Pedro Arrojo: «El cambio climático hará que el caudal de nuestros ríos baje un 20%»

Pedro Arrojo es físico y promotor de la Fundación Nueva Cultura del Agua./Rafa Gutiérrez
Pedro Arrojo es físico y promotor de la Fundación Nueva Cultura del Agua. / Rafa Gutiérrez

El impulsor de la Nueva Cultura del Agua asegura que «los pueblos no pueden perder control y competencia sobre la depuración»

Francisco Góngora
FRANCISCO GÓNGORA

'La gestión del suelo y del agua en el territorio' es el título de la jornada que la Asociación de Concejos de Álava organizó ayer en Artium con la intervención de señalados expertos. Uno de ellos fue Pedro Arrojo, doctor en Ciencias Físicas y fundador de la Fundación Nueva Cultura del Agua, premio Goldman de medio ambiente y actualmente, diputado por Podemos.

- Su conferencia hablaba del agua y el desarrollo rural en la perspectiva del cambio climático.

- En ese escenario que ya todo el mundo reconoce salvo el señor Trump, hay que ser conscientes de lo que eso significa en materia de aguas. A veces se tiene una idea desenfocada. Se piensa que el planeta se va a secar. No, no, seguirá lloviendo. Lo que ocurre es que lo hará de forma diferente.

- ¿De qué manera?

- Las sequías y las tormentas serán de mayor intensidad. Los períodos secos se van a incrementar. Si antes la sufríamos cada cuatro años serán cada vez más frecuentes. Pero no podemos decir que no estamos advertidos, que es un imprevisto, una desgracia. Digo, como los bomberos, que los incendios se apagan en invierno y las sequías se gestionan en épocas normales. Habrá más evaporización. En las cuencas mediterráneas habrá una reducción de un 20% de los caudales fluviales.

- ¿Por qué?

- Porque las plantas consumen más agua cuando aumentan las temperaturas. También las dehesas, los bosques o las praderas. Tendremos bastante menos agua y articular de manera sostenible el medio rural es un reto de la sociedad en su conjunto.

- Usted habla de reforzar el medio rural. Eso va ligado al regadío.

- Es un mito. Tradicionalmente se ha dicho: o regamos o desaparecemos. Si fuera así estaríamos abocados a la desaparición. Debemos garantizar la rentabilidad de los regadíos existentes, sobre todo si de ellos depende la explotación familiar agraria, que es la que vertebra el territorio. Pero hay que preguntarse cuánto nos cuesta una hectárea de nuevo regadío. Puedo presentar bastantes ejemplos de que acaba costando cinco veces más de lo que puede rentar. Eso es ruinoso y puede acabar con las arcas del Estado. Esas inversiones deben utilizarse para otras posibilidades.

«Las cosas cambian»

- Usted fundó la Nueva Cultura del Agua hace casi 30 años. ¿Qué han conseguido?

- Las cosas no cambian como queremos, pero claro que cambian. Lo que hemos logrado es que aquel ideario se convierta en el nuevo marco legislativo de la UE a través de la Directiva del Agua. Nuestras propuestas son ahora principios jurídicos, obligaciones legales. Pero en Europa hacer cumplir esas normas cuesta entre 10 y 15 años.

- ¿Qué razones hay para que no se cumplan?

- Porque esas políticas a priori no dan votos. Decir que una nueva presa no te da agua y que será una presa vacía en la próxima sequía o sostener que un trasvase es una mala herramienta cuando hay sequía no te da votos. Los responsables políticos siguen hablando de miles de hectáreas de regadío, pero cuando empiecen a llegar multas y sanciones por contaminación de suelos por nitratos, por escasez de caudales ecológicos de los ríos, por sobreexplotación de acuíferos, entonces querrán arreglarlo con prisas. Se reacciona con las multas, antes no. Pero se ha avanzado.

- En Álava hemos vivido este verano varios episodios de vertidos porque las depuradoras de algunos pueblos no funcionan y hay zonas, como el Valle de Ayala, que aún vierten directamente al Nervión.

- No conozco la problemática concreta. Pero en Aragón hay un conflicto tremendo y está pasando en muchos lugares de España. A finales de los 90 Europa nos exige que se depuren las aguas sucias y manda mucho dinero para ayudar a construir plantas de residuales. En nuestra comunidad se erigen más de 40 en los pueblos cabeza de comarca. Ante las dificultades económicas los gobiernos autonómicos ayudan a financiar al tiempo que abducen el control y la competencia. Se sobredimensionan, se tecnifican, lo que cuesta cien puede llegar a costar mil y se sube el coste del agua. En resumen, se ha hecho un negocio y muchas veces se ha privatizado. Creo que es un escándalo con indicios de corrupción, el mayor de los últimos años.

Depuradoras naturales

- ¿Pero hay alternativas?

- Sí, las plantas de residuales que se conocen como sistemas de depuración extensivas o naturales que funcionan a un coste asumible y manejable por los pequeños ayuntamientos.

- Con pueblos tan pequeños como hay en Álava los expertos aconsejan la creación de consorcios.

- Sí, pero en vez de quitarles la competencia y el control con el argumento de que no saben, lo que tiene que hacer la administración foral es apoyar a los ayuntamientos para que no pierdan el control y la competencia. Y que las plantas depuradoras sean realmente dimensionadas a la necesidad real.

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