El Clarete y The Bost entran en la Guía Repsol y Guerrero se corona con tres soles

Unai Fernández de Retana, en la cocina del restaurante El Clarete, en Vitoria./Blanca Castillo
Unai Fernández de Retana, en la cocina del restaurante El Clarete, en Vitoria. / Blanca Castillo

El sol que reciben cada uno de los restaurantes vitorianos salda, en parte, la deuda histórica que las guías gastronómicas mantienen con Álava

Jorge Barbó
JORGE BARBÓ

Acaba una dura jornada (otra más) y por muy mal que haya marchado el servicio, por mucho olor a chamusquina que flote en cocina, los chefs echan la persiana de sus restaurantes con la absoluta convicción -tan resignada como balsámica- de que mañana será otro día. Porque, sí, pase lo que pase, siempre sale el sol. Y este miércoles, el dicho ha cobrado un significado más reluciente que nunca para los restaurantes vitorianos. El Clarete y The Bost, flamantes incorporaciones de la Guía Repsol, que también otorga tres ‘soles’ al capitalino DSTAgE del alavés Diego Guerrero.

Los sendos ‘soles’ que han recibido tanto El Clarete como The Bost vienen a saldar, al menos en parte, la deuda histórica que las guías gastronómicas mantienen con la capital alavesa. Y, ante todo, reconocen una labor a los fogones que ya había sido avalada por el público. Ambas casas referenciales de la mesa vitoriana comparten varios rasgos en común. Además de ser dos negocios de incontestable éxito en una plaza que el propio gremio considera «muy difícil», los dos restaurantes están pilotados por dos familias, los Fernández de Retana y los Santxotena, que llevan poniéndole la sal y la pimienta a la ciudad durante décadas.

Jon Santxotena, con clientes del restaurante The Bost, en Vitoria.
Jon Santxotena, con clientes del restaurante The Bost, en Vitoria. / Igor Aizpuru

Los críticos de la guía azul, competencia patria de la internacional Michelin, han destacado del local que encienden los hermanos Unai (cocina) y Patxi (sala) Fernández de Retana desde hace 25 años en Cercas Bajas «el buen picoteo y la cocina tradicional con el toque personal» del chef, «contento» con el reconocimiento. «No me fijo mucho en estas cosas, pero siempre es bueno que lleguen los reconocimientos, aunque nosotros somos más de trabajo, trabajo y trabajo y de contentar al cliente a diario», reflexiona, modesto y frugal, el primer espada de El Clarete, que llama a no dormirse en los laureles. «Es bueno que se reconozca a la cocina alavesa -evidencia-, pero también tenemos que ponernos las pilas en muchos aspectos».

«Revulsivo para Vitoria»

En la misma línea, Jon Santxotena, jefe de sala del siempre concurrido The Bost de La Florida, admite que el brillante guiño de la Repsol a su local «supone un reconocimiento a nuestro esfuerzo diario, pero desde el gremio tenemos que ser muy conscientes de que hay que mejorar cada día». «Creo que es un revulsivo para la hostelería local, que necesita más alegrías de este tipo», abunda el ‘patrón’ de un restaurante del que los expertos de la guía azul, seducidos por «su sopa de pescado, sus cocochas (sic) de merluza y su goxua», destacan su «acierto» a la hora de abordar «una cocina tradicional de producto» en un ambiente «moderno, cuidado y con estilo propio».

Con las nuevas incorporaciones, nueve soles broncean a la gastronomía alavesa en la Repsol 2018. Ikea, Zaldiaran y Marqués de Riscal presumen de dos ‘lorenzos’ cada uno, mientras que el Bideko, en Amurrio, mantiene el que consiguió en 2013. Y eso sin contar con los tres soles que hacen entrar al alavés Diego Guerrero en el selecto club de 37 restaurantes españoles con esta distinción. Guerrero ya va necesitando gafas oscuras para mirar el futuro sin deslumbrarse: el reconocimiento se suma a las dos ‘michelines’ que, de momento, brillan en su «personalísima» cocina, «un paraíso de la creatividad» para los críticos, que han alabado platos como la secuencia del pandan o su epatante ravioli de alubias de Tolosa en infusión de Berza. «Su visita es inolvidable», promete la guía. No engaña.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos