Barras sosas y a la vez muy sabrosas

Un cliente, a punto de hincarle el diente al pintxo que propone el bar Toloño. / Iosu Onandia

Medio centenar de bares de Vitoria ofrece pintxos saludables para concienciar sobre las enfermedades cardiovasculares

JORGE BARBÓ

Nadie se conforma con un tipo más soso que un pan sin sal. Pero a los más salados, se los rifan. Claro, a los primeros se les identifica con seres aburridos. A los segundos, con criaturas sazonadas por el don de la procacidad, auténticas alegrías de la huerta. Algo parecido ocurre a la hora de elegir frente a una barra, que los ojos se le van a uno de forma inevitable a esos salazones lujuriosos, a esos fritos contundentes, a esos rebozados esponjosos. Por mucho que amenacen con obstruirle las entrañas y subirle la tensión a niveles de central nuclear. Para evitarlo, medio centenar de bares de Vitoria ofrece en sus barras vistosas propuestas sanas. Es la hora de los bocados sosos más sabrosos.

La iniciativa, que promueven la Asociación Corazón Sin Fronteras y la Fundación Vital, pretende ofrecer alternativas saludables a la hora de salir de picoteo, con bocados elaborados con verduras, aceite de oliva virgen y bajos en sal para dar mayor visibilidad a las enfermedades cardiovasculares. 47 locales de la capital alavesa se han adherido al programa ‘Elige al más saludable’ y se han comprometido a mantener en sus barras tapas y raciones libres de culpa, identificadas con los distintivos ‘El más saludable’ y ‘Pide sin sal, cuida tu corazón’.

Montadito de verduras del Aupa y bocadillito del Kotarro. / Iosu Onandia

En el Toloño, entre ese riquísimo montadito de pimiento enano italiano con bonito, alcaparras y aceitunas negras, su celebérrimo irlandés de perretxikos y esos callos que disparan los triglicéridos y la alegría al mismo tiempo, se asoma una tosta con tomate seco, queso de cabra, membrillo, nuez y mermelada de naranja amarga que los nutricionistas animan a pedir sin demasiados remordimientos. «Está buenísimo», farfulla, todavía con la boca todavía llena, Joseba Hernando, que acaba de pedirlo. El concurrido bar de la cuesta San Francisco también ofrece un bacalao ajoarriero «muy, pero que muy bien desalado», anota la nutricionista Casteleiro, que se ha encargado de asesorar a los locales que aspiraban a convertirse en ‘cardioamigos’.

En el Aupa de la calle Ricardo Buesa sólo tuvieron que quitarle una pizquita de sal a su montadito con berenjena, tomate, calabacín, cebolla y zanahoria a la plancha que «tiene muy buena salida los fines de semana», sostiene Idoia Ramos detrás de la barra. En el caso del Kotarro, el bocadillito de pan de aceitunas, cebolla pochada y queso crema es uno de los que «más aceptación tienen desde que abrimos», señala su propietario, Juan Carlos Antolín. A la hora de comer, mucho mejor elegir a ese pan sin sal que se acoda en la barra. Ni da sed ni sube la tensión.

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