Así burló a la Justicia Kevin, el miembro más buscado del clan de los 'bartolos'

Un momento de la trifulca que se vivió el pasado viernes en la calle Santo Domingo, cuando los 'bartolos' impidieron el arresto. / E. C.

Se paseaba como un vecino más por la calle Santo Domingo y, cuando aparecían las patrullas, sus familiares formaban un muro humano el tiempo suficiente como para que el joven se metiera en su casa y huyera por un caño interior

David González
DAVID GONZÁLEZ

Con la detención en la noche de este miércoles de Kevin M.C., la Policía Local de Vitoria cortó uno de los casos más estrambóticos ligados a la famosa familia de los ‘bartolos’. Pese a que este problemático chico aún no ha alcanzado la veintena, se encontraba en busca y captura desde hacia meses. Tiene varias requisitorias por delitos de diversa índole –robos, agresión…. Anoche sumó uno más; atentado a agentes de la autoridad al resistirse a su arresto. Los dos motoristas de la Guardia urbana que le apresaron lograron lo que parecía un imposible; acabar con la sensación de impunidad total a cargo de este chaval.

Porque, salvo los primeros días en que la Justicia llamó a su puerta, «el resto del tiempo ha permanecido en la calle Santo Domingo», reconocen medios policiales, judiciales y vecinales. Allí, los ‘bartolos’ se sienten seguros. Es su feudo. Para desgracia del resto de la vecindad, que se ha quejado en infinidad de ocasiones de los desmanes presuntamente generados por integrantes de este grupo. Su última, y desesperada, petición al Ayuntamiento de Vitoria ha sido la colocación de cámaras de vigilancia. Tanto en la vía como en los caños interiores, por donde –según los residentes- miembros de esta familia acceden a otros pisos y los desvalijan. La última denuncia por este tipo de acciones data de ayer mismo.

«Le podías ver con el resto. Al principio era más difícil, pero con el paso de las semanas se vino arriba y era habitual en la calle», recuerda un residente sobre el joven ‘bartolo’. «Hace poco hasta salió a la calle con una braga de las de correr que se subía y bajaba para cubrirse el rostro, supongo que para vacilar», evoca otro vecino de esta deprimida zona.

Sabedores de esta circunstancia, tanto la Ertzaintza como la Policía Local solían pasar a menudo por la calle y sus adyacentes. Pero cada vez que percibía su aparición, el chico se metía al portal del bloque bajo su control y desaparecía. Antes del arresto de anoche, hubo dos ocasiones en que los agentes estuvieron a un tris de pillarle. La primera se remonta a una tarde del pasado mes de abril. Una patrulla le dio el alto. Cuando los agentes se dispusieron a detenerle, integrantes del polémico clan salieron de varios portales. Supuestamente les rodearon y abortaron la operación. Superados ampliamente en número, los guardias reclamaron refuerzos por emisora interna mientras trataron de defenderse como podían.

En medio del guirigay, la multitud aprovechó para arrebatarles al joven retenido. Aunque los primeros refuerzos policiales apenas tardaron un minuto en aparecer por esta calle de la almendra medieval «ya fue demasiado tarde», recuerdan fuentes policiales. Se supone que el joven subió a su casa. Desde allí saltó al caño interior y abandonó la manzana. «Tienen varias opciones. El cantón de Santa María, la calle Correría o, el que suelen usar más últimamente, el jardín del antiguo museo de Arqueología. Es imposible controlar todos ellos a la vez», comparten medios policiales. Aquella tarde de abril, hasta la matriarca, conocida popularmente como ‘la María’, regaló a los uniformados uno de sus clásicos. «Como ya es habitual en ella, enseñó sus partes íntimas a varios compañeros, aparte de no parar de gritar y gesticular», explican desde la comisaría de Aguirrelanda.

Muro humano

Hace justo una semana, la Ertzaintza también acarició el arresto de Kevin. Una patrulla de paisano le reconoció la tarde del viernes. Se acercó hasta casi rozarle. Sin embargo, una vez más, un muro humano integrado por sus familiares lo impidió. Dio igual que la calle volviera a llenarse de coches patrulla. El joven logró acceder a su portal, su salvación. «La única forma de pillarle era en el propio portal o justo antes de que llegara a él. Hasta ahora siempre lo había logrado». Hasta anoche. «Por cierto» –desliza un residente- «tras llevarse anoche la Policía al chico, ‘la María’ nos regaló un sinfín de gritos a la vecindad. Empezó a amenazar que habíamos sido los vecinos quienes habíamos delatado a Kevin, así no se puede vivir».

Con el joven ‘bartolo’, el de las seis requisitorias judiciales con sólo 19 años, en el Palacio de Justicia, toda la comisaría de Aguirrelanda, y sus compañeros de la Ertzaintza en Vitoria, aguardan noticias del Juzgado de Menores, que decidirá este jueves si le pone en libertad o decreta su ingreso en un centro especializado.

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