DON BARTOLOMÉ JIMÉNEZ

Vitoria no es una ciudad racista. Todo lo contrario. El problema es que hay algunas familias, da igual su etnia u origen, que actúan de forma asocial, cuando no cerca de la ilegalidad o la delincuencia

Bartolomé Jiménez. /Eduardo Argote
Bartolomé Jiménez. / Eduardo Argote
RAMÓN LOZA LENGARAN

Hace años conocí a Bartolomé Jiménez, por entonces responsable, vamos a llamarlo así, de los gitanos de Gao Lacho Drom, en el momento en que el poblado había desaparecido y sus residentes trataban de acomodarse a vivir entre los payos; con distinta fortuna, vamos a decirlo así también.

Me pareció un hombre con capacidad de liderazgo, inteligente, serio y recto. No fue fácil mi relación con él. Eran temas de Educación, siendo yo responsable del departamento en Álava y no resultaba sencillo que admitiera que sus costumbres, las de su gente, debían acomodarse a las normativas generales, en cuanto a contratación de profesores, distribución de alumnos, etc. Pero, siempre nos tratamos con educación y, a partir de ahí, pudimos llegar a los acuerdos que pudimos.

No es que intimáramos mucho, no llegué a tener trato amistoso con él, pero desde el respeto mutuo fuimos capaces de conversar lo suficiente como para enterarme de lo preocupado que sentía por el futuro de los chavales de sus familias. Se le notaba muy, muy entristecido por lo que les había ocurrido a sus jóvenes con la heroína, de cómo se habían muerto tantos por su culpa y de cómo estaba convencido de que, para evitarlo, era fundamental que entre todos, payos y gitanos, fuéramos capaces de darles una salida de integración a sus niños. Un futuro de educación ‘normalizada’, desde el respeto a su cultura, de igualdad de oportunidades, a la hora de encontrar trabajo, de acercamiento entre unos y otros sin que eso supusiera pérdida de su identidad sino acumulación de experiencias y búsqueda de espacios de encuentro.

Debo reconocer que, en mi apoyo mental, psicológico, como se quiera, a la hora de mantener estas conversaciones con Bartolomé, y de superar algunos miedos infantiles que me producían los gitanos, sobre todo los del Campo de los Palacios, pero también los de bajo el puente de Abetxuko, tuvo su importancia el que conociera a una de las familias, provenientes de Gao Lacho Drom, que se vino a vivir enfrente de mi casa.

Cuando se avecinaron hubo algo de revuelo en el barrio, pero muy pronto acallado por su comportamiento, impecable. Llegué a hacer algo de amistad de barra de bar con el padre. Me confió sus preocupaciones porque alguno de sus múltiples hijos se le podía torcer, cuando él lo que quería era que estudiaran, trabajaran y que fueran buenas personas. Lo mismo que me podían haber confiado otros cuarenta padres/madres payos en las conversaciones como tutor de sus hijos.

Recuerdo que hablando llegamos a la conclusión de que eran parientes de otros Jiménez que hacía muchos años se instalaron como anticuarios y fueron a vivir sin mayores problemas a un piso sobre el de unos familiares míos. Algo de ruido y jarana de villancicos y taconeo, muy envidiable por cierto, en las fiestas de Navidad y mucha educación en la escalera y en el trato.

Acusaciones injustas

Lo que cuento, y lo que podría contar otra mucha gente de situaciones similares, no creo que lo conozcan, ni lo puedan entender, las personas que, bajo el anonimato de la asociación SOS Racismo, insisten en insultarnos a todos, llamándonos racistas, xenófobos... ; lo que es algo muy grave, que, quizás, en algún momento, exija una actuación protectora por parte de las instituciones encargadas de ellos, léase Ararteko, Síndico, etc.

Vamos a ver. Vitoria fue un modelo de actuación en el difícil campo de las relaciones entre payos y gitanos. Lo del poblado de Gao Lacho Drom, con sus casitas individuales, su plaza mayor, su iglesia y su centro social con cine, puede ser objeto de todo tipo de críticas, pero evitó el chabolismo al que fueron y siguen siendo condenados muchos de ellos. La decisión de cerrar el poblado, especulativa o integradora, según se mire, tiene también todos las caras y cruces que se quiera, que se les pregunte si no a los vecinos de la calle Blas López; pero lo que no es soportable es que alguien que viene de no conocer ni entender nada de lo que digo nos denigre al relacionar su actividad antirracista, todo lo loable que se quiera, con nuestras relaciones con los gitanos. No es justo y, ya digo, dudo de que sea legal.

El hecho de que, cuando se han producido, se estén produciendo, conflictos entre vecinos de barrios de Vitoria-Gasteiz y determinadas, contadísimas, señaladísimas familias gitanas, aparezca la pancarta de SOS Racismo, sólo el hecho de que aparezca, es indignante, por injusto. Vitoria-Gasteiz no ha sido, ni lo es, una ciudad racista. Todo lo contrario.

A los vitorianos no nos tiene que dar lecciones nadie en ese sentido. Deben conocerlo así, también, las autoridades que nos animan a tener comprensión, a profundizar en nuestra capacidad de integración. Deben saber que no es ese el problema, que el problema es que hay algunas familias, me da igual cuál sea su etnia u origen, que actúan de forma asocial, cuando no cerca de la ilegalidad o la delincuencia. Eso deben saber para tratar de ponerle remedio. No sermonear a los que llevan años dando lecciones de convivencia con personas de cualquier origen.

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