ATLETISMO

Elena Loyo, la atleta elegante

Elena Loyo, en el paseo hasta Armentia, habitual lugar de entreno para corredores.
Elena Loyo, en el paseo hasta Armentia, habitual lugar de entreno para corredores. / Jesús Andrade
ALAVESA DEL MES

EL CORREO distingue a la corredora alavesa, todo un referente en España tras sus subcampeonatos de 10 kilómetros y media maratón

OLGA JIMÉNEZ

El valle de Zuia conserva la tradición de haber dado grandes deportistas alaveses. Será porque desde niños la vieja costumbre de corretear por parques y calles sigue vigente en las pequeñas poblaciones del entorno, con Murgia como centro neurálgico.

A apenas un kilómetro, en Amezaga, la pequeña Elena Loyo ya recorría los parajes de un entorno natural privilegiado. En esos pulsos de juventud corría de forma asilvestrada, natural, con un don que años después explotaría. La benjamina de la familia, siempre siguió la estela de sus dos hermanas, enfrascadas en sus estudios. Y así, optó por el más difícil todavía, estudiar una Ingeniería, que compatibilizó con sus enseñanzas de solfeo, txistu y piano. La niña Loyo se convirtió en una mujer atractiva y espigada, que quiso probar fortuna con el mundo de las pasarelas. El título de Miss Álava en 2005 le llegó con 22 años, una adolescencia donde coleccionar experiencias.

Si nadie le corta las alas, se podría convertir en otra deportista ilustre del atletismo alavés

Aquello se quedó en anécdota. Nadie recordó aquel pasaje de su vida hasta que años después Loyo vencía en una carrera en Azpeitia. Casi sin saberlo, comenzó a construir un sueño. En plena madurez y desde la coraza de su timidez, la presencia de Loyo se fue haciendo más habitual en carreras populares. Aguantó la etiqueta de ‘la miss que corre’ para destapar una esencia de deportista competitiva que siempre llevó dentro, desde que vencía a los chicos en las carreras de su pueblo. En ese camino que empezó a trazar buscó la ayuda de Martín Fiz, para convertir su pasión en una dedicación más constante, preparada y dirigida. El campeón mundial de maratón empezó a pulir un diamante que, desde hace cuatro años, brilla con luz propia.

Su ascensión en el atletismo nacional ha sido meteórica con éxitos y marcas que, a sus 34 años, pueden parecer tardías. Ha pulverizado el récord de Álava de maratón, también el de Euskadi de media maratón, y este año se ha subido al podio como subcampeona de España en las distancias de 10 kilómetros y media maratón. La Alavesa del Mes de junio, galardón que otorga el periódico EL CORREO, ha hecho méritos propios para el reconocimiento. Porque más allá de su talento innato como atleta, sus valores personales muestran cómo perseguir un sueño tiene peajes vitales asumidos.

Ganarse la vida

Cada paso en el camino, en sus largas sesiones por las innumerables zonas verdes de Vitoria, tiene un peso pocas veces expresado. Se emociona cuando relata que no puede ganarse la vida como atleta, pero que eso no será obstáculo para seguir trabajando y entrenando más. Son pocos los patrocinadores que han llamado a su puerta y más los portazos recibidos cuando ha pedido ayuda. Las clases particulares de matemáticas, física y química le ayudan a sostener la economía doméstica, además de alguna aportación extra cuando gana carreras donde hay premios en metálico, las menos, ya que en época de crisis ese grifo también se ha cortado. La corriente sigue su curso por un caudal donde las ilusiones albergan nuevos retos, entre ellos, competir en unos Juegos Olímpicos. Loyo ha corrido su único maratón, por el momento, con una marca de 2.38.45. Bajar a un tiempo de 2.33 supondría volar rumbo hacia Tokio en 2020.

Si nadie le corta las alas y la ilusión se mantiene intacta, Loyo se podría convertir en otra deportista ilustre del atletismo alavés. Aunque no se siente relevo de nadie, desde Maite Zúñiga, Blanca Lacambra y las más cercanas e incombustibles Nieves Zarza y Lourdes Gómez de Segura ninguna mujer había destacado de esta manera en el asfalto y la pista. Ellas han sido la inspiración para nuestra atleta elegante.

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