Carta desde palo alto

ÁNGEL RESA

Supongo que cada cual, en algún que otro momento, trota hacia los brazos cálidos de la ensoñación. Cada loco con su tema y servidor, al que le corresponde. Así que me imagino escribiendo esta columna en un despacho universitario de Palo Alto (California). Se preguntarán el motivo y la respuesta podría firmarla Perogrullo. Porque se encadenan dos causas capaces de descerrajar la tormenta mercantil perfecta. Entiéndase el imperio de las nuevas tecnologías y la sombra, alargadísima siempre, del estilo de vida estadounidense. O sea, el imparable avance de las compras a través de la gigantesca telaraña de Internet más el ‘american way of life’ del que casi todo importamos sin importarnos las consecuencias.

Vamos, que me vería en una oficina de Stanford diseñando el tráfico aéreo que desencadena el ‘black friday’ si no fuese por el precepto de matricularme en alguna ingeniería de esas y el añadido de aprobar todas las asignaturas. Ni de Palo (Alto o Bajo), que igual allí también distinguen como hacemos nosotros con los Huetos’s. El caso es que el fervor consumista de comprar rellenando campos visuales en la pantalla del ordenador junto a la asunción sin barreras de las costumbres procedentes de USA elevan exponencialmente la temperatura corporal de Foronda. Este aeropuerto a diez kilómetros del centro urbano que durante tanto tiempo ha basado su razón de ser en el traslado de bultos por los aires.

El aeródromo alavés eludió el funesto significado que encierra el vocablo ‘terminal’ por su apego a dar la carga en el mejor sentido. Y con esto del ‘viernes negro’, connotación positiva porque implicaba ganancias a tiendas que en tiempos peores presentaban números rojos, las empresas de paquetería al por mayor anuncian registros de actividad históricos. DHL habla de un 20% más de actividad desde su base logística en Foronda desde las 00.01 horas de hoy y a Correos se le disparan los índices como los del colesterol después de una alubiada con sacramentos. Y es que con el ‘imperialismo yanqui’ (léase con acento cubano) no hay quien pueda.

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