La forma de comulgar

La torre de Foronda es la seña de identidad del aeropuerto./R. Gutiérrez
La torre de Foronda es la seña de identidad del aeropuerto. / R. Gutiérrez
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Lo comentó un familiar en la comida del domingo. La conversación iba de fútbol y, como tantas otras veces, el omnipresente deporte sirve como metáfora para explicarlo todo a través de una parte. El cuñado venía a decir que los bilbaínos (creo que pronunció el gentilicio sin tilde) son lo más parecido a la forma consagrada de comulgar. Que mientras ellos veían en la clasificación de Primera lo 'cerca' que anda el Athletic de Europa, aquí calculábamos las cuentas de la salvación hasta en decimales. Y resulta que el equipo rojiblanco le lleva la disparatada ventaja de ¡un punto! al albiazul. El hombre vive en San Sebastián y le pregunté si la afrancesada sociología de su ciudad de residencia se parece a la nuestra. Me respondió que, aun con todos los matices convenientes, se aproxima más a la vitoriana que a la del Botxo.

La anécdota a la hora del almuerzo tardío es un ejemplo significativo de la numantina defensa que Bilbao y Bizkaia por extensión practican de sus intereses particulares en un concepto de mapamundi local. Algo así como que el universo gira alrededor de la Gran (aumentativo, claro) Vía y sus afluentes. O de sus sucesivos aeropuertos, tan cercanos que Loiu se levantó enfrente de Sondika. Tal vez venga bien retornar al primer párrafo, en el que hablaba de osadías y prudencias, para entender que nos haya salido un aliado a 113 kilómetros. Ernesto Gasco, teniente de alcalde donostiarra que algo sabrá del traslado de seres humanos por su anterior cargo de viceconsejero vasco de Transportes, apuesta por Foronda como terminal de cabecera de Euskadi.

El edil socialista recurre a algo tan extraño como el sentido común y alude al racionalismo que no comprende lo de un amor en cada puerto o un aeropuerto en cada capital. Pero me temo que esa entente easonense-gasteiztarra se estampará en una colisión frontal contra el peso específico -político y demográfico- de un Bilbao jerárquico, que une a sus gentes en una causa común y vive con las carantoñas permanentes del partido-guía.

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