Al fascista Faustino le quitan la medalla

Expedicionarios de la División Azul en la capital alavesa. Fotografía de la Exposición 'Europa en llamas. Ecos de la Alemania nazi en Vitoria'. / Exposición 'Europa en llamas'
Historias perdidas de Álava

El divisionario azul alavés, que recibió la distinción por las presiones del régimen franquista, además de combatir en Rusia estuvo preso en los gulags soviéticos hasta 1954

FRANCISCO GÓNGORA

A Faustino Ortiz de Zárate Beitia le van a quitar la medalla de Vitoria. Nunca debió recibirla. Fue impuesta por el régimen franquista. Es algo en lo que coinciden tanto el actual Ayuntamiento, como los colectivos de memoria y los historiadores, que consideran que fue un caso en el que todo se forzó. Los vencedores de la Guerra Civil obligaron al Ayuntamiento a concedérsela aunque el municipio no estaba de acuerdo.

Pero la biografía de Faustino es de auténtica película, al margen de su ideología. El cine español de los años cincuenta, por cierto, utilizó a estos llamados héroes de Rusia para filmar varias películas, entre ellas ‘Embajadores del infierno’ (1956) , de José María Forqué, basada en una novela de Torcuato Luca de Tena sobre un personaje real, el capitán Palacios Cueto. Contaba precisamente las duras peripecias vitales que sufrieron estos hombres durante los once años de cautiverio.

La historiadora Virginia López de Maturana ha sido la encargada de elaborar un extenso informe sobre los vestigios del franquismo, símbolos y calles que aún perduran en Vitoria. De entre todas las medallas de Vitoria concedidas ella también es partidaria de revocar la de Faustino Ortiz de Zarate.

El motivo no es por el propio personaje, que vivió una odisea humana de la que poca gente salió viva, sino porque fue la Delegación Provincial de Excombatientes quien solicitó al Ayuntamiento de Vitoria que se concediera esta distinción a Faustino Ortiz de Zárate Beitia, un antiguo combatiente de la Guerra Civil que se alistó también voluntario en 1941 a la División Azul. Tras haber sido hecho prisionero por los soviéticos, estuvo internado en diversos campos de concentración, conocidos como gulags, no pudiendo regresar a España hasta 1954, una vez muerto Stalin.

Negativa y presiones

Fue en estas circunstancias en las que la Delegación Provincial de excombatientes solicitó la medalla, a lo que el Ayuntamiento vitoriano, entonces presidido por Gonzalo Lacalle, respondió que «no puede concederse la condecoración que se solicita, ya que el reglamento para la concesión de la misma dispone que la Medalla de la Ciudad de Vitoria se concederá para premiar a las personas que más se distingan por sus trabajos en pro de la capital de la provincia de Álava y además de las personas que hayan realizado trabajos de cualquier índole en favor y provecho de la ciudad. Cinco días más tarde, tras la decidida intervención y presión del gobernador civil Martín Ballesteros se concedía la Medalla de Plata –considerada de menos rango– «al excombatiente de la División Azul, Don Faustino Ortiz de Zárate Beitia».

Poco después, Tomás García Rebull, entonces Delegado Nacional de Excombatientes, se dirigía al propio alcalde Lacalle agradeciéndole el «loable proceder de ese Ayuntamiento que ha sabido valorar el comportamiento de un camarada que lejos de su tierra y sin esperanzas de liberación, mantuvo en unión de otros españoles, el respeto, amor y dignidad de su Patria, hasta llegar a ser admirado por sus propios enemigos».

Esta concesión, por su contexto, es «claramente exaltadora de la dictadura», prosigue López de Maturana. Se trataba, por un lado, de un acto de presión de la Delegación de Excombatientes sobre un Ayuntamiento y, por el otro, el galardonado había marchado voluntario a luchar en las filas con la Alemania nazi. Por lo tanto, en este caso, recomienda la revocación de la Medalla de la Ciudad.

Miseria, hambre y un frío

Hasta aquí la cuestión informativa de estos días. Sin embargo, sabemos que Ortiz de Zárate era vitoriano y que formaba parte de un grupo de varios centenares de divisionarios españoles que fueron hechos prisioneros en el frente ruso a lo largo de los años 1941-1944 y enviados a campos de concentración, tales como Borovichi, Jarkov, Rewda o Vorochilogrado. El cautiverio fue largo, tenían que trabajar muy duramente, pasaron una espantosa miseria, hambre y un frío que los congelaba, todo ello agravado por un trato tan duro e inhumano que muchos de ellos murieron.

El magnífico comportamiento de los supervivientes, fue reconocido por sus propios guardianes, que se maravillaban de la gallardía, del aguante y de la indestructible fe de estos soldados españoles.

Una gran parte de los divisionarios supervivientes, entre ellos trece vascos, incluido Faustino, regresaron a España en el barco «Semíramis» que atracó en el puerto de Barcelona el 2 de abril de 1954, a las 5 de la tarde, casi 9 años después de haber terminado la guerra y tras haberse repatriado los últimos prisioneros alemanes, italianos y de otros aliados del Eje.

El barco Semíramis, en el que viajó Ortiz de Zárate, a su llegada a Barcelona.

La prensa del régimen, los nodos se encargaron de envolver el acontecimiento con mucha propaganda patriota, además de la emoción de los familiares que volvían a ver a los que creían muertos. El buque ¡Semíramis’ entró por la bocana del puerto de Barcelona enarbolando la bandera de la Cruz Roja. Llevaba a bordo 248 combatientes, también había niños de la guerra. Las escenas que se vivieron en el puerto de la Ciudad Condal y aledaños, merecieron el calificativo de indescriptibles por la prensa. Estallidos de cohetes, clamor de sirenas, compases de música militar, voces de júbilo, gente que subía a la cubierta escalando por las maromas, madres que volvían a ver a los hijos que creían muertos, desvanecimientos, lágrimas y muchas sonrisas. La emoción embargaba a los que aguardaban a «aquellos héroes que regresaban a la Patria tras más de diez años de cautiverio y penalidades sufridos en la URSS». Faustino era uno de ellos.

Sin embargo, y lo observa Virginia López de Maturana, tras el regreso inicial a estos hombres se les hizo un gran vacío. La prensa local no dedica nada al divisionario vitoriano. «Lo más probable es que no quisieran darle bombo, pues a pesar de que a la División Azul la despidieron con entusiasmo en 1941, el regreso se hizo en silencio ya en 1943-44. No digamos en los 50... Al régimen no le interesaba airear que habían participado con la Alemania nazi, menos cuando les estaban reconociendo a nivel internacional».

Fotos

Vídeos