«Fue una intimidación de libro», dice la fiscal sobre el presunto violador de la estación de Vitoria

El suceso, según la acusación, tuvo lugar en el entorno de la estación de autobuses de Vitoria./Rafa Gutiérrez
El suceso, según la acusación, tuvo lugar en el entorno de la estación de autobuses de Vitoria. / Rafa Gutiérrez

El Ministerio público mantiene su petición de ocho años de cárcel, mientras que la defensa pide la absolución en la última jornada del juicio

David González
DAVID GONZÁLEZ

Ha quedado vista para sentencia la pesadilla sufrida por una joven, de fiesta en Vitoria, violada por el hombre que se ofreció a llevarla en su coche hasta la estación de autobuses situada en Lakua, en la capital alavesa. Hace ahora once meses, esta chica lloraba en unas escaleras tras separarse de su cuadrilla en una ciudad que desconoce. Reside en otra localidad. El ahora procesado se le presentó con la excusa de ayudarla. Supuestamente la agredió sexualmente, dentro de su coche, en un parque cercano a la terminal del Bulevar de Euskal Herria. Tras escuchar el miércoles a víctima y encausado, el jueves ha sido el turno para peritos, forenses y Policía científica. Todos, nueve expertos en total, se han ratificado en sus informes previos ante la Audiencia Provincial de Álava, donde se juzgan los hechos.

Se encontró ADN del investigado en los asientos traseros del vehículo, donde presuntamente se produjo la violación. Los forenses del Palacio de Justicia han ratificado la inexistencia de lesiones externas en las zonas íntimas de la joven, que ha explicado que durante el ataque se quedó «quieta», «con los ojos cerrados» y «en posición fetal» por el «shock». En este sentido, los expertos han dicho que esa ausencia de heridas «es compatible con que no haya habido consentimiento».

Sobre las 12.30 horas, en una sesión cuyo inicio se ha demorado más de dos horas por la ausencia del traductor de inglés del encausado, Fiscalía y abogado defensor han mostrado sus cartas definitivas. En sus alegatos, la representante del Ministerio público ha pedido ocho años de cárcel para el procesado, de origen subsahariano. Permanece en prisión provisional desde que, 48 horas después de los hechos, la Ertzaintza irrumpiera en su casa. Asimismo, la acusación ha añadido otros diez años extra de libertad vigilada y una responsabilidad civil a la víctima de 3.000 euros.

La fiscal ha recordado que este tipo de delitos suelen cometerse sin testigos. «Así ocurrió en este caso, en la intimidad de un coche como ya contó la víctima en un relato rotundo, sin titubeos», desarrolló. Ha hablado, a continuación, de «incoherencias» en el testimonio del único encausado, quien tachó el episodio de «romance» con la joven, de 22 años de edad en el momento de los hechos y mucho más menuda que él, quien mide 1,87 metros y cuenta con 32 años. Por su contra, la representante del Ministerio público enfatizó que «hubo una resistencia pasiva por parte de la víctima. Le repitió en varias ocasiones 'no me mates, no me mates» o «no me hagas daño».

Aunque no le hizo falta usar la violencia, según Fiscalía, porque la joven estaba «muerta de miedo», se trata de una agresión sexual. «Si me lo permiten sus señorías», se dirigió a los tres magistrados de la Audiencia Provincial de Álava, «hubo una intimidación de libro».

No en vano, una patrulla de la Ertzaintza se encontró a la chica, sobre las siete de la mañana, desorientada y en shock en los aledaños de la terminal de Lakua. A partir de ahí, el protocolo para estos supuestos sacó a la luz otra nueva agresión sexual a una mujer en Vitoria. Ocurrió la mañana del 22 de julio del año pasado. Según compartió el miércoles la víctima, se quedó sola tras enfadarse con sus amigos porque decidieron retirarse. «Estaba llorando en unas escaleras, unos chicos me ayudaron pero también me perdí de ellos». También reconoció haber bebido la fatal noche, lo que no le impidió ser «consciente en todo momento» de lo que hacía o pasaba. Una analítica constató una «elevada» tasa de alcohol en su cuerpo. El caso es que, cuando el procesado le propuso llevarla a la estación, ella se fío. Hubo un intento de flirteo por parte de él en el viaje de ida, que ella cortó de raíz.

Ya en la terminal, la joven salió y regresó al coche porque se dio cuenta que le faltaba su móvil. «Vino él y se ofreció a volver al lugar donde me recogió para buscarlo». Fue un viaje en balde. No encontraron nada. Rumbo otra vez a Lakua, el desconocido se le insinuó de nuevo, y dirigió su coche a una zona cercana, un parque ya casi en Sansomendi. Al estacionar, el imputado le abrió la puerta del copiloto y no le dejó otro camino que los asientos traseros. A continuación se metió él. «Estaba en shock, tenía pánico. Lloraba y él empezaba a tocarme. Tenía mucho miedo. Le decía: 'No me mates, no me mates. Haz lo que quieras conmigo, pero no me mates'», expuso ael miércoles la víctima, muy nerviosa y aferrada a una especialista que trataba de calmarla con la mirada.

«Pensaba que iba a matarme y tirarme en cualquier campo, él me decía: 'Tranquila, tranquila'». Recordó que se tumbó. Por su mente, un único sentimiento: sobrevivir. «Que sea lo que Dios quiera, pero quiero seguir viviendo, que pase rápido», compartió ante una sala enmudecida con su declaración. «Cuando acabó dejó de ser amable». La devolvió a la estación y entonces le entregó el móvil supuestamente extraviado.

El investigado siempre ha negado esa versión. Ayer lo hizo. Habló de un «romance» y que ella empezó a besarle para acabar «haciendo el amor». Este jueves, su abogado ha solicitado su absolución al entender que «no existió ni violencia ni intimidación» en el episodio. «Hubo relaciones plenas admitidas por ambos, se hicieron a plena luz, en una zona donde la gente pasea, corre y nadie vio nada», afirmó.

A su vez recalcó que en cualquiera de los trayectos realizados aquella madrugada, la víctima pudo haberse bajado «en algún semáforo en rojo. ¿Por qué no lo hizo?». Desde el prisma del letrado, «cuando se dirigió a la Ertzaintza estaba avergonzada por haber mantenido relaciones con un desconocido y por eso empezó a hablarles diciendo 'lo siento, lo siento'».

El fallo judicial para este caso se espera en unas tres semanas.

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