Escisiones en la ciudad-estado

Al Ayuntamiento le genera migrañas que el mal rollo salpique el paseíllo de ida y vuelta a una plaza sin toros

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

No será tan memo el autor de esta sección dominical como para discutir la importancia de los blusas en las fiestas de Vitoria. Hasta ese estado de tontería podíamos llegar. Reconocido pues el papel relevante del mocerío que forman ellos y las neskas en pie de igualdad, habremos de convenir que esta capital de las cuatro torres -incluida la de San Miguel donde Celedón vive de inquilino o alquilado- se enreda en debates propios de una sociedad acomodada.

Sin olvidar a la gente que lo está pasando bastante peor que regular, nos entregamos al deporte autóctono de liar la madeja en torno a discusiones que en otros sitios parecerían menores. Aquí tendemos a subrayarlas, pasarles el rotulador para que queden bien visibles en negrita y hasta colocarlas en cursiva. Sólo nos faltan haces luminiscentes de los que utilizan en las pistas de los aeropuertos para aparcar los aviones. Normal, elevamos los problemas a la condición de asuntos de estado, que por algo Vitoria se creó hace unas décadas el estatus de ciudad-estado.

A los protagonistas de ‘Casablanca’ siempre les quedaba París. A las matinales de La Blanca aún les restan las vaquillas, también del género bovino, aunque consentidas y hasta jaleadas

Faltan apenas veinte días para que el aldeano de Zalduondo se encarne en Gorka Ortiz de Urbina el único día del ciclo en el que las cuadrillas, como tales, aún no pisan el escenario urbano de la fiesta. Muy bien representadas quedan en el txupinazo con la indudable presencia física del delegado de Bereziak para el arranque del jolgorio. Y a estas alturas del calendario la preocupación se centra en términos tan políticos como divisiones o escisiones.

Me refiero al complicado entendimiento larvado hace meses entre la comisión que agrupaba a todas y la federación que abriga a las siete que decidieron abandonar la primera. Hay temor en el Ayuntamiento de que salpique con pompas de mal rollo uno de los actos centrales y vespertinos de La Blanca, el paseíllo desde las puertas de la Casa Consistorial hasta los aledaños del Iradier Arena. Iba a decir el recorrido de ida a los toros y vuelta de ellos, pero qué clase de amnesia temporal me ha afectado para no recordar que la feria pasó a peor vida. Al menos, el programa oficial tiene a bien sustituir el itinerario por el vocablo ‘kalejira’.

Pamplona, San Sebastián, Bilbao...

Pues eso, que acaba de concluir el ciclo de San Fermín con la enorme plaza de Pamplona reventada de público en los tendidos cada tarde. Que Donostia anuncia cuatro carteles fastuosos en Illumbe a mediados de agosto y que Bilbao tomará el relevo con las corridas generales de Vista Alegre. Vitoria se queda como la aldea de galos irreductibles que combaten a las legiones romanas, perdón a las taurinas. Entiendo y respeto profundamente los razonamientos de los ‘anti’ sobre el sufrimiento animal, pero cuesta más digerir la hipocresía geográfica o las relaciones asimétricas de quienes aquí niegan un espectáculo que en otros lados toleran hasta el punto de no colocarlo en el punto de mira. Pamplona, sin ir más lejos, que queda a cien kilómetros escasos.

Por cierto, el concejal de EH Bildu en la capital navarra Aritz Romeo presidió desde el palco del monumental coso la corrida de Miura que abrocha cada año los sanfermines. «El toro sigue ocupando un lugar principal en las fiestas», confesaba el edil abertzale y aficionado en la prensa local.

Bueno, cambiemos el tercio que lo de la feria ya carece de arreglo. O solucionada está para los que abominan de ella y sus motivos tendrán. Vuelvo al tema de la división entre los blusas, que genera ciertas migrañas en el Ayuntamiento porque las cuadrillas animan incuestionablemente el ambiente callejero. «Ha habido muchas idas y vueltas sobre este asunto», declaraba hace unos días la concejala socialista de Cultura. Pues sí, que la forma geométrica del bucle la hemos inventado aquí. Ahora, no será este año por acudir a los toros, aun admitiendo que ya hace mucho los componentes de las cuadrillas desertaron de la plaza. A los protagonistas de ‘Casablanca’ siempre les quedaba París. A las matinales de La Blanca aún les restan las vaquillas, también del género bovino, aunque consentidas y hasta jaleadas.

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