«Hay gran potencial en la cultura de Álava pero muchos han de irse fuera»

El organizador del Festival de Teatro de Humor de Araia, Javier Alkorta, Txortas, posa en el centro Ataria de Salburua./BLANCA CASTILLO
El organizador del Festival de Teatro de Humor de Araia, Javier Alkorta, Txortas, posa en el centro Ataria de Salburua. / BLANCA CASTILLO
Javier Alkorta, Txortas / Coordinador del Festival de Araia

El ciclo de teatro de humor sube el listón como referente del verano en el territorio mientras mira ya a su XXV edición de 2018

Natxo Artundo
NATXO ARTUNDO

La labor del artista de Porpol Teatro Javier Alkorta, Txortas, hace que el Festival de Teatro de Humor de Araia luzca el brillo de esta vigésimo cuarta edición, que extiende su manto artístico a 18 localidades del territorio alavés. Gran conocedor del panorama -desde lo más amplio a lo más cercano, a través del Taller de Artes Escénicas- recorre el ‘abecé’ del ciclo de comedia.

- Empezamos por la letra ‘a’. Agosto, Araia, Álava, antzerkia...

- Ja, ja, ja... Alkorta también.

- Son 24 ediciones de un proyecto que ha demostrado que en el desierto que era este mes se puede hacer un festival cuyo ejemplo ha impulsado más actividad.

- No sé si nos podemos arrogar semejante mérito. Cuando empezamos sí que creo que había menos actividad que ahora. Evidentemente, el festival ha demostrado que las cosas en agosto pueden funcionar, que hay gente dispuesta a disfrutar del ocio y la cultura y a desplazarse.

- Así es.

- Normalmente es Vitoria quien fagocita toda la actividad cultural y lo que sucede en los pueblos no trasciende. No es que no pase nada, pasan cosas todo el año. Pero no van más allá y la capital no termina de enterarse de que el resto del territorio existe en este plano de la actividad cultural. En Araia -no sé por qué méritos o casualidades, pero hay mucho trabajo- el festival consigue mover a la gente y llevarla hasta allí.

- El ciclo tuvo sus peleas de infraestructura con el antiguo Arrazpi. El año pasado, decía usted que la escasez de recursos impedía programar con ambición, ya de partida.

-No es para lanzar campanas al vuelo ni para tirar cohetes, pero yo creo que del año pasado a este han cambiado cosas. Quizás como consecuencia del discurso lastimero que esgrimíamos entonces. Lo cierto es que estaba más que fundamentado. La crisis ha hecho mella en todas partes y decíamos que tras años de resistir ya estábamos al límite de la resistencia. Y que, si seguía sin ser posible una mayor apuesta, igual era el momento de decidir que ya estaba bien, que no aguantábamos más y se tenía que acabar.

- ¿Y recoger los trastos?

- Sí, que quizá lo nuestro era una quimera y que no había lugar para un festival de estas características... Yo sí achaco a esta actitud nuestra el hecho de que este año haya habido una apuesta importante y una demostración de confianza y fe en el proyecto tanto por parte de la Diputación como del Gobierno vasco. Esto no quiere decir que estemos boyantes.

«Hay una tendencia claraa mezclar en los trabajos de calle esas técnicas circenses y el clown» Artes escénicas

- ¿Cómo están?

- El año pasado hablábamos de un presupuesto similar al de 2003. Ahora es similar al de 2007. Seguimos estando muy atrás pero la tendencia se revierte y la situación ahora mismo es bastante más ilusionante que la del año pasado. Nos aporta una dosis notable de ganas el hecho de que el Gobierno vasco haya considerado al Festival de Araia lo suficientemente importante como para otorgarnos una subvención tres años.

- ¿En qué sentido?

- Es un compromiso que nos avala frente a otros organismos públicos y privados, nos hace sentirnos reconocidos y halagados y, por otro lado, nos obliga a pensar a tres años vista. No para cerrar el festival de entonces pero sí para ir trazando una cierta hoja de ruta. Máxime cuando en el segundo ejercicio el festival cumple 25 años. Confluyen varios elementos que hacen que nuestro discurso sea distinto ahora.

«En La Montaña, por ejemplo, la gente se desplaza por la comarcay es muy especial» Funciones en los pueblos

- ¿Con qué presupuesto cuentan?

- Si nos limitamos a la actividad en Araia, roza los 110.000 euros. Hay que tener en cuenta que son el gasto total, no sólo es gestión y contratación. No tenemos un teatro como el Principal, con toda su dotación técnica y equipo humano, para dedicar el presupuesto a esas otras actividades. Se nos va mucho dinero en estas otras cosas.

Podas, con criterio

- Extraña planta es la cultura alavesa, que después de tanta poda no parece crecer con mucha más fuerza.

- Bueno, no sé qué responderle. No sé mucho de horticultura o floricultura pero sí entiendo que la poda tiene que ser hecha con cariño, con criterio y tampoco sé si se tiene que hacer en el mundo de la cultura. La cultura en Álava tiene un potencial enorme porque hay muchísima gente haciendo cosas, muchísima que se tiene que ir fuera y que luego -eso sí-, por la trayectoria y currículum que se han labrado allí, vienen y les otorgamos pregones y estas cosas.

- ¿Cuando ya son reconocidos?

- Está muy bien, porque sin duda lo merecen, pero habría que valorar si se hace para lucir palmito con las cosas tan buenas que tenemos. Sí, son vitorianos, pero se han tenido que largar porque aquí no tenían dónde desarrollar su talento. El problema es que aquí hay mucha gente con capacidad -tampoco todo el bosque es orégano- y sin embargo conseguir sacar la cabeza y hacer cosas es muy difícil.

«Normalmente Vitoria fagocita la actividad ylo que sucede en los pueblos no trasciende» Desequilibrio territorial

- En este sentido, ¿cómo valora esta primera edición del programa Emergentes que el festival organizó a finales de julio?

- La valoración más positiva que merece es la iniciativa en sí. El intento de hacer algo, buscar nuevos recorridos es importante. Espero que no sea una piedra tirada al estanque sin más sino que las ondas lleguen lejos. Hemos tenido tres trabajos interesantes, bien hechos, que cuentan cosas. Quizás haya que reflexionar sobre cuándo alojarlo. No lo hicimos antes del festival para no coincidir con las fiestas de Vitoria y después no nos parecía que tuviera mucho sentido. Hay que darle dos vueltas, porque artísticamente estamos muy satisfechos pero no tuvimos todo el público que sería de desear. Con los errores también se aprende.

- Con la ‘b’, el buen tiempo es clave, sobre todo, en los pueblos. ¿Se mira con preocupación al cielo?

- Depende mucho de tipo de espectáculo. Si, como suele suceder con cierta frecuencia, va vinculado a acrobacias circenses, con el agua pueden ser peligrosas. En algunos pueblos disponen de infraestructura para llevarlo a un espacio cubierto, aunque nunca es lo mismo. Los espectáculos de calle tienen ahí su verdadera razón de ser y se disfrutan más allí. Pero los imponderables son los imponderables, aunque da mucha rabia suspender. Los riesgos se asumen, vamos a cruzar todos los dedos, ja, ja, ja.

- ¿Se nota en estas localidades más hambre de espectáculos?

- Sí. Llevamos muchos años trabajando por la Montaña Alavesa, por ejemplo. En Korres, Apellaniz, Vírgala o Azazeta la gente se desplaza por la comarca para disfrutar del espectáculo y es muy especial. Las compañías, que giran por todo el mundo, se ven en un pueblecito vacío cuando montan y el alcalde a lo mejor está cosechando. Pero a la hora de la función empieza a aparecer la gente y el ambiente es muy gratificante.

«Artísticamente estamos muy satisfechos pero no tuvimos todo el público que sería de desear» Programa Emergentes

Las tres ‘c’

- Otra letra, importante, es la ‘c’. Tiene clown, tiene circo y tiene calle.

- Efectivamente. Son elementos que coinciden en muchas de las propuestas. Hay una tendencia muy clara a mezclar en los trabajos de calle esas técnicas circenses y el clown, que ha tenido una divulgación muy importante de un tiempo a esta parte. No siempre positiva, porque ponerse una nariz roja y hacer el gilipollas no es todo. El clown es un arte muy difícil y cuesta trabajo ver gente que lo defienda con dignidad. Este año vamos a tener en Araia a Maite Guevara que es una grandísima clown de Vitoria. Y hay otros trabajos como el del Capitán Maravilla o Niño Costrini. Son diferentes maneras de entender el clown pero con trabajos muy válidos y reconocibles.

- El público era hace siete años un 60% de Araia y de Vitoria había un 20% o un 25%. ¿Y ahora?

- Creo que la proporción se está manteniendo. En estos dos o tres últimos años teníamos la sensación de que la queja que esgrimíamos tenía un efecto un tanto negativo sobre algunos, aunque no afectaba de forma ostensible a las cifras generales. Hemos cambiado de discurso y esperamos que también cambie esa tendencia.

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