500 euros de multa en Vitoria por ir en bici en sentido contrario

Una denuncia de 500 euros. /EL CORREO
Una denuncia de 500 euros. / EL CORREO

Crece la indignación entre los vitorianos por la severidad de los policías ante infracciones menores y por su tono «intimidatorio»

SARA LÓPEZ DE PARIZA

Faltaban poco más de diez minutos para las cinco de la tarde, llovía a cantaros y Reina transitaba con su bicicleta por la calle Magdalena cuando un agente le dio el alto. El resultado: una multa de 500 euros por circular por la calzada «en sentido contrario al establecido». Esta joven sudamericana pasaba así ayer a engrosar la larga lista de ciudadanos afectados por la ‘huelga de celo’ iniciada por la Policía Local para reclamar más efectivos y mejoras laborales. «No lo entiendo. Venía súper lento, apoyando el pie en el suelo y tocando los bolardos con la mano… no estaba poniendo en peligro a nadie», lamentaba sin poder contener las lágrimas.

«¿Cómo voy a pagar esto? Es que no tengo tanto dinero. ¿Y si no pago la multa qué pasa?», se preguntaba Reina con la sanción en la mano. Quinientos euros, una sanción equiparable a circular en coche en sentido contrario, suponen casi el 80% del salario mínimo interprofesional. Por ‘pronto pago’ se podrían quedar en 250. Pero ello tampoco es consuelo para la mujer, que confesaba desconocer la existencia de esta huelga ‘a la japonesa’. «Me parece de tener muy poca profesionalidad por parte de los agentes, además las formas no han sido las correctas. Iba con prisa para darle el pecho a mi bebé y me la han liado pero bien», compartía entre la rabia y la impotencia.

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Pero Reina no fue la única sancionada mientras pedaleaba. Javier Sánchez tendrá que abonar 200 euros por cruzar con su bicicleta un paso de peatones en Lakua. «Paré pero el coche que venía frenó y me invitó a pasar. Le hice caso y en ese mismo instante me dio el alto un agente que se dirigió a mí en un tono intimidatorio y acusador», relataba el afectado. «Me fastidia mucho porque siempre llevo todo en regla, luces, timbre, casco, y soy de los que siempre respetan tanto a los peatones como a los coches. ¡Menuda huelga! Así lo único que van a conseguir es que los vecinos les cojamos manía», añadía con un enfado considerable.

«Es una vergüenza»

Agustín Arguibai fue uno de los muchos trabajadores de Mercedes que el martes se encontraron con la multa en el parabrisas del coche a la salida del turno de tarde. «No digo que los policías no reivindiquen lo suyo, pero hay otras maneras. Por ejemplo, que se sienten a dialogar con el señor Urtaran o que hagan una huelga de bolis caídos y no entre ni un euro a las arcas públicas. Así sí que harían daño. Pero estamos pagando justos por pecadores», criticaba este operario. «La plantilla ha crecido y los parkings están colapsados. Muchas veces no nos queda otra opción que aparcar mal, estamos todos los compañeros indignados y no es para menos», agregaba.

Durante la jornada de ayer, las sanciones continuaron en las inmediaciones de la fábrica, en la calle Bekolarra. «Me he enterado a media mañana de que estaban multando porque me han pasado la noticia del periódico, si lo hubiera sabido no habría aparcado encima de la acera», se lamentaba Pablo Celorreo cuando pasaban unos minutos de las dos de la tarde. «Me parece que lo están haciendo fatal, siempre van a fastidiar a los mismos». En términos similares se expresaba Toño, otro operario, «llevo dos años aparcando aquí y nunca me habían multado. Es una vergüenza porque aquí al lado hay dos coches abandonados desde hace muchísimos meses y esos no son capaces ni de venir a retirarlos». Los trabajadores desconocían además a cuanto ascendía la multa ya que el importe no estaba indicado en el papel.

Los castigos por aparcar de manera incorrecta llegaron también hasta Abetxuko, que el sábado vivió una oleada de multas de las que fueron víctimas Victoria Andrade y Maricarmen Atero. «Estábamos aparcados en una carretera cortada en la que no hay ni pintura ni señal de prohibido aparcar. Vinieron y se pusieron las botas, fue una vergüenza porque no obstaculizábamos ni molestábamos a nadie», se quejaba Victoria, trabajadora de una pescadería. «Llevamos 30 años aparcando así y nunca ha habido ningún problema», agregaba Maricarmen, su vecina de la frutería.

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