Dos hombres y un destino

El humorista Mago More arbitra el amistoso combate entre el eminente científico Eduardo Anitua y el aventurero contador Miguel Gutiérrez

Eduardo Anitua y Miguel Gutiérrez. /Jesús Andrade
Eduardo Anitua y Miguel Gutiérrez. / Jesús Andrade
ÁNGEL RESA

Un encuentro entre dos personas procedentes de ámbitos distintos siempre acaba por deparar confluencias, intereses semejantes y metas parecidas. Del intercambio de impresiones surgen denominadores comunes, según el argot exacto de las matemáticas. Sobre todo porque entre la eminencia científica mundialmente reconocida de Eduardo Anitua y la ilusión del explorador Miguel Gutiérrez Garitano por vivir historias para contarlas –así se titulan más o menos las memorias de Gabriel García Márquez– las distancias resultan bastante más salvables de lo que a simple vista parecería. A ambos les unen rasgos cabales, la inquietud por conocer más y divulgar en forma proporcional, sus empeños por salir de las zonas confortables donde la seguridad presunta nos arropa, el afán de superación y esos retos que –según el insigne médico e investigador vitoriano– "son una clara causa de insomnio". Alude a las vueltas en espiral que surcan su mente hasta encontrar el remedio a algunos casos extremos de pacientes casi desahuciados.

El dúo compartió estrado el miércoles hasta bien entrada la noche en la Casa de la Cultura, flanqueando al cómico, motivador y conferenciante Mago More, piloto de una charla que no requería labor moderadora. "El humor engrasa la vida", afirmó el estomatólogo alavés célebre por su apuesta ya universal por centrifugar la sangre del paciente para aislar las proteínas responsables de la regeneración de los tejidos. El descubrimiento que Mikel Sánchez ha trasladado también a la traumatología y el motivo por el que uno podía toparse con Rafa Nadal una jornada cualquiera a la vera del Artium. Es más, el presentador del acto apadrinado por la fundación Eduardo Anitua, cooperador necesario de José Mota, enredó al revolucionario odontólogo en un "sketch" del famoso humorista televisivo. Lo proyectó en la sala abarrotada por el público de Ignacio Aldecoa y, de verdad les digo, que el científico alavés clava el papel en el que se autointerpreta. Por lo visto, y a la hora de hacer reír, el presidente de BTI (Bio Technoloagy Institute) predica con el ejemplo.

«La culpa de Brasero»

Tanto el célebre científico como el periodista y explorador también vitoriano, hijo de bióloga y psiquiatra, que escribe las realidades y sensaciones con las que regresa de sus viajes aventureros quieren empapar de sus pasiones al resto. La última expedición de Miguel con su equipo –en el que figura su hermano Rafa, fotógrafo de este periódico– le llevó al Ártico tras incursiones previas durante años a Guinea Ecuatorial, Brasil, Ecuador, Perú, Sáhara Occidental, Mauritania, Argelia e Irak. A Gutiérrez Garitano le motiva narrar vivencias desde la perspectiva de estar en el sitio donde suceden los asuntos. El larguísimo desplazamiento último al Ártico, entre Groenlandia y las costas de Canadá, ha de valerle para escribir el libro y proyectar un documental con la tinta de la reivindicación. "Se trata de concienciar sobre la importancia del ecosistema y advertir los peligros evidentes del cambio climático". Ese riesgo que reiteran los expertos y niegan guiñoles de sí mismos como Donald Trump. El árbitro de la charla lo tenía claro. "La culpa de lo que está pasando la tiene Antena 3. ¿A quién se le ocurre poner a presentar el tiempo a alguien que se apellida Brasero?".

El discurso de Anitua, sereno con el punto de delicada pasión que necesita para vivir intensamente, no deja puntada sin hilo. Lo mismo rememora el axioma que dice "cuando conocíamos las respuestas nos cambiaron las preguntas" que vaticina el triple salto vital de la medicina. "Seguiremos haciendo trasplantes hasta que sepamos regenerar órganos. Y eso lo veremos". Infunde hasta miedo escuchar semejante mensaje de esperanza. Esa premonición explica el deseo del investigador por legar su trabajo y su talento. "Me gustaría que me recordaran como un buen padre, que es lo más difícil, y como un médico que intentó ayudar a los demás". La Casa de Cultura fue el miércoles el escenario de vidas cruzadas, que no paralelas sin posibilidad de encuentro, de dos hombres y un destino.

– ¿Y a ti, Miguel?

– Como alguien honrado, bueno para los suyos y un buen contador de historias.

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