Federico Baraibar, el sabio amable

El historiador pasó las inscripciones romanas halladas en Iruña a calco./Archivo Provincial
El historiador pasó las inscripciones romanas halladas en Iruña a calco. / Archivo Provincial

Se cumplen cien años de la muerte del que fue profesor, etnólogo, alcalde de Vitoria y presidente de la Diputación de Álava

Rosa Cancho
ROSA CANCHO

«Fue alma de toda empresa cultural relacionada con Álava en el último medio siglo. Como profesor era un gran ‘causeur’ (conversador), digno de las más altas aulas universitarias y sólo los que le conocimos pudimos apreciar la serenidad de su carácter, el humor de su espíritu, su perfecto equilibrio en todo. Enamorado de la áurea mediocridad –que para él constituía la esencia de la vida alavesa– era un sabio modesto y amable». Así describía en 1920 el euskaltzale Odón Apraiz a su profesor Federico Baraibar Zumárraga (Vitoria 1851-1918). El 28 de febrero se cumplen cien años de su fallecimiento y sólo un sello conmemorativo de la Sociedad Filátelica Alavesa recordará la figura de un hombre que fue escritor, maestro, arqueólogo, traductor, presidente del Ateneo, director del mítico Instituto de Segunda Enseñanza, primer alcalde de Vitoria del siglo XX y el primer presidente de la Diputación de Álava que dio un discurso en euskera. Y pese a todo, un gran desconocido para la mayoría de los alaveses.

¿Quién fue ese hombre que hoy da nombre a una calle y que en su día se lo dio también a un instituto? Para empezar, un hijo de su época. No existe una obra dedicada íntegramente a su figura pero el catedrático Apraiz, historiadores como Antonio Rivera y José María Ortiz de Orruño o el arqueólogo Armando Llanos le han abordado en sus diferentes facetas, como docente, articulista, precursor de la arqueología en Álava o político conservador y tiene también su espacio en la enciclopedia de cultura vasca Auñamendi.

Ortiz de Orruño ayuda a contextualizar el momento que vivía Vitoria en los años en que Baraibar ocupó todo tipo de cargos. El maestro, que no tuvo hijos, creció en el seno de una familia burguesa vitoriana, en una ciudad de unos 15.000 habitantes que vivía entonces su edad de oro. La conocida como ‘Atenas del Norte’ era cuna de intelectuales con grandes inquietudes de progreso, tenía instituto de bachillerato, una universidad libre, conocidas tertulias, academias cervantina, de ciencias médicas y de ciencias de la observación y ya existían ‘La viajera’, el Casino Artista Vitoriano, el Ateneo y decenas de periódicos y revistas.

Federico Baraibar, ya alcalde, en su despacho del Ayuntamiento.
Federico Baraibar, ya alcalde, en su despacho del Ayuntamiento. / Archivo Provincial

En este ambiente al que tenían acceso unos pocos hombres, Federico Baraibar se licencia en Derecho y se doctora en Filosofía y Letras con apenas 20 años. A esa edad ya era maestro y con cinco más, catedrático de Latín en el prestigioso Instituto de Bachillerato. No llegaba a la veintena y ya dio en el recién nacido Ateneo su primera conferencia sobre la España romana, según describe Apraiz. Escribe en la revista de la institución, mantiene correspondencia con publicaciones catalanas, traduce del griego a Aristófanes y alimenta sus conocimientos sobre literatura, lingüística e historia. Sus estudios comprenden más de 40 volúmenes que incluyen trabajos periodísticos. «Formaba parte de una élite local y eso puede explicar su entrada en política».

Logra ser presidente de la Diputación y alcalde de Vitoria a finales del siglo XIX y principios del XX de a mano de ‘La casa’, como describen Rivera y De Pablo a la familia de caciques ayaleses de los Urquijo, conservadores y monárquicos. En esos momentos, aporta Ortiz de Orruño, la ‘Atenas del Norte’ empieza a «marchitarse». Se pone en marca el sistema político ‘canovista’, extremadamente conservador y más restrictivo, entre otras cosas, hacia la libertad de pensamiento o de religión. Mientras, Bilbao crece con la industralización y figuras destacadas del progresismo alavés van a la capital vizcaína o a Madrid. «Aunque siguen en activo el Ateneo o el instituto, ya no son lo mismo. Se cierra la Universidad Libre y Vitoria empieza a ser una ciudad muy provinciana», describe el profesor de la UPV.

Del paso de Baraibar por las dos principales instituciones quedan los consabidos retratos, fotografías, la defensa de las escuelas alavesas, algunas mociones a favor de conservar tradiciones como la del Rosario de Los Faroles y un incipiente museo de arqueología, según destaca la experta en filatelia María Begoña Imaz en una breve biografía.

Arqueología romana

Son sus estudios relacionados con el País Vasco por lo que resulta más presente en la bibliografía local. Odón Apraiz, que le tilda de «cultísimo y laborioso investigador», revela que como arqueólogo fue el primero en dar a conocer el dolmen de Sorginetxe (Arrizala) en 1879 en el diario bilbaíno ‘Irurac-bat’. Publicó más artículos sobre el megalitismo, pero destacó sobre todo por sus estudios sobre arqueología romana. Debía conocer Iruña como la palma de su mano y de hecho él mismo, como miembro de la Academia de Historia, se encargó de la reproducción de las inscripciones irunienses en calcos y disertó sobre caristios y autrigones. No contento con el mundo romano, también profundizó en la Edad Media con un valioso inventario del románico que acompañó de 157 fotografías.

Pero quizá sus publicaciones más citadas tienen que ver con las palabras alavesas que recopiló durante décadas con minuciosidad, entre ellas el ‘Vocabulario de palabras usadas en Álava y no incluidas en el Diccionario de la Real Academia Española’. Fue un trabajo lingüístico que le llevó además a profundizar en la toponimia vasca. Tradujo obras del hebreo, el griego y el latín y su amor por la lengua vasca le impulsó a pronunciar el primer discurso en euskera de un presidente de la Diputación alavesa durante un concurso agrícola. De aquello dio fe en 1919 un cronista local, que escribía esto de su figura: «Baraibar, que antes de sentarse en la poltrona presidencial había adquirido entre los humanistas e intelectuales autoridad más respetada que en la prensa local, insaciada de zaherirle, hizo un presidente de cuerpo entero y de su época».

250 sellos para recordar al maestro

La Asociación Filatélica Alavesa, muy implicada en la divulgación de la cultura local, ha querido recordar con un sello la figura de Federico Baraibar, además de etnólogo, historiador y político epigrafista y estudioso de la numismática, según detalla su presidente, Juan Cerrato. Sus socios han editado cerca de 250 sellos conmemorativos del centenario de su fallecimiento y se quedan con la pena de no haber podido lograr apoyo del Ayuntamiento para completar el homenaje con un matasellos de correos. Celebraron el pasado fin de semana la presentación del sello con una breve conferencia sobre su figura a cargo de María Begoña Imaz. El sello está a disposición de las personas aficionadas, coleccionistas y filatélicos en la sede de la Asociación Filatélica Alavesa, en el Cantón de las Carnicerías, 1.

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