Isla en el archipiélago

Isla en el archipiélago
ÁNGEL RESA

Hay datos que, sin pausas para abrir el foco e iluminar el contexto, resultan tan llamativos a los ojos humanos como los chalecos reflectantes. Pero a nada que nos tomemos el tiempo necesario en el afán de justificarlos van encendiendo el camino de las luces intermitentes que revelan la avería. Porcentajes chocantes para quien los lee de nuevas y sin un ápice historicista que los avale, pero lógicos si entendemos que Vitoria encarna dentro del mercado inmobiliario una isla con autonomía propia dentro del archipiélago vasco. Tan sencillo como levantar la vista, establecer comparaciones entre el desarrollo urbanístico propio y el de las otras capitales de la comunidad autónoma y entender de golpe la peculiaridad alavesa.

El distinto precio de los alquileres según la geografía autóctona sólo se entiende si antes, en su tiempo, comprendimos lo sorprendente. Me refiero a aquellos artículos periodísticos basados en estadísticas y hechos reales que distinguían poderosamente a Vitoria del entorno. Recuerdo titulares que venían a decir que tres cuartas partes del parque de viviendas de protección oficial en Euskadi se concentraban en el suelo desparramado de este municipio tan pionero en tantas cuestiones. Resulta que el 15% de la población vasca, décima arriba o abajo, vive en Álava y sólo el 11,5% se empadrona en Vitoria. De ahí la enorme desproporción entre la amplia oferta local de VPO y la escasa en el resto del País Vasco. Ni qué decir tiene que abundante gente joven estrenó piso de alquiler o en propiedad en esas dos alas desplegadas y sus afluentes (Salburua y Zabalgana) que ni siquiera amagaron brotes en Bizkaia y Gipuzkoa.

Además, y por mucho que transitemos la senda buena para atraer visitantes, andamos lejos de las cifras de turistas que colman, por ejemplo, el marco incomparable de La Concha. A más interés foráneo, precios de casas al alza. De ahí que la capital de Euskadi aún mantenga rentas inmobiliarias razonables. Mientras, si eso, hablamos algún día de los alquileres de San Sebastián, que cuestan una ‘s’ y la mitad de la otra.

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