De Gauguin al periodismo fotográfico

Fernández escogió el Bellas Artes para celebrar el acto. / Rafa Gutiérrez

El editor gráfico Juan Ignacio Fernández presentó ayer su primera novela en Vitoria

JUDITH ROMERO

Una imagen publicada en las hojas de un periódico puede terminar siendo olvidada por sus lectores, pero permanecerá para siempre en el recuerdo del fotógrafo. Al igual que un cuadro. Con una trayectoria profesional de cuatro décadas a sus espaldas, el periodista bilbaíno Juan Ignacio Fernández, jefe de edición de fotografía de EL CORREO, se introduce en el mundo de la novela con ‘Las lavanderas de Gauguin’ (Arte Activo Ediciones), un recorrido por la cruda realidad de los años 80. Fernández escogió el Museo de Bellas Artes de Vitoria como el escenario de su presentación en la capital alavesa, en la que le acompañó su editor Roberto Lastre.

«El protagonista tiene una relación muy intensa con el Bellas Artes de Bilbao», reconoce Fernández. A él mismo le impactaron obras como ‘El rapto de Europa’ o ‘San Sebastián curado por las Santas Mujeres’ cuando se encontró con ellas por primera vez en sus salas durante su infancia. En el texto, la fascinación que el joven Octavio Colina siente hacia la capacidad narrativa de las imágenes y la autenticidad que transmiten le lleva a desoír los consejos de su padre. Imágenes como las de la Guerra de Vietnam lo sobrecogen y le hacen cuestionarse el mundo tal y como lo conoce, pero la tienda de ultramarinos familiar no consigue saciar su curiosidad.

«La fotografía le parece la manera natural de contar lo que sucede a su alrededor, y su inquietud por la cultura y la actualidad lo acercan al mundo del periodismo», explica Fernández. La vida de Octavio cambia cuando un periódico local le otorga su primera oportunidad, y la experiencia cambia por completo la percepción que tenía sobre la profesión. El protagonista abandona la comodidad de una sala de museo en la que contemplar un cuadro en silencio y los abrazos amorosos de sus padres por situaciones tan abruptas como accidentes de tráfico, tragedias como la del monte Oiz, asesinatos o los actos terroristas que sacudieron el Bilbao de los 80. Las similitudes entre la historia de Octavio Colina y la del autor podrían hacer pensar en una novela autobiográfica. «Todo lo que haces tiene que ver contigo, pero no se trata de mi historia y varios pasajes del libro no son reales», aclara Fernández.

Reflexión sobre la imagen

‘Las lavanderas de Gauguin’ contrapone situaciones humorísticas con episodios oscuros de la historia de la capital vizcaína y establece una dualidad entre el arte y la realidad. Fernández, que escribió un ensayo sobre el fotoperiodismo en la Transición en 2015, se introduce en el mundo de la novela con un libro que comparte el mismo periodo histórico que aquel estudio. «Me apetecía cambiar de registro y tratar acontecimientos posteriores a 1982 que no abarqué en ‘Cuando la luz cambió’», señala el autor.

La realidad a la que se enfrenta Octavio, que hace avanzar la trama hasta los años noventa, frustra incluso una de sus relaciones amorosas de la mano del terrorismo de ETA. Más adelante, su amor por la pintura le lleva a cambiar Bilbao por lugares tan lejanos como Brasil o Rhode Island. «Las imágenes pictóricas tienen la capacidad de sanar, su fuerza no te abandona nunca y puede ayudar a superar momentos de zozobra y dificultades personales», confía Fernández.

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