«Son ideologías radicales las que imponen un papel concreto a la mujer musulmana»

Salwa El Gharbi, en una imagen de archivo. / JOAN MANUEL RAMOS
Salwa El Gharbi, en una imagen de archivo. / JOAN MANUEL RAMOS

«Una mirada externa sin prejuicios hacia el Islam siempre es complicada», advierte Salwa El Gharbi, técnica en diversidad en el Ayuntamiento de Barcelona, que ayer desgranó su tesis en una charla en Vitoria

LAURA ALZOLA VITORIA.

Catalana de origen marroquí, Salwa El Gharbi trabaja como técnica municipal en el servicio de atención a la diversidad de Barcelona. Fue, durante una década, la jefa del departamento de derechos humanos de UnescoCAT y una de las expertas de la Generalitat que desarrolló el plan de Ciudadanía e Inmigración catalán. Ayer, dentro del ciclo de conferencias 'Mujer siglo XXI' organizado por la Sociedad Landazuri en Vitoria, El Gharbi reflexionó acerca del papel de la mujer en la cultura musulmana.

-¿En qué se diferencia el papel de la mujer en una sociedad de cultura musulmana del que juega en una sociedad como la vasca?

-¿Hay un papel definido para la mujer en cada cultura? ¿Y en cada religión? De partida, yo creo que no. Porque, ¿cómo definiríamos cuál es el papel de una mujer que vive aquí? Son las culturas musulmanas y los papeles, en plural y personales.

-Sin embargo, hay quien entiende que las sociedades musulmanas son en la actualidad menos igualitarias que otras.

-El machismo existe en todos los lugares del mundo, por desgracia. Hay diferentes niveles, sí, pero en aquellos lugares donde la mujer sufre una mayor violencia, la desigualdad está provocada por ideologías conservadoras y fanatismos políticos. Son estos quienen quieren imponer un papel determinado a la mujer musulmana. No es la religión en sí, sino la utilización de ésta por parte de quienes ejercen el poder, que son machistas.

-¿Qué posición mantiene usted en el debate, que tanto resurge, acerca del uso del 'hijab' o pañuelo?

-Primero hay que entender que el pañuelo es también algo muy cultural y previo al Islam. Yo en este tema me atengo siempre a la libertad personal. Las mujeres interpretan los mandatos de sus líderes religiosos con mayor o menor disciplina. Es una cuestión de interpretación personal. Y cuando se dice que hay mujeres que no son libres de decidir si ponérselo o no, que los hombres les obligan, hay que tener en cuenta que la solución tampoco puede pasar por imponerles lo contrario. Ambas imposiciones son machistas.

-¿Cuáles son los matices que echa en falta cuando se habla del Islam?

-La mirada externa desde el desconocimiento, desde los prejuicios, siempre es complicada. Depende de las experiencias previas que hayamos tenido e implica generalizaciones peligrosas. Tenemos que diferenciar el dogma en sí y el carácter de las personas. Este último puede ser bueno, malo, equitativo, discriminatorio, igualitario... Cuando limitamos el comportamiento de las personas a un dogma, simplemente, nos equivocamos. La interpretación de la religión es personal. Aunque es cierto que lo que nos llega aquí es una mirada unitaria y totalitaria del Islam.

-¿A qué interés responde, entonces, que nos llegue esa visión unitaria?

-Existe una interpretación totalitaria que quiere que sólo sea posible una única mirada, un único papel, no sólo de las mujeres sino de cada uno de los creyentes y no creyentes. El radicalismo quiere romper precisamente con toda la pluralidad existente en el Islam, presente en más de cincuenta países y seguido por 1.500 millones de fieles. El interés detrás de esto es la dominación, el poder. Los radicales lo venden como unión pero es totalitarismo.

-¿Encuentran las mujeres inmigrantes en la nuestra a una sociedad que les escuche?

-No. Todavía hablamos de ellas sin ellas.

-¿Las culturas conviven o coexisten?

-Depende de los espacios. En algunos municipios de Cataluña, donde trabajo, la convivencia es armónica, natural. En otros, es innegable que en materia de diversidad y quienes trabajamos en su gestión, aún tenemos retos por delante.

-¿Se puede cuestionar hoy si las políticas de integración han funcionado en Cataluña?

-Cuando se dan casos aislados, aunque tan graves, de violencia ligada a la radicalidad, no se debe señalar sólo uno de los elementos que conforman las causas. La integración fallida de las personas concretas que participaron en los atentados no puede significar que cuestionemos todo lo construido hasta el momento.

-En este sentido, ¿qué dirección debería tomar en los próximos años la gestión de la diversidad?

-Debemos ir más allá del discurso. Hemos desarrollado documentos magníficos que en la práctica, sin embargo, están en una fase muy inicial, limitada. Los mismos mecanismos que se han empleado en lo referido a la desigualdad de género debemos utilizarlos ahora para perseguir la inclusión en otros aspectos. La diversidad tiene que estar representada en todas las estructuras de la sociedad.

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