El jurado declara «culpable» del asesinato de la dueña del Bugatti a su expareja

El acusado, durante el juicio./
El acusado, durante el juicio.

Los años exactos serán decididos por el juez de la Audiencia Provincial de Álava, donde se han celebrado estas vistas orales durante las últimas dos semanas

DAVID GONZÁLEZ

La portavoz del jurado ha anunciado la decisión de los nueve ciudadanos que han seguido durante diez largas sesiones el caso del asesinato de Rosa, la que fuera dueña del bar Bugatti. Tras casi un día de deliberaciones, el veredicto emitido esta mañana ha sido de «culpabilidad». Y por unanimidad. Todos los integrantes consideran que Leo, ex de la víctima y socio suyo en su local de droga de la calle Beato Tomás de Zumárraga, se expone a una larga condena.

Los años exactos serán decididos por el juez de la Audiencia Provincial de Álava, donde se han celebrado estas vistas orales durante las últimas dos semanas. Tanto la Fiscalía como la Abogacía del Estado solicitan veinte años de prisión por este caso de violencia de género con el peor final posible. La defensa, que reclama la absolución, ha anunciado al oír el veredicto que lo recurrirá en los próximos días.

Atrás han quedado diez largos días de sesiones. Con más de setenta testigos que han pasado por la sala de vistas de la Audiencia. Estas cifras se han debido a que el acusado, Leo, un dominicano de 48 años y pareja de ida y vuelta de la víctima, siempre ha defendido su inocencia en este crimen, cometido el 1 de noviembre de 2014. Como tampoco apareció ningún arma del crimen ni hubo testigos, Fiscalía, Juzgado de Violencia sobre la Mujer y Ertzaintza tuvieron que hilvanar una exhaustiva labor de investigación.

En esta ocasión, el ADN del procesado se ha revelado como factor diferencial. Los expertos de la Policía autonómica y del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses hallaron restos biológicos del encausado en un bote de jabón líquido presuntamente usado para limpiar la escena del asesinato, la cocina del piso en la calle Guayaquil donde vivía Rosa. También en un gel lubricante y en un pañuelo. Pero sobre todo en otro lugar fundamental. En las uñas de la víctima. Los peritos hablaron de «un perfil genético coincidente con el acusado».

La geolocalización de varios móviles ha sido el otro factor determinante. La Ertzaintza apuntó a que un móvil perteneciente a la finada, y que está desaparecido, y otro de Leo estuvieron «en los mismos puntos» tras el asesinato. Según explicaron, alguien hizo dos llamadas desde el celular de Rosa «a las 7.17 horas». Es decir, cuando ya se había producido el crimen. Fueron comunicaciones de apenas un par de segundos. Al novio de la víctima y a un conocido suyo en la República Dominicana. Un testigo vio a esa hora al encausado frente al Bugatti «manipulando un teléfono táctil», recordaron los agentes.

La Ertzaintza, según reflejaron durante el juicio varios de sus miembros, constató un presunto acoso de Leo a Rosa las semanas previas a los hechos. La llamó «en 434 ocasiones» pese a que ella había cortado la relación. También la delató «de forma anónima» tanto a la Policía Local como a la Ertzaintza. Y a las pocas horas del asesinato, su teléfono le reflejó que también fue a «Oreitiasolo y Venta de la Estrella». ¿Quizá para desprenderse de la ropa que ese día llevaba y que jamás apareció?

Este juicio, asimismo, ha servido para conocer el estado económico de Leo y de Rosa en noviembre de 2014, cuando se produjo el crimen. El ya condenado ejercía de portero del Bugatti –y de camello, según otra sentencia de la Audiencia de Álava–, aunque legalmente vivía de la RGI de su compañera oficial. Sus cuentas estaban casi a cero. Rosa, también dedicada al tráfico de drogas, tenía un saldo medio de «250.000 euros».

La asesinada había comunicado a Leo, con el que tenía una relación de ida y vuelta aparte de una hija en común, que le dejaba. Abandonaba esa vida oscura para abrir un bar de barrio. Tenía previsto hacerlo la misma semana que hallaron su cadáver, hace ahora tres años.

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