Se calcina cerca de Aranda un autobús que cubre la línea Madrid-Vitoria

Modelo similar al autobús calcinado la noche del domingo. / M. B.

Los 31 ocupantes de un servicio ‘premium’, la mitad alaveses, salen indemnes al alertar un pasajero del humo en plena ruta y parar el conductor en una cuneta

DAVID GONZÁLEZ

El autobús ‘premium’ -categoría especial- que debía cubrir la noche del domingo los 351 kilómetros entre la Avenida América madrileña y la estación de Lakua ni siquiera alcanzó el ecuador de su ruta. Por causas que se investigan, el vehículo, buque insignia de la compañía Alsa, comenzó a arder en plena ruta. La sangre fría de los pasajeros, unido al buen hacer del conductor y de la azafata, evitaron una desgracia. Porque este mastodonte quedó reducido a un amasijo de hierros y cenizas «en apenas tres minutos», según viajeros afectados por el siniestro.

El autocar partió a las 21.30 horas el domingo como estaba previsto. Tras recoger más clientes en la T-4 del aeropuerto de Barajas, enfiló la N-1. Alrededor de dos horas más tarde, cerca de Aranda de Duero, los 29 pasajeros recibieron la cena. El vehículo avanzaba sin aparentes complicaciones... Hasta que un pasajero de los últimos asientos «comenzó a gritar que salía humo del motor», comparte uno de afectados con EL CORREO.

Consciente del peligro de la situación, el conductor se desvió rápidamente del carril y aparcó en la cuneta. «Salimos todos disparados», rememora este usuario. Y pese a que el empleado, extintor en mano, trató de apagar las llamas, nada pudo hacer.

«En apenas tres minutos», el fuego devoró el autobús como si fuera una simple cerilla. «El conductor pudo salvar alguna maleta, ninguna de los que veníamos a Vitoria, pero la gente comenzó a gritarle que se apartara por la violencia de las llamas y por temor a que el vehículo explotara y le diera de lleno», rememora este pasajero.

Asustados ante la posibilidad de una deflagración, el pasaje y los dos trabajadores optaron por alejarse y alertar a los servicios de emergencia. «Hubo cuatro explosiones pequeñas, probablemente de alguna maleta, aunque ninguna grande».

Aún así, el siniestro resultó mayúsculo. No en vano, las llamas se propagaron a la cuneta. Empezaron a subir por una colina. «Llegó la Guardia Civil y hasta cortó el tráfico», asevera este viajero. Dos dotaciones de bomberos de la zona se encargaron de controlar las llamas.

«Algunos, descalzos»

En medio de la nada, la treintena de afectados aguardó estoica a que les rescataran. «Algunos estaban descalzos, otros en camiseta corta, la mayoría habíamos perdido todo el equipaje». La compañía les reinstaló en la línea «que iba a Burgos» y, a eso de las cuatro de la mañana, alcanzaron la estación de autobuses de Lakua. Es decir, dos horas y cuarto más tarde del horario previsto, y con el susto aún en el cuerpo. La mitad del pasaje se bajó, la otra continuó rumbo a San Sebastián.

«Tanto el conductor, como la azafata y los empleados que nos recogieron se portaron muy bien con nosotros, pero todavía estamos esperando una llamada de la compañía para ver cómo solucionamos este incidente». En caliente, el personal de Alsa sí tomó nota de cada pérdida.

Este servicio, inspirado en la clase ‘business’ de los aviones, arrancó hace ahora tres años. Con varios viajes al día, se ha convertido en una de las opciones preferidas para viajar a la capital del país. Aunque en este tiempo sí ha habido averías, es el siniestro más grave de largo.

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