Ritxar Bacete: «Los hombres estamos en crisis, el feminismo nos ha puesto en el espejo»

Bacete, con su publicación, el pasado jueves en Vitoria. / IGOR AIZPURU
Bacete, con su publicación, el pasado jueves en Vitoria. / IGOR AIZPURU

El antropólogo y trabajador social, ofrecerá este martes una charla en el Aula de Cultura de EL CORREO, en Ignacio Aldecoa, sobre el rol masculino en esta era

Laura Alzola
LAURA ALZOLA

Antropólogo y trabajador social, Ritxar Bacete (Vitoria, 1973) es un investigador y especialista en género que promueve la implicación de los hombres en la igualdad. Padre de una hija y un hijo, imparte formaciones en paternidad positiva, un concepto por el que ellos pasan a ser parte activa e integral del cuidado. Predica con el ejemplo. Durante la entrevista, Bacete hace una pausa para atender una llamada desde el comedor de la escuela de su pequeño. Este martes sale su libro 'Nuevos hombres buenos' (Ediciones Península, 2017) e imparte una charla dentro del Aula de Cultura de EL CORREO en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa (20.00 horas) junto a Kirmen Uribe y Begoña Muruaga.

-¿Qué es un hombre bueno?

-Uno que renuncia al uso de la violencia, reconoce su vulnerabilidad, admite errores y pide perdón. No reivindico la bondad esencialista -somos seres siempre imperfectos, inacabados y en contradicción-, pero sí una base ética.

-¿Dónde queda la masculinidad en este contexto de avance del feminismo?

-Los hombres estamos en crisis. La idea obsoleta que tenemos de lo que significa ser hombre se está resquebrajando cuestionada por un cambio positivo, el de la liberación y el empoderamiento de las mujeres. En un proceso de revolución pacífica, ellas han logrado ponernos delante el espejo y esto nos ha hecho dudar de lo que somos realmente. Y de lo que queremos llegar ser.

-También existe una resistencia al cambio.

-Los tiempos que corren también son los de Trump, Putin y los extremismos, sí. Pero estoy convencido de que muchas de las reacciones retrógradas son una consecuencia del miedo. Ser consciente de que la igualdad conlleva perder nuestros privilegios como hombres provoca desasosiego. Pero el cambio es inevitable, porque es justo. Ha llegado la hora de realizar junto a las mujeres un nuevo pacto de convivencia.

-¿Un pacto?

-Sí, un acuerdo por el que los hombres escuchemos a las mujeres, aprendamos de ellas y estemos dispuestos a iniciar un camino hacia un cambio personal y colectivo desde la humildad, los cuidados compartidos, la justicia en las relaciones, etcétera.

-¿Qué puede transformar este cuestionamiento de lo que es ser hombre?

-En un mundo de violencia y desigualdad, poner en el centro de la identidad de los hombres las emociones, la empatía, supondría una transformación de todos los ámbitos. Los hombres debemos abrazar la equidad o estaremos hipotecando el futuro. Es fundamental que creemos modelos de masculinidad alternativos para que cuando preguntemos a nuestros niños qué es ser hombre, no respondan nada relacionado con la dominación o con la agresividad. Sino algo que tenga más que ver con las emociones buenas, los cuidados, con el amor.

«Uno que renuncia a la violencia, reconoce su vulnerabilidad, admite errores y pide perdón»

-¿Qué es la 'paternidad positiva'?

-A una paternidad en clave de género, feminista, cuidadora, no violenta, que genera apego. Alrededor del 80% de los hombres somos padres en nuestra vida, así que yo apuesto por la paternidad como una posibilidad clave para empezar a ser un buen hombre.

-¿Cómo se 'desaprenden' los roles adquiridos?

-Cambiando hábitos. Comenzando a cuidar a quienes nos rodean. Quedándonos en casa con la criatura o la persona dependiente cuando nuestra pareja se quiere ir al teatro. Y no sólo una vez. Hablo de hacerlo durante meses. Es como dejar de fumar: cuando inicias el cambio, después de un tiempo notas que la propia biología que te acompaña se va transformando. Que tu cuerpo te lo va pidiendo. Acabas queriendo quedarte con tus hijos e hijas, queriendo llevarlas al cole y pasar más tiempo con ellas.

-¿Hemos avanzado tanto en materia de igualdad?

-Es cierto que a veces da la sensación de que vivimos una estética del cambio. Preguntados por si están a favor de la igualdad, el 96% de los hombres vascos responde que sí. Pero después, por ejemplo, no llegan al 7% los hombres que trabajan en el Gobierno vasco y se cogen la jornada reducida o excedencias. Aunque ideológicamente estemos a favor de la igualdad, sin prácticas igualitarias no transformamos el ámbito del poder ni el laboral.

-¿Lo personal es político?

-Sí. Las cosas que hacemos en privado se ven en público y transforman lo público. Eso es profundamente político.

-¿Qué referentes de nuevos hombres buenos nombraría?

-En el libro propongo a 365, uno por día. A políticos como Trudeau, Zapatero o Ibarretxe, o al entrenador de baloncesto Jasikevicius. Pero en la lista los hay de todos los ámbitos. Y cada vez son más.

-Afirma aspirar a ser un buen padre y estar en transición hacia otra masculinidad. ¿Cómo vive usted las incoherencias del aprendizaje?

-El feminismo te pone un espejo delante muy incómodo. Pero con amor y humor es posible transitar hacia una nueva identidad masculina: desde el hombre que aprendimos a ser, al que queremos ser. El tablero de juego son nuestras relaciones. A mí me conmueven los padres integralmente ocupados y preocupados por sus criaturas, los veo y quiero ser como ellos.

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