La felicidad de Mary Helen

Mary Helen expresa su felicidad con la lengua de signos./Rafa Gutiérrez
Mary Helen expresa su felicidad con la lengua de signos. / Rafa Gutiérrez

Álava reconoce la labor de los profesionales forales y de la Once que han ayudado a esta joven sordociega a recuperar su autonomía

Rosa Cancho
ROSA CANCHO

Carmen Josefina contrajo la rubeola cuando gestaba a Mary Helen. La pequeña nació sorda, pero supo desenvolverse en la vida manejándose con salero en la lengua de signos de su país, Venezuela. Veinte años después quiso el destino ponérselo más difícil y la mortificó con un glaucoma que le ha devorado la vista. Mary Helen migró junto a su familia a Vitoria hace ya 17 años, relata su madre. Al principio, se apañaba con los cursos y talleres de la asociación de personas sordas, pero conforme su capacidad visual mermaba hasta casi ni existir, le resultaba más difícil «encajar».

Durante cinco años Carmen vio como su hija se retraía hasta que se aisló. Un cambio de domicilio hizo que su frágil equilibrio interior se rompiera y la alegre Mary Helen empezó a delirar. No estaba bien, pero no existía en Vitoria un recurso adaptado a sus necesidades, relata la madre, que llamó a todo tipo de puertas. La solución llegó de la mano de la Once y de los profesionales del Centro de Autonomía Personal (CAP) y del Centro Ocupacional Ariznabarra dependientes del Instituto Foral de Bienestar Social. Entre todos han devuelto la sonrisa a Mary Helen, que ahora tiene 44 años. Ha pasado de vegetar delante de la tele a comprar el pan, bailar o coger sola el autobús.

Rosa Zalama, técnico rehabilitadora de la organización nacional de ciegos Once, ya trabajaba con Mary Helen desde hacía unos años, entre otras cosas para enseñarle la lengua de signos española, que difiere de la venezolana. Ahora también media para que sea su entorno –familiares, compañeros y educadores– el que pueda comunicarse con su alumna. No hay nada mejor que tener una meta para comerle el terreno al abandono. Desde hace ya tres años, Mary Helen acude por la mañana al CAP (Pedro Asúa) donde recupera sus habilidades personales. «Hoy hemos aprendido los nombres, también hemos hablado del acto de este jueves y hemos pintado una flor. Me encanta escribir y pintar y todo lo que sea de colores y muy grande me gusta», relata Mary Helen moviendo las manos a ritmo vertiginoso. Aunque aún conserva un resto de visión en un ojo, ha aprendido a interpretar la lengua de signos a través del tacto y ya maneja el bastón rojo y blanco que distingue a las personas con discapacidad auditiva y visual.

«Cambio total»

Cuando acaba allí coge el autobús y regresa a su casa de Zabalgana a comer. Echa una siesta y se prepara de nuevo para coger otro urbano, esta vez con destino al centro de Ariznabarra. Su responsable Iker Abaitua y la pedagoga Raquel Maestro explican que allí participa en talleres y también recibe una vez a la semana el apoyo de Rosa .«Nuestro propósito es intentar integrar a Mary Helen en el mundo laboral, que tenga una vida lo más independiente posible y que se relacione con más gente», relata la pedagoga. «Es muy colaboradora, está siempre dispuesta a aprender y participar», agrega Abaitua.

‘Lee’ las manos de Rosa en presencia de su madre.
‘Lee’ las manos de Rosa en presencia de su madre. / Rafa Gutiérrez

Es una experiencia única que tiene un antes y un después. «El cambio ha sido total. Está animada. Ella ahora tiene sus rutinas, deberes y eso le hace muy feliz. Se levanta a las seis y una hora antes de que llegue el autobús ya ha desayunado y se ha vestido. Ha recuperado las ganas de hacer cosas», relata con orgullo su madre. Hasta en casa ha conquistado terreno. «La plancha es mía, no quiero que la coja nadie más. Lo hago muy bien», dice. También adora sus excursiones con Asocide, la asociación de sordociegos de Euskadi, con la que acaba de visitar Andorra. Aguarda impaciente a que llegue al buzón la carta con la siguiente cita. «Me encanta ir porque nos tiramos charlando mucho tiempo».

Le da «un poco de vergüenza» sentirse protagonista de esta aventura coral que este jueves va a ser reconocida en la entrega de los primeros premios a las ‘buenas prácticas’ que organiza el Instituto Foral de Bienestar Social.

Centros pioneros para menores en riesgo

Esta es la primera vez que el Instituto de Bienestar Social que dirige la diputada Marian Olabarrieta decide reconocer las ‘buenas prácticas’ que realizan sus equipos. Además de la experiencia de Mary Helen, la institución distingue este jueves el trabajo de las personas que se encargan de unos centros que en su día fueron pioneros en todo el Estado. Se trata de los espacios de acogida a los que acuden los menores que se encuentran en riesgo de desprotección por las tardes y donde educadores especializados les ayudan con los deberes, actividades extraescolares y otras necesidades. Es un recurso más para evitar separar a esos menores de sus padres. Hoy existen tres centros de este tipo en todo el territorio.

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