El dueño del pabellón de Aránguiz: «Se ha quemado un trozo de mi vida»

Javier Goikoetxea observa desolado el interior de su almacén de Aránguiz. / Rafa Gutiérrez

Javier Goikoetxea, de Carruseles Ondarribi, estuvo cerca de perder su casa en el incendio de la nave contigua en el incendio del jueves

Judith Romero
JUDITH ROMERO

Lleva más de treinta años haciendo felices a los niños alaveses con sus barracas, su scaléxtric y sus churrerías, pero el pasado jueves fue testigo de cómo las llamas acababan con el trabajo de toda una vida. Javier Goikoetxea, fundador de Carruseles Ondarribi, asistió al incendio del pabellón de Aránguiz en el que almacenaba caravanas y una hamburguesería y estuvo cerca de perder su casa. Las llamas eran visibles desde la carretera y los barrios cercanos y la Policía tuvo que cortar los accesos a este pueblo. Hoy se recupera de las quemaduras que sufrió en ambos brazos al intentar sofocar el incendio poco después de declararse a las 6.30 de la mañana.

«Estábamos en la cama cuando comenzó todo. Fue terrible. Al final tuvieron que venir cinco o seis camiones de Bomberos», explica afectado. Esta nave levantada hace cerca de catorce años guardaba en su interior las herramientas con las que Goikoetxea arreglaba los vehículos y atracciones de Ondarribi, empresa en la que también trabajan su hija y su yerno. «Se ha quemado un trozo de mi vida, tuve que pelear con todo el pueblo para conseguir levantar el pabellón con permiso del Ayuntamiento», afirma este antiguo soldador.

La familia vivió grandes momentos de tensión, y es que residen en la vivienda adosada al almacén que terminó calcinado por las llamas. Los Bomberos necesitaron siete horas para apagar el incendio y ayer tuvieron que regresar para terminar de enfriar las cenizas. Los servicios sanitarios vendaron las quemaduras de Goikoetxea en el hospital, pero él parece restarles importancia. «Al principio me desesperé e intenté apagar el corcho del techo, pero me quemé con el plástico del aislante que caía derretido», lamenta.

Los responsables de Carruseles Ondarribi, empresa presente en las fiestas de todos los barrios de Vitoria y numerosos municipios guipuzcoanos, asistieron con impotencia a una concatenación de explosiones en el interior de la nave. «Había dos caravanas dentro y cada una tiene diez ruedas, las oímos explotar una a una», explica. El incendio podía haber tenido consecuencias peores, ya que Goikoetxea suele almacenar las bombonas de butano de sus churrerías cerca del pabellón. «Tienen que estar fuera y las ato con una cadena porque si no me las roban», detalla.

Riesgo de derrumbe

La mayoría de las atracciones de Ondarribi han escapado a las llamas porque se almacenan en una parcela cercana. Sin embargo, los Bomberos tuvieron que romper parte del pabellón para salvar la casa del avance del fuego. «No sabemos si se podrá reconstruir la nave, pero ya estoy cansado y no sé si quiero seguir con el taller», confiesa Goikoetxea. Su mayor preocupación es arreglar o derribar la infraestructura lo antes posible para evitar accidentes, pero también echará de menos a sus habitantes. «A los gatos les gustan las cajas de cartón y venían a dormir dentro, me temo que varios habrán muerto en el incendio». Las carrozas de Ondarribi pronto estarán en Mendizorroza y Beasain, pero esta vez la hamburguesería no podrá trasladarse a Abetxuko. «Lo peor de todo es la impotencia, quedarte a ver cómo se quema porque no puedes hacer nada».

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