Colegios que rompen moldes en Álava

Uno de los patios interiores de la ikastola Armentia, con acceso directo desde las aulas. /Rafa Gutiérrez e Igor Aizpuru
Uno de los patios interiores de la ikastola Armentia, con acceso directo desde las aulas. / Rafa Gutiérrez e Igor Aizpuru

Nuevos espacios, diáfanos e interconectados, surgen con la irrupción de innovadoras metodologías. El centro educativo Carmelitas y las ikastolas Armentia e Ikasbidea abren sus puertas a EL CORREO para mostrar su salto al futuro

Nerea Pérez de Nanclares
NEREA PÉREZ DE NANCLARES

Si nos asomamos a las aulas de muchos colegios vitorianos encontramos escenas que nada tienen que ver con la estampa tradicional de niños sentados en pupitres ante un profesor con un libro en la mano y la tiza en la otra. Los centros viven una profunda renovación de la forma de enseñar que deja por el camino horarios rígidos, libros de texto y pupitres alineados. Pero también lleva a derribar paredes e idear nuevos espacios con mobiliario y material didáctico diferente. En la capital alavesa, el colegio Sagrado Corazón-Carmelitas y las ikastolas Armentia e Ikasbidea, entre otros, son ejemplos de centros que ya han roto con los viejos moldes, y han abiertos sus puertas a EL CORREO para mostrar su salto al futuro.

Agurne Barriuso
Directora de ikastola Armentia

«Se acabaron las clases como espacios cerrados»

En la ikastola Armentia, picos y palas han borrado del mapa 'Sarajevo'. Así llamaban a un espacio «inhóspito» e «inhábil» de mil metros cuadrados sobre el que ahora se levanta un inmueble donde la luz entra a raudales a través de sus amplias cristaleras. El edificio, con dos patios interiores comunicados con las clases, está diseñado para que sus ocupantes –niños de la etapa Infantil– no encuentren barreras para moverse entre los diferentes espacios y relacionarse con los alumnos de otras aulas. Así, los pequeños tienen vía libre para salir de clase al patio cubierto, saltar de 'txoko' en 'txoko' y desarrollar la actividad que deseen o darse un garbeo por el pasillo. Porque hasta el clásico corredor ha dejado de ser ese lugar de puro tránsito o destino de los expulsados. «Ahora es un lugar de encuentro, donde los niños y padres se despiden sin prisa o donde las familias hablan con los tutores antes de dejar a los niños o al recogerlos. Es un espacio educativo más», matiza Agurne Barriuso.

La ambiciosa reforma que ha transformado esta ikastola –que ha costado dos millones de euros– se ideó pensando en una máxima de la neurociencia que dice que «el ser humano aprende en interacción con los demás; no sólo del profesor, sino de los padres, de otros compañeros, de todos los que le rodean, y ese es nuestro objetivo», explica el director pedagógico, Roke Esnaola.

De ahí que las clases en este centro no están separadas por paredes, sino por paneles móviles que permiten multiplicar el espacio de un aula por tres. «Así se puede pasar de trabajar en grupos reducidos a la libre circulación entre las clases», añade la directora.

Pero la transformación de la ikastola no sólo afecta a los espacios de los más pequeños. Las clases separadas por paneles se extienden hasta Bachillerato. Igual que los grandes ventanales que permiten ver lo que ocurre en clase desde el pasillo. «Se acabaron las aulas como sitios cerrados. Se ha roto con la opacidad que impedía ver lo que pasaba dentro del aula», sentencia Barriuso.

Zona de Infantil de Carmelitas, con aires nórdicos. Una mesa de luz creada por el profesorado de Ikasbidea y clases comunicadas con paneles móviles. / Rafa Gutiérrez e Igor Aizpuru

María Montón
Jefa de Estudios de Infantil y Primaria de Ikasbidea

«Cada centro debe tener su propio método, su identidad»

En Ikasbidea no han entrado ni arquitectos ni albañiles, pero ahora sus aulas de Infantil no tienen nada que ver con las de hace año y medio. «Somos un centro público y no tenemos presupuesto para grandes obras, pero para cambiar el 'chip' tampoco hace falta. Las paredes primero tienen que tirarse mentalmente», admite María Montón. En Durana, una mezcla de ingenio, interés y muchas horas de trabajo de profesores y padres robadas a los fines de semana y las vacaciones han logrado transformar el edificio de Infantil en un lugar donde los niños manipulan, crean, inventan y descubren. En definitiva, aprenden, y a su ritmo. «Nos hemos reinventado», añade la andereño Ane Larrañaga.

Todo partió de «un cambio de mirada. Los niños son movimiento, necesitan experimentar, y sin embargo, se les trata como si fueran 'bob esponjas', que lo absorben todo, cuando lo que deben ser es los protagonistas de su aprendizaje». Así empezó la reflexión. Después, siguió la formación. «Hemos visitado muchos colegios para ver lo que hacían y hemos hecho cursos. Hay diversas metodologías, pero nosotros queremos tener la nuestra propia. Cada centro debe tener su identidad». La transformación ha llegado hasta primero de Primaria.

Apuestan por el trabajo manipulativo, el juego simbólico y la interrelación entre iguales. Para ello han desterrado el plástico y lo han sustituido por materiales naturales. Palés de madera restaurados forman estructuras que la imaginación infantil convierten en un castillo. Bobinas de cable reclamadas por las obras se han transformado en paletas de pintura. Mobiliario convencional se ha convertido en mesas de luces donde inventar cuentos. La lista de rincones creados es larga «y esto no ha terminado. Estamos en continuo cambio», concluye María.

Nieves Maya
Directora de Carmelitas-Sagrado Corazón

«Buscamos crear espacios confortables para el alumno»

Carmelitas-Sagrado Corazón ha recibido este año dos recompensas a un trabajo que viene de lejos. Una, el certificado que le convierte en centro TBL, siglas en inglés que corresponden a la pedagogía Thinking Bases Learning y que defiende la necesidad de pensar sobre todo aquello que se aprende para poder recordarlo mejor. Dos, el premio QIA por la reforma de las instalaciones. «Una cosa lleva a la otra. Empiezas por cambiar la metodología y luego te das cuentas de que tienes que adaptar los espacios. Y eso te lleva a apostar por la sostenibilidad», explica Nieves Maya.

Por eso, hace cuatro años decidieron iniciar la transformación por el edificio fundacional, que da a la calle Florida. «Y pensamos en una reforma que buscara la confortabilidad del alumnado, que viene determinada por el nivel de oxígeno, de ruido, de luminosidad... Todo ello afecta al bienestar del cerebro, que a su vez hace que el aprendizaje se haga mejor». Se rigieron por los criterios 'passivhaus', que garantizan un gran aislamiento térmico y una máxima calidad del aire interior, además de un ahorro energético del 70%.

El proyecto, que ha costado dos millones de euros, también dibujaba espacios flexibles. Así, a partir de Primaria y Secundaria, las aulas del mismo curso están comunicadas por paneles, «lo que nos permite trabajar por grupos de distintos tamaños». Y para los pequeños se ideó un espacio abierto con aires nórdicos. «Es una ciudad, con teatro, calles, casas..., donde se pueden mover libremente, sin molestarse entre ellos y experimentar». Toda una transformación que seguirá con nuevas obras en verano y que ha motivado la visita hace unos días de un grupo de profesores de diferentes puntos de España.

Ramón Bajo

El colegio público Ramón Bajo fue el primero en Vitoria en renovar sus instalaciones en base a un nuevo modelo pedagógico. Su transformación comenzó hace ya cuatro años. Y aquella reforma trajo a la escuela del Casco Viejo aires finlandeses.

La obra, acometida por el Ayuntamiento de Vitoria con el consenso de la comunidad educativa del centro, empezó por renovar las plantas baja y sótano. Aquella ambiciosa remodelación prosiguió por las plantas superiores para cambiar de arriba abajo un centro que se había convertido en la principal reclamación del barrio. En total, la inversión rondó el millón de euros.

Fue el primer diseño de espacios pensado en fomentar la libre circulación y la interacción entre las diferentes edades. Además, el Ayuntamiento vitoriano aplicó las últimas técnicas de desarrollo psicomotriz, asesorado por una arquitecta y un sociólogo del SRG Innovating The School.

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