La demanda de plazas en las guarderías privadas en Vitoria cae hasta un 40% en sólo dos años

Un aula de niños en una escuela infantil ubicada en otra comunidad autónoma.

Las escuelas infantiles particulares achacan su desplome a la apertura de aulas de cero a tres años en los colegios y lamentan que «van a acabar con nosotros»

NEREA PÉREZ DE NANCLARES

Si las solicitudes recibidas en las escuelas infantiles públicas de Vitoria no han parado de caer desde 2012, lo que alarga cada año la lista de vacantes, la situación pinta aún peor para las guarderías de la red privada. «Los datos de la pública nos dan una idea de cómo se nos va a dar el curso. Si a ellos les va mal, a nosotros peor», sentencia Marta Suso, una de las dos socias de Bamboo, en la calle Oion. Y en la actual campaña de inscripciones, las haurreskolak del Ayuntamiento y el Gobierno vasco han tenido 126 peticiones menos que en la pasada, lo que se ha traducido en 271 plazas libres.

Las guarderías privadas cifran en hasta un 40% el descenso de sus inscripciones. Una caída que se ha producido sobre todo en los últimos dos años. «La crisis pudo afectarnos, pero no tanto en el número de niños sino en la facturación, porque los padres reducían al máximo el horario y los abuelos venían a recoger a los nietos», explica Javier Ezquerra, al frente de Haurrak (Niños), ubicada en la Avenida de Estíbaliz desde hace 42 años. Para los directores de las escuelas infantiles privadas consultados, sin embargo, hay dos causas que han contribuido principalmente a recrudecer el panorama. «Se ha juntado la caída de la natalidad con la brutal competencia que nos hacen las aulas de uno y dos años que cada vez abren más colegios de Vitoria», añade Ezquerra.

Para este director, que ha capeado otras crisis y el último desplome de nacimientos registrado hace quince años, «la situación que vivimos ahora es totalmente injusta. Cada uno deberíamos tener nuestro público diferenciado. No se puede permitir a los colegios abrir aulas de cero a tres años», añade al tiempo que matiza que entre las escuelas infantiles de la red pública y de la privada «no hay competencia, nos complementamos».

En esta línea se manifiesta también la responsable de Nanuck, Ana Ramírez. Pese a que su escuela infantil está ubicada en Zabalgana, el barrio con mayor número de nacimientos de Vitoria, admite que «cuesta muchísimo llenar las plazas, lo hacemos con mucho esfuerzo e incertidumbre. Hay que luchar contra el nerviosismo de los padres, que temen quedarse sin plaza en el colegio deseado si no les apuntan a sus hijos desde que tienen uno o dos años», afirma al tiempo que culpa al Gobierno vasco de permitir que los centros escolares oferten aulas del primer ciclo de Educación Infantil. «Si siguen así van a acabar con nosotros. Los colegios, en cambio, pueden sobrevivir sin esas clases. Lo han hecho toda la vida», sentencia.

Continuo reciclaje

Ante la evolución de la oferta educativa en Vitoria, las guarderías privadas se ven obligadas a desplegar todo su abanico de particularidades para captar clientes. Así, el trilingüismo, metodologías educativas pioneras y la flexibilidad de horarios se convierten en sus mejores bazas. «Estamos continuamente reciclándonos. Cada año hacemos cursos, vamos a congresos y foros,... te mueves para estar a la última», afirma Marta Suso, al tiempo que destaca también el tirón que tiene para los padres poder ver a su hijo a través de una página web, a la que se accede con una clave.

Para Villa Gasteiz, en el Batán, su larga trayectoria y el apego de sus antiguos alumnos por el que fue el primer jardín de infancia de la ciudad -el próximo año celebrará su 50 aniversario- son su mejor carta de presentación. «Vienen terceras generaciones de exalumnos», afirma Pedro Orue, al tiempo que reconoce que el mérito radica en lograr adaptarse a la demanda de cada momento. «En los sesenta, los alumnos estaban hasta los primeros cursos de Primaria y unos ratios altísimos. Aquellas dimensiones son impensables ahora», rememora mientras destaca que incluso uno de los protagonistas de la novela ‘Los ritos del agua’, de Eva García Sáenz de Urturi, también fue a Villa Gasteiz.

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