«Me conocen como la hija de Celedón»

La catalana Laia Díaz muestra en su brazo tatuado su devoción por Vitoria

Laia Díaz luce orgullosa su tatuaje de Celedón.
MIRIAM DE LA MATA

Para muchos tatuarse tiene un significado más allá de una simple marca sobre la piel. Así lo siente Laia Díaz, catalana de nacimiento pero vitoriana de sentimiento. Hace un par de semanas hizo algo que llevaba tiempo pensando y de lo que se siente tremendamente orgullosa: tatuarse el personaje de Celedón en su brazo, desde el hombro hasta el codo y a todo color. «Toda mi familia es de Cornellá menos mi abuelo paterno, que es de Vitoria. Desde que tengo uso de razón, mis padres, mi hermano y yo nos íbamos un mes en verano al piso que tiene mi abuelo en la calle Los Herrán», recuerda.

Es así como año tras año se ha ido empapando del espíritu vitoriano y de sus costumbres y fiestas. «Cuando estábamos en Vitoria éramos uno más. Nos sentíamos vitorianos de toda la vida. Mi hermano y yo disfrutabámos vistiéndonos de neska y blusa por lo que las fiestas de la Blanca para mí son muy especiales». Con el paso de los años y por temas laborales, la joven estuvo unos años sin poder visitar su querida Vitoria pero asegura que en los últimos cinco años acude a la capital junto con sus abuelos una semana al año. «A mi abuelo le hace mucha ilusión volver a su ciudad natal. A pesar de su avanzada edad le encanta pasar unos días en compañía de mi abuela y de mí», confiesa Laia.

Vitoria engancha. Y Laia es adicta. Su tatuaje representa sus raíces, lo que para ella es de suma importancia. «Me hice el tatuaje en honor a mi familia y por toda la historia que conlleva. En Cornellá muchos no lo entienden. Ellos únicamente ven a un hombre vestido de campesino y con un paraguas en la mano. Pero quienes conocen nuestros orígenes lo entienden, y les encanta el pequeño homenaje que he plasmado en mi piel», asegura la catalana. Incluso su padre, Jordi Díaz, mostró una gran ilusión ante la decisión de su hija a pesar de no sentir demasiada simpatía por los tatuajes de gran tamaño. Tanto es así, que ha decidido publicarlo en redes sociales para hacer eco del orgullo que siente de sus orígenes vascos y sobretodo, de que sus hijos lo hayan herededado.

Hace cincuenta años, el abuelo de Laia se mudó a Cornellá, lugar en el que se casó y abrió una papelería llamada Celedón, que actualmente sigue siendo el negocio familiar. Además de encargarse de la papelería, Laia, junto con sus padres y su hermano son músicos en una charanga compuesta por noventa participantes.

Invitada a la balconada

Hace poco, su padre encontró la antigua partitura de la canción del Celedón y desde hace unas semanas todos están ensayando para interpretarla delante de la librería de su abuelo. «Queremos sorprenderlo con la canción que tanta ilusión le hace. Mi padre sueña con poder tocarla alguna vez en las fiestas de Vitoria», comenta la joven. Tras conocerse la historia de los Díaz Celedón, Gorka Urtaran, alcalde de Vitoria, ha decidido hacerle llegar a Laia dos pases para poder ver el chupinazo desde la balconada de San Miguel junto con otros pocos privilegiados. «Espero poder ir a Vitoria el día 4 de agosto y poder ver el chupinazo junto con mi padre. Vivo las fiestas con mucha emoción, incluso me atrevería a decir que con más ilusión que algunos vitorianos».

Asimismo, Laia ha contactado con Gorka Ortiz de Urbina, el Celedón de carne y hueso. «Viajaré a Vitoria dentro de poco para visitar a mis familiares y para conocer a Gorka en persona. Así podrá conocer mi historia de primera mano», comenta. Casos curiosos como el de «la familia de Celedón» no se escuchan todos los días, por lo que Laia dice no estar acostumbrada a estar en el punto de mira de los vitorianos. «Admito que es un hecho muy curioso que una catalana se tatúe a gran escala a este personaje. Todo el mundo nos conoce como los familiares de Celedón», ríe Laia. «A mi siempre se me conocerá como ‘la hija de Celedón’, y a mucha honra».

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