Excavada a propósito

ÁNGEL RESA

Hay fuerzas tan poderosas que resisten el embate de las modas y la corrección política que todo lo invade. Y en este sentido de permanencia que cada año emerge no puedo olvidar, ni quiero, el majestuoso remedo de Belén en La Florida. Ayer se inauguró oficialmente para extender durante nada menos que un mes el sentimiento navideño que, cuentan, nos hace mejores a tiempo parcial. Es la misma coreografía hermosa, inanimada y coral que recuerdo de cuando era un crío de flequillo bien alineado bajo el odioso pasamontañas.

Al margen de las atmósferas y las climatologías distintas entre aquel Oriente lejano en el tiempo de esta Vitoria donde nevaba mucho más el siglo pasado, reconozcan que la gruta que aún devuelve los ecos infantiles e inquietantes del Sacamantecas parece excavada a propósito para albergar al carpintero santo y paciente, la Virgen sin mácula, el Niño redentor, la mula y el buey. Al menos por lo nos han dicho desde pequeños en torno a semejante misterio insondable y a la vera del abeto de bolas preñado y espumillones dibujando curvas.

A la inmutabilidad del Nacimiento en nuestro parque romántico que anuncia unas «fechas tan entrañables», como recitaba el rey destronado en su discurso anual, se le suma el encendido luminoso de las vías públicas que de verdad alegra y una fiesta pagana por añadidura. Me refiero a la del dios Baco, traducida en las tres carpas dispuestas por el certamen vinícola de Ardoaraba. Qué quieren, uno tiende más al caldo que a las iglesias.

Confesado una vez más mi déficit religioso, sí quiero partir una lanza (imaginaria, claro está) en favor de mantener ciertas tradiciones inocuas. En el sentido de que reconfortan a los creyentes y, con tal de no imponerlas, tampoco agreden a la población agnóstica. Y me atrevo a escribirlo en esta época de cuidado dónde pisas, asepsia y látex para envolver creencias, palabras y sentimientos. En esta era donde se cambian las letras de los villancicos hasta desnaturalizarlos y buscamos pareja heterosexual, ahí ha faltado arrojo, a Olentzero.

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