Fallece un menor de 17 años al caer desde el tejado de un pabellón abandonado de Vitoria

Puerta principal del pabellón donde ocurrió el fatal accidente y, en una esquina, la escalera por la que pudieron subir los jóvenes.
Puerta principal del pabellón donde ocurrió el fatal accidente y, en una esquina, la escalera por la que pudieron subir los jóvenes. / H. Madariaga

Acompañado por varios amigos, subió a tomar unas fotos a una nave industrial de Ali-Gobeo y al pisar una placa de uralita ésta cedió, precipitándose desde unos doce metros

David González
DAVID GONZÁLEZ

La búsqueda de un mejor ángulo para captar unas fotografías acabó en tragedia. Un menor de diecisiete años perdió la vida a última hora de la tarde del domingo tras precipitarse al vacío desde el tejado de un pabellón abandonado, ubicado en el polígono industrial de Ali-Gobeo. Al parecer, el adolescente pisó una placa de uralita que cedió a su paso con fatales consecuencias. Nada pudo hacerse por salvarle debido a que se precipitó desde una altura de unos doce metros.

La víctima estaba acompañada por varios amigos, testigos del infortunado accidente, que trataron de auxiliarle. Inmediatamente, alertaron a sus familias y al 112. Sin embargo, todos los esfuerzos por salvarle resultaron baldíos. Ya en la madrugada de ayer, el Juzgado de Instrucción número 3 de Vitoria se hizo cargo del caso y ordenó el traslado del cuerpo al Instituto Anatómico Forense, donde fue sometido a una autopsia. Esta tarde se celebrará un sepelio para honrarle.

«Buen estudiante», «el perejil de todas las salsas» y definido deportivamente como «un buen nadador de explosión tardía», su pérdida quebró el alma de su entorno. De sus familiares y del club de natación Judizmendi, donde en los últimos meses había firmado unos encomiables progresos en la piscina, uno de sus hábitats naturales.

A principios de este mismo mes de agosto debutó en el campeonato de España, celebrado en Cataluña. Pese a la magnitud del escenario, consiguió mejorar nada menos que dos marcas personales. En 200 libres y en 400 libres. Por si fuera poco, participó en los relevos junior. El cuarteto con este joven en sus filas rozó el récord absoluto de Álava. Pese a estar «rotos» por el dolor, miembros de su club le definieron ayer como «extrovertido», «sacrificado» y «muy buen compañero». Y también como un enamorado de este deporte. En el verano de 2013 acudió como un aficionado más a pedir autógrafos a la selección estadounidense, que ultimó en Vitoria el Mundial de Barcelona. El fallecido cursaba estudios en Ekialde.

El recinto abandonado donde ocurrieron los hechos se halla 'escondido' entre varias naves con actividad empresarial. Hace más de un lustro que ya no existía actividad industrial alguna en el pabellón. Se convirtió en el inmovilizado de un expediente más de los cientos de procesos concursales abiertos en los polígonos de la provincia.

Acceso abierto

De esta manera, primero fue pasto de los ladrones, quienes únicamente respetaron la estructura. Por ello, durante la primavera de 2014 y a petición de la Policía Local, los bomberos sellaron el portón principal de su vallado con el objetivo de impedir la entrada de vehículos y, paradójicamente, para evitar accidentes en su interior. También taparon los huecos de las alcantarillas, desaparecidas ante la codicia de los amigos de lo ajeno.

Ayer, este periódico comprobó 'in situ' que buena parte de esa labor ha sido reventada. La verja perimetral ha sido retirada en varios puntos, lo que permite el acceso -a pie- sin dificultad alguna.

Al menos, aquel parche de los bomberos ahuyentó a los ladrones. Y estos dejaron paso a grafiteros locales, que usaron sus paredes como banco de pruebas para su arte callejero. Tanto a lo largo de la fachada como intramuros.

Y estos chicos, quizá sabedores de esta circunstancia, se animaron a acercarse a la propiedad, ubicada a unos trescientos metros en línea recta de la fábrica de Mercedes. «No son jóvenes problemáticos ni muchísimo menos. Simplemente, tuvieron la peor de las fortunas, con unas consecuencias dramáticas», coinciden todos los medios consultados, conocedores del estado del pabellón y del infortunado suceso.

Dividido en tres naves comunicadas entre sí, los adolescentes probablemente subieron a la cubierta de la parte más larga por una escalera lateral. El acceso está al alcance de cualquiera. Las fuentes sondeadas hablan de que buscarían un ángulo inédito para sacar fotografías «de una puesta del sol». Pero la tejavana se resquebrajó al paso de este chico. El techo presentaba ayer varios agujeros.

Accidente de otro chico

Se trata del suceso más grave ocurrido en los pabellones industriales abandonados en Vitoria. Hay decenas y sus propietarios legales, muchas veces entidades bancarias que los han recibido como herencia envenenada, no pueden hacerse cargo de su mantenimiento. Hace unos meses, «un chaval de unos dieciséis años» sufrió un percance similar. Ese incidente le costó «varias fracturas óseas», señalan fuentes policiales.

«En la antigua Esmaltaciones San Ignacio hemos sorprendido a ladrones sobre el tejado, que se halla a más de veinte metros de altura, y no ha ocurrido nada de milagro», recuerdan desde la Policía Local. En su comisaría de Aguirrelanda existen varios informes oficiales que alertan del calamitoso estado de estas superficies, otrora industriales, y de su riesgo para todos aquellos que se internen en estas propiedades de aspecto fantasmagórico.

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