La dueña del bar Bugatti de Vitoria murió en la cocina de su casa, donde apareció ADN del acusado

El acusado durante el juicio. /E. C.
El acusado durante el juicio. / E. C.

Forenses relatan que Rosa falleció de un golpe en la cara contra un mueble y ertzainas sitúan su móvil y el de su ex «en la misma zona» tras el crimen

DAVID GONZÁLEZ

Y llegó el turno de los forenses y de la Policía científica en el juicio por el asesinato de Rosa, dueña del controvertido bar Bugatti. Poco amigos de las valoraciones sin datos, estos expertos trazaron nuevas coordenadas empíricas sobre el crimen cometido en la casa de esta mujer hace ahora tres años. De nuevo, sus conclusiones acorralaron un poco más al único encausado, Leo, un dominicano de 48 años y pareja de ida y vuelta de la muerta.

Los médicos forenses situaron el ataque mortal en la cocina de la vivienda, localizada en la calle Guayaquil, en El Pilar. El autor, con una violencia inusitada, la mató al golpearla contra alguna superficie. Los expertos se decantaron por la encimera. Luego la trasladó al dormitorio y se afanó en limpiar cualquier evidencia. Hasta puso una lavadora con dos alfombras y una toalla, supuestamente usadas para eliminar la sangre. La táctica le valió de poco. Expertos de la Ertzaintza sí los detectaron cuando, dos días después de los hechos, el 1 de noviembre de 2014, se descubrió el cadáver.

Hallaron evidencias de ADN en un foulard dejado en el salón, en un gel lubricante junto a la cama y -como ya se dijo en sesiones anteriores- en un bote de jabón líquido dejado bajo el fregadero. Los agentes hablaron de ADN de «un varón» en una zona con restos de sangre de ella. Hoy, sus compañeros darán el nombre y apellidos. Se antoja como la prueba definitiva de este complejo procedimiento, en el que el encausado siempre ha negado su autoría. Su versión es que la mala vida de Rosa le pasó factura. Apuntó en su declaración a que la mataron por algún ajuste de cuentas.

«Entre las 4.20 y 5.30»

La muerte se produjo entre las «4.20 y las 5.30 horas», en consonancia con las declaraciones de algunos vecinos, que oyeron gritos en ese tramo. A esa hora, el teléfono móvil de Leo estaba «en la zona». Pero los expertos de la Ertzaintza no pudieron precisar si estuvo en la calle Guayaquil o en su casa, en la calle Méjico. Ambas reciben la cobertura de la misma antena. Lo que sí aseguraron es que a las 7.20 horas, alguien hizo dos llamadas desde el móvil de Rosa, que fue robado de la casa. Marcó cerca del Bugatti, donde las cámaras grabaron a Leo. Llevaba consigo su teléfono personal, también activado «en la misma zona».

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