Un estreno esperado y lleno de emociones para la nueva comparsa de Zabalgana

Susana y su hija Sayuri, de 5 años, tardaron cerca de una hora en prepararse. / Igor Aizpuru

EL CORREO acompaña a Susana Fernández y la pequeña Sayuri como comparseras del barrio vitoriano con su disfraz de emoticonos

Sara López de Pariza
SARA LÓPEZ DE PARIZA

Pasan escasos minutos de las cuatro de la tarde y en casa de Susana Fernández comienza el proceso de transformación. Ella y la pequeña Sayuri, de 5 años, desfilan por primera vez en la nueva comparsa del barrio de Zabalgana, que salió con 252 personas, mientras que los chicos de la familia disfrutarán del pasacalles desde la barrera. «Me encantan los carnavales, yo soy muy animada y muy teatrera así que cuando me enteré de que estaban organizando esta comparsa ni me lo pensé. Como la cría ya tiene 5 años me pareció que era el momento perfecto para que ella saliera también», cuenta Susana mientras prepara el maquillaje.

Sayuri se sienta en una pequeña silla en su habitación y gracias a la buena mano de su madre va convirtiéndose paso a paso en un divertido emoticono. «Ayer hice un boceto en papel para tener una guía de cómo nos íbamos a pintar. Además, en el grupo de Whatsapp de la comparsa han ido mandando ideas de maquillaje para los diferentes disfraces», explica sin dejar de dibujar pequeños corazones en la cara ya amarilla de la niña. «¡Hala! Me veo toda roja», exclama Sayuri mirando el contorno de sus ojos.

Susana maquilla a su hija.
Susana maquilla a su hija. / Igor Aizpuru

Además de retomar este 2018 su papel de comparsera, Susana ha participado activamente en la organización formando parte de la comisión de baile. «Nos hemos encargado de elegir las canciones, de preparar las coreografías y de grabarlas en vídeo para que las familias pudieran ir practicándolas en casa. Empezamos el trabajo en octubre y en diciembre ya enseñamos los bailes al resto del grupo». Para demostrar que se los sabe a la perfección, la niña pide el móvil a su madre y, ya llena de purpurina dorada, comienza a danzar al ritmo latino de ‘Madre Tierra’ de Chayanne.

Ahora toca darse prisa para salir rápido y no asfixiarse dentro de casa con todas las capas de ropa que ambas llevan puestas. «Para eso el disfraz es ideal, redondo y súper práctico porque debajo puedes meter todas las prendas que quieras y hasta el bolso. También llevo unos ponchos transparentes por si acaso…», comenta Susana ya metamorfoseada en el ‘emoji’ del diablo morado con cuernos y peluca en el mismo tono incluidos.

Chocolate para calentarse

A las 17.30 horas, más de medio centenar de emoticonos entre los que hay diablos, caritas de besos o cacas -«es un helado de chocolate», aclara una niña- toman el autobús para dirigirse hasta la calle Portal de Gamarra, donde está aparcada la carroza.

«Ahora mismo estoy tranquila y sólo tengo ganas de que llegue el momento para disfrutarlo. Pero la semana ha sido intensa, solucionando imprevistos hasta última hora…», comparte Arrate, una de las madres de las que partió la idea de esta nueva comparsa.

A medida que se acerca la hora de ponerse en marcha -Zabalgana es la última carroza y tiene prevista la salida hacia las 19.30 horas-, Susana confiesa estar con la adrenalina a tope». «Si te gusta esto es un momento muy emocionante. Después de tanto tiempo ensayando es la hora de sacarlo todo».

Las comparseras ultiman detalles antes de salir de casa.
Las comparseras ultiman detalles antes de salir de casa. / Igor Aizpuru

Ella y la pequeña Sayuri alucinan cuando ven la carroza en persona por primera vez, repleta de emoticonos y hasta con contenedores de reciclaje. «Creo que somos la única comparsa que llevamos contenedores de reciclaje para tirar las botellas de agua que vamos bebiendo, pero nos parecía algo súper necesario para no ensuciar toda la calle. Ojalá el próximo año nos copien la idea todos», desea Laura, otra de las organizadoras.

Después de tomar un chocolate caliente para entrar en calor, Susana y Sayuri ya están listas para bailar sin parar enfundadas en sus disfraces de emoticonos. Sólo queda disfrutar lo máximo posible, con o sin poncho impermeable, y descansar para repetir esta mañana la misma rutina junto con los otros 250 compañeros de la comparsa. Si alguien se duerme, le avisarán con su ‘emoji’ por Whatsapp.

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