El hombre que desató el pánico en la calle Prado elude la cárcel al «rehabilitarse»

Ertzainas conminan al encausado a deponer su actitud, hace ahora justo dos años.
Ertzainas conminan al encausado a deponer su actitud, hace ahora justo dos años. / Rafa Gutiérrez

El Juzgado de lo Penal 1 le condena a una pena menor al estar en desintoxicación y cumplir unas pautas de civismo con sus vecinos, a los que hostigó tres años

DAVID GONZÁLEZ

Sereno, incluso cordial, esperó paciente a que la agente judicial le invitara a acceder a la sala de vistas. Nada que ver con el crispado fulano que, arma (simulada) en mano, desatara el pánico en la calle Prado hace ahora justo dos años. Aquella mañana del 7 de julio de 2015, la Ertzaintza desalojó de urgencia esta arteria vitoriana, agrupó alrededor de su balcón a un gran número de patrulleros, a la unidad de intervención y hasta a un negociador. Tras un par de horas de insultos y amenazas varias por parte de este ciudadano, los policías asaltaron su casa y se lo llevaron detenido. Fue la gota que colmó el vaso de una convivencia infernal en ese elegante bloque teñido de un blanco impoluto.

Y es que las denuncias de sus vecinos por «amenazas continuas» se apilaban en el Palacio de Justicia desde hacía meses. Ayer, el Juzgado de lo Penal número 1 de Vitoria revisó esta causa. La cosa pintaba seria, puesto que la Fiscalía planteaba una pena máxima de once años de prisión por sus coacciones al resto de moradores -durante un mínimo de tres años- y, claro, por la traca final de aquella calurosa mañana de San Fermín en el corazón vitoriano.

En esa época, relató en su turno este ingeniero industrial y maestro cetrero, era pasto de las sustancias tóxicas y del alcohol. A día de hoy, defendió y probó gracias a documentos con membrete oficial, ya no queda nada de todo aquello. De hecho, en las semanas previas al juicio se produjo un acercamiento con sus vecinos de la mano de un mediador, vital para el desenlace que se avecinaba.

Según se explicó en la sala y corroboraron las víctimas presentes, este sujeto se ha «rehabilitado», o va camino de ello. Hace tiempo que dejó atrás los tóxicos y el alcohol. Su carácter se ha dulcificado y ya no queda ni rastro de sus coacciones y acoso otrora habituales en esta comunidad.

Amenazas al vecindario

El sumario, en este sentido, refleja un crisol de amenazas que intimidarían al más pintado. Desde «os voy a matar a vosotros y a vuestros hijos» u «os voy a matar con la pistola» dedicadas a sus vecinos a «sicarios del PP, zipaios, gora ETA militarra» que regaló a los ertzainas intervinientes. En aquel periodo, este portal era un punto habitual de las patrullas. «Teníamos muchas actuaciones con él y en especial en ese inmueble», rememoran agentes consultados, tanto de la Ertzaintza como de la Policía Local.

El arbitraje de un mediador permite el pacto con su comunidad y deja en papel mojado la petición de once años a la sombra

El giro en su modo de vida, así como su falta de antecedentes penales, facilitó el acuerdo de última hora entre la Fiscalía y la defensa. Pactaron su responsabilidad como autor de seis delitos de amenazas y de otros dos leves también de amenazas. Por el primer bloque le impusieron dos años exactos de cárcel, el tope justo para evitar su ingreso. La consecuencia del segundo se tradujo en una multa de 360 euros, que deberá de abonar en breve. Al ser preguntadas, las víctimas mostraron su total conformidad con esta solución.

Eso sí, antes de sellar este pacto amistoso, el titular del Juzgado de lo Penal número 1 le recordó muy serio que cualquier recaída o nuevo conflicto en su comunidad implicaría su traslado directo e incondicional a la prisión provincial de Álava. «No se preocupe señoría. La convivencia ahora es bastante normal. Incluso añadiría que casi cordial», respondió este hombre al tiempo que miró sonriente a sus vecinos.

Fotos

Vídeos