Flagrante involución

ÁNGEL RESA

Cualquier dato relativo a la delincuencia sobresalta porque enciende las alarmas de nuestro básico y natural instinto de protección. Todo aquello que vivimos como una amenaza tiende a restarnos la serenidad interior que hasta los espíritus más inquietos tratan de fijar dentro de su alborotado sistema nervioso. Por supuesto que desazona leer datos sobre el incremento de robos en pisos o camarotes y, sobre todo, la turbadora vuelta de tuerca que supone el uso cada vez más indiscriminado de la fuerza por parte de algunos para apropiarse de lo ajeno. Pero en la memoria de los cuerpos policiales referida a 2017 en Vitoria y Álava hay un capítulo muy preocupante que incita al desánimo y desata una cascada de preguntas cuyas repuestas ignoro si se lleva el viento.

Me refiero a la indeseable subida estadística de agresiones y abusos sexuales a cargo de chicos jóvenes contra compañeras, amigas, novias o mujeres desconocidas. Algo o mucho debemos de hacer socialmente del revés si el lógico y previsible progreso a mejor de las costumbres y los respetos degenera en una involución flagrante. Esta gruesa columna del ‘debe’ tendría que ponernos a cavilar sobre educaciones y valores o llegar al descorazonador desenlace de que con cierta chavalería no hay quien pueda. De algún modo habrá que abrir puertas y ventanas para que entre el aire fresco del raciocinio y la humanidad entendida en el sentido más amplio de su ancho término.

Hay comportamientos deteriorados desde la raíz que atentan contra la esencia pura de las libertades individuales inalienables que han de amparar a ellas y a nosotros. Hablo de la titularidad pérfida e inadmisible que ciertos jóvenes ejercen sobre las vidas de sus parejas femeninas como si les pertenecieran, escribo acerca de un patrimonialismo perverso que se traduce en vigilancias insidiosas, control de móviles, chequeo de charlas y más. Y también, por desgracia, me refiero a la asunción inaceptable de semejantes coacciones que atentan contra su dignidad por parte de algunas chicas que intuyen cariño en los vicios de sus carceleros.

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