Indignados sénior por las pensiones

Los asistentes al multitudinario acto de protesta devolvieron a la ministra Báñez la carta en la que se les informaba de las revalorización de sus pagas. /Igor Aizpuru
Los asistentes al multitudinario acto de protesta devolvieron a la ministra Báñez la carta en la que se les informaba de las revalorización de sus pagas. / Igor Aizpuru

Un millar de jubilados y viudas se concentra frente a Correos para mostrar su enfado por la «raquítica» subida, un año más, de sólo el 0,25% en sus pagas

JORGE BARBÓ y MARÍA JOSÉ PÉREZ

El mayúsculo enfado que se venía rumiando estos días en las partidas de mus, en los hogares del jubilado, en los centros cívicos y al frío sol de invierno en los bancos del parque por la «raquítica» subida de las pensiones aprobada por el Gobierno para este año cristalizó ayer en una multitudinaria protesta que consiguió reunir en Vitoria a cerca de un millar de personas. Fueron ellos, jubilados y viudas, los que ayer se echaron a la calle, «hartos de que se pisoteen nuestros derechos», para mostrar su indignación con la boina bien calada y apoyados en una cachaba de tremendo enfado.

Las asociaciones Por Una Vida Digna y Arabako Pentsionistak Lanean habían convocado para el mediodía una protesta en la plaza Celedones de Oro, frente al edificio de Correos. La idea era que los indignados sénior alaveses devolvieran a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, la carta que, con cuentagotas, han recibido estos días en sus buzones. En ella se les informaba de la revalorización de sus pensiones, que por quinto año consecutivo se ha fijado en el mínimo legal previsto: el 0,25%. Y el acto simbólico desbordó las expectativas de los organizadores. «Hemos repartido 1.400 copias de la carta (muchos todavía no la han recibido en sus hogares) y estamos muy satisfechos por la respuesta que hemos tenido», se felicitaba Juan Antonio Armentia, portavoz del colectivo Por Una Vida Digna.

Aunque la de ayer fue, quizás, lamás multitudinaria de los últimos tiempos, no es la primera vez que los jubilados vitorianos salen a la calle en defensa de sus pensiones. Ya en 2015 se convocó una protesta frente a la delegación de la Seguridad Social, en la calle Dato, «a la que acudimos unas 500 personas para romper la misma carta que recibimos entonces», recuerda Iñaki Martín, del colectivo Arabako Pentsionistak Lanean. Para Martín, las protestas -algunas organizadas y otras más o menos espontáneas, como la masiva que se registró en Bilbao el pasado lunes- que se han sucedido estos últimos días vienen a demostrar que, en efecto, se respira «un grado de indignación importante» en un colectivo, el de los pensionistas, poco acostumbrado a unirse para salir en defensa de sus derechos. Hasta que ven peligrar sus frágiles bolsillos.

«Tradicionalmente, las asociaciones de mayores se limitaban a organizar bailes y viajes, no a mostrar un compromiso social», evidencia Martín, antiguo activista sindical, que ve en la exigua subida -muy por debajo del IPC- y en el «continuo cuestionamiento del sistema de pensiones» un «ataque de la derecha para acabar privatizándolas». Pero lo cierto es que, al margen de la visión del portavoz, el movimiento de indignación que se manifestó ayer en la capital vasca trasciende a las distintas sensibilidades políticas. «Aquí hay gente de derechas, de izquierdas, de centro, de aquí y de allá», destacaba Esteban Ruiz, uno de los jubilados que acudieron a la convocatoria. De hecho, la protesta se puso en marcha también al margen del engranaje sindical. «Ojalá los sindicatos tiraran del carro», suspiraba el portavoz Juan Antonio Armentia. «Pero se centran en defender a los trabajadores en activo, así que, en cuanto nos jubilamos, dejamos de ser de su competencia: su apoyo se limita a lo teórico y a lo moral», abundaba por su parte, algo defraudado, Iñaki Martín.

Entre fuertes pitadas, los mayores fueron depositando sus cartas en grandes cajas de cartón mientras entonaban soflamas como «pensión congelada, robo a mano armada» o un «el 0,25, ¡qué vergüenza amigo!», que, hay que reconocer, tienen bastante poco gancho como eslóganes reivindicativos. «A mí la subida apenas me ha llegado a un par de euros, como para hacerte rico, vamos», soltaba con sorna Domingo Antón, que se trajo a la cuadrilla directamente del almuerzo.

Pitidos entre boinas

En contraste con tanta boina, tanto pelo cano cardado y tanta cachaba, por la crepitante megafonía se escuchaba uno de esos temas ‘random’ de rock radical vasco que se utilizan para caldear las protestas de todo pelaje. Quizás algo de Aute -o de Karina- hubiera estado más a tono generacional. «Debo de estar un poco teniente, no me estoy enterando de nada de lo que dicen», lamentaba la entreñable Carmen Ruiz, enhebrada del brazo de su marido Fernando, que no parecía muy convencido de todo aquello fuera a cambiar su situación. «Se ha empeñado la mujer en que teníamos que venir, pero no nos van a hacer ni caso: los viejos no les importamos un bledo a ninguno de los chorizos que nos gobiernan», se quejaba, soliviantado, el hombre.

Otros, sin embargo, mostraron su férreo compromiso con la causa. «Yo me enteré ayer por EL CORREO de que habían organizado esta protesta y no podía faltar», apuntaba Alfredo, extrabajador de Michelin y «con una buena pensión, como las que había antes». «Muchos, sobre todo aquí, hemos trabajado mucho y ahora cobramos bien, pero tenemos que hacernos oír para defenderlo y que siga siendo así», abundaba el hombre. Y, sí, lo cierto es que el jubilado no va en absoluto desencaminado al reconocer que, a pesar del lógico enfado del colectivo, la situación de los pensionistas en el País Vasco contrasta con la de otros puntos de España.

Según los últimos datos del Ministerio de Empleo, 75.059 alaveses perciben una pensión, que, de media, se sitúa en los 1.176,11 euros en el territorio. Y, sí, se trata de la más alta de España. De hecho, junto a Bizkaia (1.165,41 euros) y Gipuzkoa (1.130,87), es la única provincia cuyos perceptores superan la barrera de los 1.100 euros. Pero, recuerdan con tino los jubilados, también el nivel de vida es más alto y los euros se agotan igual de rápido, o más, que en otras latitudes.

Al detalle

75.059
personas perciben una pensión en Álava, según los últimos datos del Ministerio de Empleo.
1.176,11
euros es la paga media que perciben los pensionistas alaveses, que engloba a las de incapacidad, jubilación, viudedad, orfandad y aquellas en favor de familiares.
Viudedad.
Su situación es todavía más precaria. Las estadísticas reflejan que las 16.598 viudas y viudos alaveses cobran, de media, 759,38 euros.

Algunos protagonistas

«Cotizaba el máximo y no sirvió de nada» Javier Arias Jubilado de Novacero

Jubilado «forzoso» antes tiempo lamenta que «cotizaba al máximo y cuando voy a jubilarme, veo que no ha servido de nada». Aunque «no derrocho, he tenido que sujetarme de muchas cosas». Pensaba en «vivir mejor el día de mañana y se ha dado la vuelta a la tortilla».

«45 años de trabajo y cobro 929 euros» Paco Lecuona Extornero de Aranzábal

Durante 4 años tuvo «el sueldo congelado» y después perdió «un 40%» por tener que jubilarse con 60 años. Lamenta que «después de cotizar 45 años y medio, cobro 929 euros». En su situación «están muchísimos», advierte. Su único ‘lujo’ es «tomar 4 potes con los amigos».

«Que los políticos devuelvan lo robado» Maite Elizondo Pensión por viudedad y trabajo

Dejó de trabajar fuera «cuando me casé». De aquella etapa le han quedado «200 euros» que suma a la pensión de viudedad. Muy enfadada con los políticos, les pide «que devuelvan lo robado» que serviría para «mejorar la sanidad y la educación».

«Los imprevistos nos causan problemas» Inés García Pensión por viudedad y trabajo

Con 1.100 euros «y un hijo que viene a comer», reconoce que «los problemas llegan por los imprevistos. Como ahora, que nos están poniendo ascensor y vale un montón». Aunque «por suerte» tenía el piso pagado «y los hijos me cedieron su parte».

«Vas viendo los ahorros ir a menos» María Luz Granado Administrativa jubilada

Su hijo y su nuera «perdieron el piso y están en nuestra casa porque no pueden pagar un alquiler». Así que con su pensión y la de su marido viven los cuatro. No tienen problemas para llegar a fin de mes, pero «ves los ahorros ir a menos».

«Menos mal que la casa ya está pagada» Luis Carmona Pintor jubilado

«Ahora tenemos que mirar el dinero un montón» porque su pensión «no llega a 1.000 euros y hay que pagar el agua, la luz... Menos mal que la casa ya está pagada», dice aliviado. Atrás han dejado, él y su mujer, «hacer un viaje una vez al año».

«Tengo dos hijos con estudios aún en casa» Miguel Parra Fontanero autónomo pensionista

Hace cuatro años que es pensionista. Su paga es pequeña, pero «si como autónomo hubiera pagado el mínimo, no tendría ni para vivir». Sus «dos hijos, con estudios, están en casa porque trabajan en lo que pueden, pero no les da para independizarse».

«Hemos tenido que quitar muchas cosas» María Pilar Mendizábal Jubilada sin pensión

Como no ha trabajado fuera, en su casa sólo entra la pensión de su marido, «de 1.200 euros porque ganaba muy bien». Sin embargo, «hemos tenido que quitarnos de muchas cosas» porque «el hijo lleva 3 años en paro y el dinero es poco para tres».

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