Más espectadores y «mayor calidad» en el balance final del XXI Cortada

El Aula Fundación Vital acogió la mayoría de las sesiones, así como la gala final del sábado. /Rafa Gutiérrez
El Aula Fundación Vital acogió la mayoría de las sesiones, así como la gala final del sábado. / Rafa Gutiérrez

La reducción en el número de piezas seleccionadas, de 98 a 66, elevó el interés de las sesiones de proyección

LAURA ALZOLA

Cortada, el festival de Cortometrajes de Vitoria-Gasteiz, ha vuelto a ser un éxito. La vigésimo primera edición, que comenzó el pasado 28 de noviembre y concluyó el sábado, ha batido los récords en asistencia del público. «Estamos muy contentos con la afluencia de espectadores, tanto entre semana como el sábado. Se ha vuelto a demostrar que Cortada funciona», asegura Kepa Sojo, el director de un certamen que este año ha contado con el patrocinio de EL CORREO. El único día que se notó «un pequeño bajón» en la afluencia, fue el viernes. Eso sí, por causas meteorológicas. «Mucha gente no llegó a la primera sesión por la nevada, como tampoco pudieron estar puntuales para la proyección cuatro de los directores», detalla el responsable del festival.

Más allá de la ocupación de las butacas de la sala Fundación Vital, este año la organización decidió prescindir de la sesión de las 17.00 horas y concentrar las proyecciones en las dos siguientes. Una decisión con la que Sojo, al mando del certamen desde 2009, se muestra satisfecho: «Ha sido mejor, porque la calidad ha aumentado, y lo bueno se ha concentrado más». Y es que, a raíz de este recorte, se seleccionaron 66 cortometrajes para su proyección -el año pasado, fueron 98-. «Hemos tenido que hilar super fino, el comité de selección ha trabajado mucho», asegura Sojo. La mesa que filtró la avalancha de cortometrajes estuvo compuesta por Miguel Parra, director de cine y periodista de Canal+; Maite Ruiz de Austria, productora, directora y guionista alavesa; Kenneth Oribe, director de fotografía; Irene Bau, actriz; y Carmen Arocena, profesora de Comunicación Audiovisual de la UPV. «Ellos fueron quienes constataron que había muchísima calidad. Les fue muy complicado ponerse de acuerdo», recuerda Sojo.

Foto final de muchos de los ganadores y organizadores del XXI Festival Cortada.
Foto final de muchos de los ganadores y organizadores del XXI Festival Cortada. / Rafa Gutiérrez

El crecimiento del certamen ya se había hecho notar durante el periodo de presentación de trabajos. «Tuvimos una inscripción brutal», asegura Sojo. En los tres últimos años, el certamen ha pasado de recibir alrededor de 600 cortos a tener que elegir los mejores entre 1.600 trabajos. Un crecimiento sorprendente, que podría tener como explicación que Cortada se convirtiese en 2015 en calificador tanto para los premios Goya como para los Forqué. Además, explica, «cada vez se atreven más amateurs». Una iniciativa que es fomentada por el propio festival, que cuenta con dos secciones específicas para trabajos de estas características: EHUlabur -para alumnos de la UPV- y Unilabur -para todas las escuelas y facultades de España-.

El primer premio de esta edición ha recaido en ‘Madre’, el cortometraje que cuenta la historia de una conversación cotidiana convertida en una trágica situación contrarreloj, cuyo director, Rodrigo Sorogoyen, no pudo estar presente el sábado en la gala de entrega. Tras el acto, se proyectaron los cortos seleccionados en la categoría especial ‘Freaky power’, en la que había resultado ganador Adrià Pagés y su equipo con ‘Ringo’, la historia de una abuela poseída por el espíritu de Ringo Starr.

La clave

Progresión
La calificación para premios y el «atrevimiento» de los amateurs explican las casi 1.600 piezas presentadas, 1.000 más que en 2015

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