Elena Martínez de Madina: «Quito el polvo a los nombres olvidados de Vitoria»

Martínez de Madina iniciará su intervención a las 19.30 horas. /Roberto Arnaiz
Martínez de Madina iniciará su intervención a las 19.30 horas. / Roberto Arnaiz

La filóloga protagoniza hoy la apertura del VIII Ciclo de Conferencias de los Celedones de Oro en Dendaraba

LAURA ALZOLA

Elena Martínez de Madina lleva veintidós años investigando la toponimia histórica del municipio de Vitoria. Es decir, estudiando los nombres propios que los habitantes les han ido dando a los diferentes lugares -tanto en la capital como a 64 pueblos de los alrededores- a lo largo del tiempo. «Me dedico a quitar el polvo de los nombres olvidados, que a veces están escondidos debajo de los actuales». Por ejemplo, recuperando el término ‘Judimendi’ -monte de los judíos- sin ‘z’, que se encontraba tapado y confundido con ‘Judizmendi’. O a reivindicar ‘Oreitiasolo’ -la pieza de Oreitia-, frente a ‘Uritiasolo’.

La filóloga vasca, académica de Euskaltzaindia, también propuso bautizar uno de los nuevos barrios como ‘Borinbizkarra’ -la loma del molino, en euskera- y no ‘Boronbizkarra’, como se etiquetaba desde hacía décadas la zona en los documentos oficiales de Ali-Gobeo. «A menudo nos encontramos con que el topónimo fue cambiado en el siglo XX, tras mantenerse vivo durante cientos de años».

En la charla inaugural del ciclo de conferencias organizado para 2018 por la asociación de los Celedones de Oro -Aula Fundación Vital de Dendaraba, a las 19.30 horas-, Martínez de Medina ofrecerá «algunas pinceladas» del resultado de su labor durante las últimas dos décadas. «Vitoria tiene una gran tradición de poner topónimos a los nombres de las calles y éstos son un bien cultural que hay que cuidar». Una riqueza reconocida como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, que además tiene usos prácticos y cotidianos: la investigadora destapa el término original y lo propone ante las instituciones. «El fruto de este trabajo sirve para normativizar los nombres», afirma. Es decir, para determinar con qué palabra nos referiremos oficialmente los ciudadanos a cada lugar. Y para basar dicha decisión en fuentes históricas.

Método científico

El proyecto en el que trabaja nació de una colaboración entre el Ayuntamiento y Euskaltzaindia y se inició con una gran recopilación de datos. Un equipo de historiadores reunió los topónimos correspondientes al municipio de Vitoria desde finales del siglo XV hasta el siglo XX. Páginas y páginas de documentación de archivos analizados en busca de palabras con los que los alaveses se referían a distintos lugares. El resultado fue un corpus gigante. Es con esta gran base de datos, propiedad de la Euskaltzaindia, con la que trabaja Martínez de Madina.

«Aquí hay una gran tradición de poner topónimos a la hora de denominar las calles»

Los resultados que obtiene del análisis de esta información se publican. Antes, en pesados informes de papel; ahora, en formato CD. Pronto saldrá a la luz la sexta publicación, el tomo número 32 del ‘Onomasticon Vasconiae’. «El orden que se sigue para publicar los pueblos se basa en las merendadas recogidas en el documento ‘La reja de San Millán’ datado en 1025».

La investigadora hace hincapié en la necesidad de seguir un método científico en la toponimia para obtener resultados sólidos. Hoy explicará cuáles son los pasos que se siguen «para poder proponer un nombre y no otro». Y contará también cómo, más allá de cribar el pasado documental en busca del rastro de los nombres de lugares, el proyecto recopila los nombres actuales. «La toponimia es algo vivo, que evoluciona constantemente».

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