El escritor salmantino Luis García Jambrina presenta hoy en Vitoria ‘El manuscrito de fuego’, su última novela

El escritor Luis García Jambrina./Enrique Carrascal
El escritor Luis García Jambrina. / Enrique Carrascal

«Don Francesillo era más libre que muchos críticos de hoy en día», comenta el autor

Laura Alzola
LAURA ALZOLA

El poder y la crítica mordaz no terminan de casar. Ni ahora, ni en 1532, cuando ejerció en la corte española Don Francés de Zúñiga, el bufón de Carlos V al que asesinaron por deslenguado. Lo afirma el escritor salmantino Luis García Jambrina, que estará hoy en Vitoria -20.00 horas, Casa de Cultura Ignacio Aldecoa- presentando su último libro, ‘El manuscrito de fuego’.

Tercer tomo de una trilogía de éxito -quizá nazca una cuarta novela, el libro de García Jambrina narra la investigación de un crimen real y sin resolver. El de «un hombre extremadamente culto, de letras, que fingía estar loco para decir verdades». Un cómico de profesión, Don Francesillo, que legó a la historia una crónica burlesca, «verdaderamente insólita», del séquito del emperador. «Le sacaba punta a todo y no dejaba títere con cabeza; era más libre que muchos críticos de hoy en día» subraya el escritor que le da (y quita) vida en la ficción (Espasa, 2018).

Profesor de Literatura en la Universidad de Salamanca, García Jambrina lamenta que la libertad de expresión esté en horas bajas, «de otra manera y por otras causas, pero de un modo igualmente preocupante», en la actualidad. «Las personas siguen jugándose su libertad por contar un chiste», dice.

Aula de Cultura

Protagonista.
Luis García Jambrina, escritor y profesor de Literatura Española de la Universidad de Salamanca.
Lugar y hora.
Hoy, en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa, a partir de las 20.00 horas.

Y pone como ejemplo al director de teatro Albert Boadella, «el gran bufón de nuestro tiempo que se tuvo que ir de Cataluña por atreverse con la sátira». Aunque reconozca la dificultad de establecer paralelismos entre el empleado de la corte de entonces y los humoristas de hoy en día, el autor salmantino señala «las incoherencias de la relación con la libertad de expresión de los poderosos actuales». «La figura del bufón junto al gobernante ya no existe como tal, quizá porque los propios políticos se han convertido en una caricatura de sí mismos», apostilla el docente.

Defensor de la novela histórica, «a pesar de los prejuicios de muchos sobre el género, en el que a veces parece que cabe todo», García Jambrina explica que ‘El manuscrito de fuego’ se sitúa en una época «extraordinariamente compleja e interesante de España», que merece ser entendida por las generaciones futuras. «La función didáctica de las historias que narran épocas pasadas es enorme, más allá de entretener y emocionar, enseñar es una de las claves de la novela», sentencia. Una misión que, desde su perspectiva, «se aleja de lo ideológico y pretende tender puentes con el pasado», reinterpretando periodos sobre los que «parece que ya hay una verdad establecida e inamovible».

Dosificar la información

La complejidad de este género, dice el autor, reside en dosificar con acierto toda la información. «Que no se note la labor de documentación, que la historia no pierda en agilidad por estar bien fundamentada», explica. Un trabajo riguroso que García Jambrina combina con la ficción, eso sí, bien ambientada. Una vez más, las pesquisas acerca de la muerte de Don Francesillo quedan en manos de Fernando de Rojas, el autor de La Celestina que vivió en aquellos años.

Preguntado por esta elección y por el reconocimiento popular de los clásicos de la literatura, el docente de esta materia responde con sorna: «Parece que los españoles tenemos una relación complicada con nuestros clásicos, los conocemos de nombre, pero no los leemos, como si su condición de éxitos extraordinarios del pasado los petrificase eximiéndonos de ello».

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