El cadáver de la dueña del bar Bugatti de Vitoria tenía restos de ADN de su ex y único acusado en el juicio

El procesado, durante una de las vistas celebradas. /D. G.
El procesado, durante una de las vistas celebradas. / D. G.

Expertos confirman la detección de más rastros biológicos del procesado en tres objetos hallados en la escena del crimen

DAVID GONZÁLEZ

Nueve largos días de sesiones. Más de setenta testigos. Y ayer, en la jornada definitiva de declaraciones, agentes especializados de la Ertzaintza y técnicos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses aportaron las pruebas que se antojan definitivas en el juicio por el asesinato de Rosa, la responsable del bar Bugatti. Estos expertos pusieron nombre y apellidos al ADN hallado en objetos clave encontrados en la escena del crimen, el piso de la calle Guayaquil en el que vivía la finada, y también en las uñas de su cuerpo inerte.

El caso tiene un único encausado, su ex. Se llama Leo. Es un dominicano de 48 años que cuenta con otras dos identidades. Siempre ha defendido su inocencia en los tres años que lleva en prisión preventiva. Y ayer, después casi cincuenta horas de vistas orales en la Audiencia Provincial de Álava -por las que han pasado vecinos, amigos del acusado y de la asesinada, clientes del local, policías, peritos, forenses y psicólogos-, a las 11.28 horas se descubrió el misterio.

Un miembro de la Policía científica de la Ertzaintza respondió a la pregunta del millón. ¿De quién era el ADN de una marca de sangre en el bote de jabón bajo el fregadero? «Los restos hallados son compatibles con Rosa y con Leo», sentenció el agente. La evidencia estaba en la parte alta del objeto, presuntamente usado para limpiar la cocina, escena del crimen.

La Ertzaintza también halló ADN de Leo en un pañuelo, dejado en el salón, y en un gel lubricante, descubierto éste junto a la cama del dormitorio, habitación donde el asesino dejó a Rosa. La mató en la cocina de un golpe «contra una superficie dura» -como la encimera- o «con un elemento contundente». Justo antes le había lanzado una cuchillada a la mejilla.

El lunes, la decisión

Quedaba todavía otra sorpresa para el jurado, nueve ciudadanos anónimos que deberán decidir el lunes sobre la responsabilidad o no del único encausado. Integrantes del Instituto Nacional de Toxicología, la mayor referencia en la península ibérica en el estudio de rastros biológicos, determinaron la existencia de «un perfil genético coincidente con el acusado» en las uñas de la mano izquierda de la víctima.

La última vista sirvió asimismo para conocer el estado económico de Leo en noviembre de 2014, cuando se produjo el crimen. Ejercía de portero del Bugatti -y de camello, según otra sentencia de la Audiencia de Álava-, aunque legalmente vivía de la RGI de su compañera oficial. Sus cuentas estaban casi a cero.

Rosa, también dedicada al tráfico de drogas, tenía un saldo medio de «250.000 euros». La asesinada había comunicado a Leo, con el que tenía una relación de ida y vuelta aparte de una hija en común, que le dejaba. Abandonaba esa vida oscura para abrir un bar de barrio. El lunes, tras los alegatos finales de la Fiscalía -que le pide 20 años- y la defensa -la absolución-, el jurado decidirá.

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