¿krea 2.0?

ÁNGEL RESA

Escucho la palabra ‘cultura’ y me pongo en guardia como hacen los perros cuando oyen algo interesante. Pertenezco a una generación antigua que creció leyendo y relaciona el vocablo con los libros, el cine, el teatro y las artes plásticas que van de los lienzos a la arquitectura. Una quinta emocionada ante los distintos modos estéticos de entablar comunicaciones humanas, previa al imperio de las nuevas tecnologías y carente -al parecer- de la sensibilidad vanguardista para abrazar las ‘performances’ modernas. Esta camada de la que escribo, talludita ya por el carácter implacable de la cronología, que tal vez atendía con escepticismo aquel sueño frustrado de Krea y sus becas a residentes deseosos de reinventar mediante variaciones de lo ya conocido.

Del Plan Estratégico municipal sobre la cultura, una guía de intervenciones a medio y largo plazo y que ojalá sirva para democratizar aún más las vías del conocimiento, me resuena este segundo empeño de asaltar la cumbre del renovado y hasta ahora inútil -llueve sobre mojado-edificio de Betoño. Un programa, llamémosle por ejemplo ¿Krea 2.0?, donde albergar a jóvenes promesas de las artes que ya quisiéramos para nuestros hijos respectivos. También se empeña en hacer nido en mi dudosa sesera el lenguaje grandilocuente, repleto de propuestas etéreas que requieren paracaídas para bajar a la superficie. ‘Kilómetro 0’, ‘I+D+i’, ‘bla-bla-car’ que añade servidor… Qué bueno sería convertir los anhelos en hechos.

Pero por encima de todo, y lo redacto en cierto tono de cabreo, me sorprende -no debería hacerlo porque en Vitoria tendemos a tropezar varias veces con la misma piedra- que después de edificar tantos continentes de categoría especial caigamos en la necesidad de coordinar los contenidos. El informe que manejan en la Casa Consistorial aplica el foco a la falta de un hilo que suture tantos y tan espléndidos equipamientos. Remedando la obra teatral de Luigi Pirandello ‘Seis personajes en busca de autor’, aquí llegamos al desenlace de ‘Catorce centros cívicos en busca de hilo conductor’. Primero inauguramos los faraónicos inmuebles y luego pensamos cómo licuarlos hasta la pulpa.

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