Corazón sano

ÁNGEL RESA

Pienso a veces, demasiadas para algo bueno, que los alaveses nos mostramos más hoscos y huraños de lo que resultaría deseable a ojos propios y oídos ajenos. Tal vez a la hora de comparar con otros sitios rescatemos de aquellos lugares lo mejor de cada casa y escrutemos de modo severo los defectos autóctonos. Igual nos brota en la epidermis una naturaleza seca y recia, pero me da que nos bullen por dentro sentimientos nobles.

Que habrá de todo, como en la mismísima viña del Señor según el dicho de los creyentes. Pero me baso en que esta provincia de nuestros pecados y reconciliaciones siempre apunta alto en cualquier campaña solidaria. Y no se me ocurre otra más importante, aunque quizá menos seductora, que los presupuestos públicos. Esos dineros que recauda y distribuye la hucha común a partir de las aportaciones particulares. Ahí se comprueba el vigor del músculo cardíaco alavés.

Sí, porque en este histórico territorio donde abundan las quejas y los lamentos, los requiebros y los incruentos ajustes de cuentas hemos alcanzado algunos acuerdos perennes que hunden sus raíces en el subsuelo. Me refiero a la sintonía insólita entre políticos y administrados en asuntos como la ecología rural y urbana o la solidaridad con quienes necesitan que se les rescate de las cunetas de la vida. No añadamos de momento música a la letra de la victoria porque sabido es que cualquier gobierno por estos lares requiere apoyos exógenos que suelen hacerse de rogar.

El Ejecutivo foral PNV-PSE ha de recabar respaldos de PP o EH Bildu ante su minoría en las Juntas Generales, donde apenas sienta al 35% de los procuradores. Abriendo la mano, probablemente, a incorporar reivindicaciones de alguna de esas dos muletas imprescindibles. Pero al margen de ello, relevante sin duda, queda claro que los asuntos sociales absorben casi la mitad del plan presupuestario para 2018.

Esos mismos recursos que si no los precisamos hoy, léase dependencia por ejemplo, los pediremos mañana. Y ahí se comprueba que el corazón alavés bombea como uno sano.

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