se van a mezclar con la propia exposición, que es algo muy físico».

Enseguida, el espectador se topa con unas proyecciones donde contadores de tiempo recorren 25 dígitos por segundo, en alusión a la animación de imágenes vía persistencia retiniana, que es la base del audiovisual. Bolas de discoteca completas o con espejos dañados aparecen en distintos momentos de la ruta, en la que los espejos o los muros de cristal son recurrentes. También lo son algunas imágenes o elementos que pulsan la memoria, como la gran mesa que remite a otras épocas de Ruiz de Infante (que pueden datarse con la obra presente en la actual muestra sobre la Colección Artium).

A veces se juega con las luces. Otras, con el sonido o con los textos. Y hasta con la proyección de audiovisuales en varios planos a la vez. «Habla de relaciones humanas, de realidad y ficción, y tecnología. Hay unos indicios y el resto lo imaginas».

Pero el actual proyecto en el Artium, que viajará más adelante a Tabacalera de Madrid, no es un desconocido en Vitoria. Estuvo prologado por la presentación, en el invierno de 2017, dentro del programa Proklama y en colaboración con Azala, de diversos capítulos: la conferencia performativa ‘Tablao nº21: resistencias, frotamientos, magnetismos... y viceversa’; la presentación escénica ‘Carmen // Shakespeare. Acto 1 (el de la niebla)’; la experiencia performativa ‘Cabaret del precipicio (under pressure)’; y un laboratorio de creación sobre el cuerpo, su memoria, su presencia y su amplificación por medio de la tecnología.

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